Esperaba no haber cometido un error por no llamarla antes, pero sentia instintivamente que esta primera conexion necesitaba hacerla en persona. Ademas, las fotografias a veces mentian. Ella tenia que ver a esta muchacha cara a cara.
Gerry miro el reloj digital sobre el salpicadero.
– Todavia no son ni las nueve. Probablemente todavia este en la cama. No veo por que hemos tenido que marcharnos tan temprano.
Ella no se molesto en contestar. Nada tenia la mayor importancia para Gerry excepto su propia mision de salvar el mundo sin ayuda de nadie. Paro en una estacion de servicio y pregunto la direccion. Gerry se encorvo abajo en el asiento, ocultandose detras de un mapa de carretera abierto como si el muchacho que ponia el combustible fuera realmente un agente del gobierno para capturar al Enemigo Publico Numero Uno.
Cuando paro el coche atras en la calle, ella dijo:
– Gerry, tienes treinta y dos anos. ?No estas cansado de vivir asi?
– No voy por el exito en taquilla, Naomi.
– Si me preguntas, escapar a Mexico esta mas cerca de venderte que quedarte e intentar trabajar dentro del sistema.
– Ya hemos hablado sobre ello, ?verdad?
?Era solo su imaginacion o Gerry parecia menos seguro de si mismo?
– Serias un maravilloso abogado -siguio-. Valiente e incorruptible. Como un caballero medieval que lucha por la justicia.
– Pensare en ello, ?vale? -dijo-. Pensare en ello despues de salir de Mexico. Recuerda que prometiste dejarme cerca de Del Rio antes del anochecer.
– ?Dios, Gerry, no puedes pensar en nada mas que en ti mismo?
El la miro con la repugnancia.
– Se estan preparando para explotar el mundo, y todo por lo que tu te preocupas es en vender perfumes.
Ella rechazo entrar en otra discursion a gritos con el, y siguieron en silencio el resto del camino a la casa. Cuando Naomi paro el Cadillac en frente de la casa, Gerry echo un vistazo nerviosamente sobre su hombro hacia la calle. Cuando no vio nada sospechoso, se relajo bastante para apoyar adelante y estudiar la casa.
– ?Eh!, me gusta este lugar -senalo las liebres pintadas-. Por aqui si saben vivir.
Naomi recogio su bolso y el maletin. Cuando se preparaba para abrir la puerta del coche, Gerry la cogio del brazo.
– ?Esto es importante para ti, no es cierto, hermana?
– Se que no lo entiendes, Gerry, pero me gusta lo que hago.
Asintio despacio con la cabeza y se rio de ella.
– Buena suerte, nena.
El sonido de una puerta de coche cerrandose desperto a Francesca. Al principio no podia recordar donde estaba, y luego comprendio que, como un animal que entra en una cueva para morir solo, se habia metido en el asiento trasero del Riviera y se habia dormido.
Los recuerdos de la noche anterior volvieron sobre ella, trayendo una ola fresca de dolor. Se enderezo y gimio suavemente cuando los musculos en varias partes de su cuerpo protestaron su cambio de posicion. El gato, quien se habia enroscado en el suelo bajo ella, levanto su cabeza deforme y maullo.
Entonces vio el Cadillac.
Ella contuvo el aliento. Tanto como podia recordar, los coches grandes y caros siempre traian maravillosas cosas de los hombres en su vida, sitios de moda, brillantes fiestas. Se sumergio en una ola ilogica de esperanza. Tal vez uno de sus amigos la habia encontrado y venia para llevarla a su antigua vida.
Se retiro el sucio pelo de la cara, sacudiendo la mano, se bajo del coche, y anduvo cautelosamente alrededor del frente de la casa. No podia afrontar a Dallie esta manana, y sobre todo no podia afrontar a Holly Grace. Cuando se acerco a la puerta delantera, se dijo no despertar sus esperanzas, que el coche podria haber traido a un periodista para entrevistar a Dallie, o hasta un vendedor de seguros… pero cada particula de su cuerpo se sentia tensa por la expectativa.
Oyo la voz de una mujer desconocida por la puerta abierta y dio un paso a un lado para escuchar sin ser observada.
– … hemos estado buscandola por todas partes -decia la mujer-. Y por fin he conseguido encontrarla. Me dijeron que preguntara por el Sr. Beaudine.
– Imaginese todo esto por un anuncio de revista -contesto la Senorita Sybil.
– Ah, no -protesto la voz-. Esto es mucho mas importante. Blakemore, Stern & Rodenbaugh es una de las agencias publicitarias mas importantes de Manhattan. Planeamos una campana principal para lanzar un perfume nuevo, y necesitamos a una mujer extraordinariamente hermosa como nuestra Chica Descarada. Saldra en television, carteleras. Hara apariciones publicas por todo el pais. Planeamos hacerla una de las caras mas familiares de America. Todo el mundo conocera a la Chica Descarada.
Francesca sintio como si hubiera sido devuelta a la vida. ?La Chica Descarada! ?La estaban buscando! Una oleada de alegria corrio por sus venas como adrenalina cuando absorbio la asombrosa realidad que seria capaz de alejarse de Dallie con la cabeza bien alta.
Esta Hada Madrina de Manhattan estaba a punto de devolverle su amor propio.
– Lo siento pero no tenga ninguna idea donde esta ella -dijo la senorita Sybil-. Siento tener que decepcionarte despues de que has conducido hasta aqui, pero si me das tu tarjeta de visita, se la pasare a Dallas. El vera que hace con ella.
– ?No! -Francesca agarro el pomo y abrio, con un miedo ilogico de que la mujer desapareciera antes de que pudiera verla. Cuando se precipito dentro, vio a una mujer delgada, de cabellos morenos con un traje azul de negocios que estaba de pie al lado de la senorita Sybil.
?No! -exclamo Francesca-. ?Estoy aqui! Estoy bien…
– ?Que pasa? -una voz gutural hablo arrastrando las palabras-. ?Eh!, como estas, Senorita Sybil? No tuve la posibilidad de decirte hola anoche. ?Puedes conseguirme un poco de cafe?
Francesca se congelo en la entrada cuando Holly Grace Beaudine bajo la escalera, las interminables piernas desnudas que se veian debajo de una de las camisas azul palido de etiqueta de Dallie.
Ella bostezo, y los sentimientos altruistas de Francesca hacia ella la noche anterior desaparecieron. Incluso sin maquillaje y con el pelo revuelto por el sueno, estaba extraordinaria.
Francesca se aclaro la garganta y dio un paso en la sala de estar, haciendo a todos consciente de su presencia.
La mujer del traje gris de forma audible jadeo.
– ?Dios mio! Aquellas fotografias no te hacian justicia.
Dio un paso adelante, riendo ampliamente.
– Dejame ser la primera en ofrecer mis felicidades a nuestra hermosa nueva Chica Descarada.
Y luego ofrecio la mano a Holly Grace Beaudine.
Capitulo 16
Francesca podria haber sido invisible por toda la atencion que alguien la prestaba. Estaba de pie entumecida en la entrada mientras la mujer de Manhattan cloqueaba alrededor de Holly Grace, hablando sobre contratos exclusivos, duracion de programas y de una serie de fotografias que habia visto de ella cuando aparecio en una gala de caridad en Los Angeles acompanando a un famoso jugador de futbol.
– Pero represento articulos deportivos -exclamo Holly Grace-. Al menos eso hacia antes de verme implicada en una pequena discusion de trabajo hace unas semanas y de que organizara una huelga no oficial. No pareces comprender que yo no soy modelo.
