– Tengo que localizar a Skeet y asegurarme que le dio dinero para un billete de avion a su casa. Si se encuentra vagando por ahi sola mucho tiempo, se metera en mas problemas de los que puede manejar.

Holly Grace lo miro mas detenidamente, y una punzada desacostumbrada de celos la golpeo. Hacia mucho tiempo que no se molestaba por las otras mujeres con las que Dallie se acostaba, sobre todo porque ella disfrutaba en la cama con apuestos hombres. Pero no le gustaba la idea de saber que el se preocupaba demasiado por una mujer que no contaba con su aprobacion, que mostraba exactamente que tipo de cristiana intolerante era.

– ?Realmente te gustaba, verdad?

– Era buena -contesto el evasivamente.

Holly Grace queria saber mas, como podia considerar a la senorita Pantalones de Lujo realmente buena en la cama despues de que Dallie habia probado lo mejor. Pero sabia que el la llamaria hipocrita, asi que dejo de lado su curiosidad de momento. Ademas, ahora que el estaba finalmente despierto, podia contarle sus noticias realmente importantes. Poniendose en la cama con las piernas cruzadas, le conto sobre su manana.

El reacciono mas o menos del modo que esperaba.

Ella le dijo que podia irse directamente al diablo.

El dijo que le alegraba lo del trabajo, pero le molestaba su ambicion.

– Mi ambicion es mi maldito problema.

– Algun dia vas a comprender que la felicidad no viene envuelta en un billete de dolar, Holly Grace. Es mas complicado que eso.

– ?Desde cuando eres tu un experto en felicidad? Esto deberia ser bastante evidente para alguien con poco cerebro que esta satisfecho siendo pobre cuando podria ser rico y solo porque tu tienes intencion de ser un fracasado toda tu vida no significa que yo vaya a serlo tambien.

Siguieron haciendose dano el uno al otro asi un rato, y despues estuvieron varios minutos en un tenso silencio. Dallie hizo una llamada telefonica a Skeet; Holly Grace entro en el cuarto de bano y se vistio.

En los viejos tiempos habrian roto el duro silencio haciendo el amor fuerte, intentando sin exito usar sus cuerpos para solucionar todos los problemas que sus mentes no podian manejar. Pero ahora no se tocaban, y gradualmente su colera se fue evaporando. Finalmente, bajaron juntos y compartieron el resto del cafe de la Senorita Sybil.

El hombre detras del volante del Cadillac asustaba a Francesca, a pesar de que no era feo. Tenia el pelo negro rizado, un cuerpo compacto, y ojos oscuros, enfadados, que seguian lanzando nerviosas miradas hacia el espejo retrovisor. Tenia la incomoda sensacion, que ya habia visto esa cara antes, pero no podia recordar donde.

?Por que no habia pensado mas claramente cuando el le habia ofrecido un paseo en vez de saltar dentro del Cadillac? Como una idiota, apenas lo habia mirado; y habia entrado sin mas. Cuando le habia preguntado que estaba haciendo delante de la casa de Dallie, el habia dicho que era un chofer y que su pasajera no lo necesitaba ya.

Ella intento cambiar sus pies para agarrar el gato, pero el planto su peso mas firmemente a traves de ellos y ella se rindio. El hombre la miro a traves de una nube de humo de cigarrillo y luego echo un vistazo otra vez al espejo retrovisor. Su nerviosismo la molestaba. Actuaba como si fuera algun tipo de fugitivo.

Se puso a temblar. Seguramente el no era de verdad un chofer. Tal vez este era un coche robado. Si solo hubiera dejado a Skeet llevarla al aeropuerto de San Antonio esto no habria pasado. Otra vez habia cogido la opcion incorrecta. Dallie tenia razon cada una de la docena de veces que le decia que no tenia ningun sentido comun.

Dallie…

Se mordio el labio y puso su neceser mas cerca de su cadera. Cuando se habia sentado entumecidamente en la cocina, la senorita Sybil habia ido arriba y habia recogido sus cosas para ella. Entonces la senorita Sybil le habia dado un sobre conteniendo bastante dinero para comprar un billete de avion a Londres, con un poco extra para ayudarla.

