– Lo seras cuando termine contigo. Solamente prometeme que no desapareceras otra vez sin dejar un numero de telefono. De ahora en adelante, avisa siempre a tu agente donde se te puede localizar.

– No tengo agente.

– Arreglare eso, tambien.

No habria ninguna Hada Madrina para ella, comprendio Francesca. Nadie que cuidara de ella. Ningun magico contrato de modelo para salvar su orgullo. Miro su reflejo en un espejo que la senorita Sybil habia enmarcado con conchas marinas. Su pelo estaba salvaje y su cara sucia y magullada.

Se miro hacia abajo y vio la suciedad y sangre seca en sus brazos. ?Como alguna vez pudo pensar que podria pasar por la vida solo gracias a su belleza? Comparada con Holly Grace y Dallie, ella era de segunda clase.

Chloe estaba equivocada. Ser bastante guapa no era suficiente… siempre habria alguien mas guapo.

Se dio la vuelta y salio silenciosamente.

Paso casi una hora antes de que Naomi Tanaka se marchara y Holly Grace entrara en el dormitorio de Dallie.

Hubo algun problema sobre el coche de alquiler de Naomi, que parecia haber desaparecido mientras Naomi estaba dentro de la casa, y la Senorita Sybil habia terminado por llevarla al unico hotel de Wynette.

Naomi habia prometido dar a Holly Grace un dia para revisar el contrato y consultar con su abogado. No, no habia ninguna duda en la mente de Holly Grace sobre firmar. La cantidad de dinero que le ofrecian era asombrosa… cien mil dolares por no hacer nada mas que moverse delante de una camara y apretar manos en los mostradores de perfume de grandes almacenes.

Recordo sus dias en Bryan, Texas, viviendo con Dallie en el alojamiento de estudiantes, las estrecheces que pasaron intentando reunir un poco de dinero para comer.

Todavia vestida con la camisa azul de Dallie y una taza de cafe en cada mano, cerro la puerta del dormitorio con la cadera. La cama parecia una zona de guerra, con todas las sabanas revueltas y enredadas alrededor de sus caderas.

Incluso dormido, parecia que Dallie no podia encontrar paz. Dejo una taza de cafe sobre la mesita y tomo un sorbo de la suya.

La Chica Descarada. Le quedaba como anillo al dedo. Incluso el momento era ideal. Estaba harta de combatir a los chicos buenos en SEI, cansada de tener que trabajar el doble que ellos para conseguir los mismos objetivos.

Estaba preparada para un cambio de aires en su vida, una posibilidad de ganar mucho dinero. Hacia mucho habia decidido que cuando la oportunidad llamara a su puerta, no tendria las manos atadas para poder agarrarla al vuelo.

Con el cafe en la mano fue hacia la vieja butaca, se sento y cruzo el pie sobre su rodilla desnuda. La fina pulsera de tobillo de oro reflejo la luz del sol, enviando una reflexion serpeante en el techo encima de su cabeza. Se imaginaba brillante en ropa de disenador, con abrigos de piel, en los mas famosos restaurantes de Nueva York. Despues de trabajar tanto, todos estos anos de golpear la cabeza contra paredes de piedra, finalmente la posibilidad de una vida mejor habia caido directamente en su regazo.

Abrazando la taza caliente en sus manos, observo a Dallie. La gente que lo sabia, que estaban separados y vivian en casas diferentes siempre preguntaban por que no se habian divorciado. Ellos no podian entender que a Holly Grace y a Dallie todavia les gustara estar casado el uno con el otro. Eran una familia.

Su mirada fija viajo a lo largo de la curva de su trasero, la vista que habia producido tantos sentimientos de lujuria dentro de ella.

?Cuando fue la ultima vez que hicieron el amor? No podia recordarlo. Todo lo que recordaba era que las ultimas veces que Dallie y ella estuvieron en una cama juntos, todos sus viejos problemas volvian para atormentarlos, Holly Grace era otra vez una muchacha joven desvalida con necesidad de proteccion, y Dallie era un marido adolescente que intentaba desesperadamente formar una familia mientras el fracaso colgaba sobre el como una nube oscura.