Francesca habia apartado la vista del sobre, sabiendo que no podia cogerlo, no ahora que habia comenzado a pensar en cosas como el orgullo y el amor propio. Si cogia el sobre no seria nada mas que una puta siendo pagada por los servicios prestados. Si no lo cogia…

Habia cogido el sobre y habia sentido como si algo brillante e inocente hubiera muerto para siempre dentro de ella. No podia mirar a los ojos de la Senorita Sybil cuando metio el dinero dentro del neceser. Lo cerro y su estomago se rebelo. ?Dios querido, y si ella realmente estaba embarazada? Solo tragando con fuerza pudo comerse la rebanada de tostada que la senorita Sybil le habia obligado a tomar. La voz de la anciana habia sido mas amable que de costumbre cuando dijo que Skeet la llevaria al aeropuerto.

Francesca habia negado con la cabeza y habia anunciado con voz rota que ya habia hecho planes. Entonces, antes de que pudiera humillarse mas adhiriendose al pecho delgado de la Senorita Sybil y pedirle que la ayudara, habia agarrado su neceser y habia salido corriendo por la puerta.

El Cadillac piso un bache, sacudiendola a un lado, y comprendio que habian abandonado la carretera. Ella miro fijamente el camino lleno de baches, sin asfaltar como una cinta polvorienta a traves del paisaje llano, triste. Habian dejado el terreno de colinas detras algun tiempo antes.

?No deberian estar cerca de San Antonio ya?

El nudo en su estomago se hizo mas apretado. El Cadillac se bamboleo otra vez, y el gato cambio su peso a sus pies y alzo la vista a ella con un fulgor funesto, como si ella fuera personalmente responsable del paseo. ?Despues de varias millas mas, le dijo:

– ?Usted cree que vamos bien? Este camino no tiene muy buen aspecto.

El hombre encendio un cigarrillo nuevo con la colilla de otro y agarro rapidamente el mapa puesto sobre el asiento entre ellos.

Francesca era mas sabia ahora que lo habia sido un mes antes, y estudio las sombras lanzadas por unos cactus mesquite.

– ?Oeste! -exclamo despues de unos momentos-. Vamos hacia el oeste. Este no es el Camino a San Antonio.

– Esto es un atajo -dijo el, sacudiendo abajo el mapa.

Ella sintio como su garganta se cerraba. Un violado…un asesino… un presidiario fugado y un cuerpo femenino mutilado abandonado en una cuneta del camino. No aguantaba mas. Estaba hastiada y agotada, y no tenia mas recursos para tratar con otra catastrofe. Busco infructuosamente el horizonte plano por si veia otro coche.

Todo lo que podia ver era el diminuto dedo esqueletico de una antena de radio a millas de distancia.

– Quiero que me suelte -dijo, intentando mantener su tono normal, como si ser asesinada sobre un camino desierto por un fugitivo enloquecido fuera una cosa lejana en su mente.

– No puedo hacer eso -dijo. Y luego la miro, sus ojos negros brillando-. Te quedaras conmigo hasta que lleguemos cerca de la frontera mexicana, y luego te dejare ir.

El temor se enrollo como una serpiente en su estomago.

El dio una profunda calada al cigarrillo.

– Mira, no voy a hacerte dano, asi que no hace falta que te pongas nerviosa. No soy una persona violenta. Solo tengo que llegar a la frontera, y quiero a dos personas en el coche en vez de una. Habia una mujer conmigo antes, pero mientras la esperaba, vi un coche sospechoso en la calle. Y luego te vi caminar por la acera con esa maletita en tu mano…

Si pensaba tranquilizarla con su explicacion, no funciono. Ella comprendio que el realmente era un fugitivo, tal como ella habia temido.

Intento suprimir el histerismo que se arrastraba por ella, pero no podia controlarlo. Cuando el redujo la marcha del coche por otro bache, agarro la manilla.

– ?Eh! -el piso el freno y la cogio del brazo. El coche patino-. No hagas eso. No voy a hacerte dano.

Ella intento poner distancia con el, pero sus dedos se clavaron en su brazo. Ella grito. El gato se levanto de un salto del suelo, aterrizando con su grupa sobre su pierna y sus patas delanteras sobre el asiento.

– ?Sueltame! -chillo ella.

El la sostuvo rapido, hablando con el cigarrillo puesto en un lado de la boca.

– ?Eh!, esta bien. Solamente tengo que llegar mas cerca la frontera…

A ella, sus ojos le parecieron oscuros y amenazadores.

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