En el momento que decidieron acostarse con gente diferente, habian descubierto cierto alivio de alquiler de sus viejos fantasmas. Los amantes eran una moneda de diez centavos una docena, finalmente habian decidido, pero los buenos amigos eran dificiles de encontrar.

Dallie gimio y y se puso boca abajo. Lo observo un rato mas mientras enterraba la cara en la almohada y estiraba sus piernas. Finalmente, se levanto y avanzo para sentarse en el borde de la cama. Dejando su taza, recogio la otra.

– Te he traido cafe. Bebetelo y te garantizo que volveras a sentirte casi como un ser humano.

El puso una almohada encima de la otra en el cabecero y, con los ojos todavia medio cerrados, extendio la mano. Le dio la taza y le coloco un mechon de pelo rubio que habia caido en su frente. Incluso con el pelo sucio y el aranazo sobre la barbilla, estaba magnifico.

Su aspecto mananero solia impresionarla en sus primeros anos de casados. Ella se despertaba pareciendose a la ira de Dios, y el se parecia a una estrella de cine. El siempre le decia que estaba hermosa por la manana, pero ella nunca lo creyo. Dallie no era objetivo en lo que a ella se referia. El pensaba que ella era la mujer mas hermosa del mundo, no importaba como estuviera.

– ?Has visto a Francie esta manana?

– La vi un ratito durante aproximadamente tres segundos en la sala de estar, y luego se escapo. Dallie, no pienso criticar tu gusto en mujeres, pero ella me parece frivola.

Holly Grace se inclino atras en las almohadas y tiro encima de sus rodillas, riendo en silencio recordando la escena en el aparcamiento del Roustabout.

– ?Te puso en dificultades anoche, verdad? Tengo que darle su merito en eso. La unica mujer que conozco que podria plantarte batalla asi soy yo.

El giro su cabeza y la miro airadamente.

– ?Si? Bien, eso no es todo lo que las dos teneis en comun. Las dos hablais demasiado por la maldita manana.

Holly Grace no hizo caso de su mal caracter. Dallie era siempre grunon cuando se despertaba, pero le gustaba hablar por la manana. A veces ella podria curiosear exquisiteces interesantes de el antes que estuviera totalmente consciente.

– Tengo que decirte que pienso que ella es la vagabunda mas interesante que has recogido en bastante tiempo mejor que aquella diminuta payasa que solias llevar. Skeet me conto como destrozo la habitacion en un motel de Nueva Orleans. Me hubiera encantado verlo.

Ella apoyo su codo sobre la almohada al lado de su cabeza y arropo su pie bajo su cadera.

– Solo por curiosidad, ?por que no le hablaste de mi?

El la miro fijamente un momento por encima de su taza y luego la separo de su boca sin beber un sorbo.

– No seas ridicula. Ella sabia sobre ti. Hable de ti delante de ella todo el tiempo.

– Eso es lo que Skeet dijo, pero me pregunto si en cualquiera de esas conversaciones usaste la palabra 'esposa'.

– Desde luego que lo hice. O Skeet lo hizo -se paso los dedos por el pelo-. No se… si alguien lo hizo. Tal vez la Senorita Sybil.

– Lamentablemente, nene, me parece que fui yo quien le dio las malas noticias por primera vez.

El con impaciencia dejo su taza.

– Maldita sea, ?cual es la diferencia? Francie esta demasiado enamorada de si misma para preocuparse por alguien mas. Ella ya es historia pasada.

Holly Grace no estaba sorprendida. La lucha en el aparcamiento la noche anterior habia parecido mas o menos el final de algo… a no ser que a los dos luchadores les gustara el uno al otro con desesperacion, de la manera que ella y Dallie peleaban.

El bruscamente se desenredo de las sabanas y salio de la cama sin llevar mas que sus calzoncillos blancos de algodon. Disfruto de la vista de aquellos musculos apretados que se ondulaban a traves de sus hombros y la fuerza de sus muslos.

Se pregunto que hombre habia dicho que las mujeres no disfrutaban mirando cuerpos de hombres. Probablemente algun Doctor en Filosofia, un intelectual con cuatro papadas y una panza.

Dallie se giro y siguio andando por la habitacion.

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