Oyo sus rapidas pisadas, enfadadas bajar la escalera.

Ella se sento sobre sus talones. Su hijo, a quien gustaba cada macho adulto que alguna vez habia encontrado en su vida, no queria a Dallie Beaudine.

Por un instante sintio una pequena punzada de satisfaccion, pero entonces, en un destello de perspicacia, comprendio que no importaba cuanto pudiera odiarlo, Dallie estaba obligado a hacerse un sitio en la vida de Teddy.

?Que efecto tendria sobre su hijo el tener aversion al hombre que, tarde o temprano, tenia que comprender que era su padre?

Pasandose las manos por el pelo, se levanto y cerro la puerta para poder vestirse. Mientras se ponia unos pantalones y un sueter, vio de nuevo en su mente la cara de Dallie cuando los miraba.

Habia algo familiar en su expresion, algo que la recordaba a las muchachas perdidas que la esperaban en el exterior del estudio por la noche.

Fruncio el ceno al espejo. Era demasiado imaginativa.

Dallie Beaudine no era un fugitivo adolescente, y rechazaba malgastar su compasion con un hombre que era poco mejor que un delincuente comun.

Despues de echar una ojeada al cuarto de costura para asegurarse que Doralee estaba todavia dormida, se tomo unos minutos para hacer una llamada telefonica y establecer una cita con uno de los trabajadores sociales.

Despues, fue a buscar a Teddy. Lo encontro sentado sobre un taburete al lado de un banco de trabajo en el sotano donde Skeet trataba de arreglar un palo de golf. Ninguno de ellos hablaba, pero el silencio parecia ser sociable mas que hostil. Vio unas rayas sospechosas sobre las mejillas de su hijo y deslizo el brazo alrededor de sus hombros, su corazon sufriendo por el.

No habia visto a Skeet en diez anos, pero el cabeceo hacia ella como por accidente, como si no se vieran desde hacia diez minutos. Tambien le saludo con la cabeza. El conducto de la calefaccion encima de su cabeza sonaba.

– Teddy va a ser mi ayudante mientras intento ensamblar estos hierros aqui -anuncio Skeet-. La mayoria de las veces ni se me ocurriria tener a un nino como ayudante, pero Teddy es el muchacho mas responsable que he visto nunca. El sabe cuando hablar, y cuando mantener la boca cerrada. Me gusta eso en un hombre.

Francesca podria haber besado a Skeet, pero ya que no podia hacer eso, presiono sus labios en la cima de la cabeza de Teddy en cambio.

– Quiero ir a casa -dijo bruscamente Teddy-. ?Cuando podemos irnos?

Y luego Francesca lo sintio tensarse.

Ella sintio que Dallie habia entrado en el taller detras de ellos antes de que oyera su voz.

– Skeet, ?por que no subes con Teddy a la cocina y le das un poco de tarta de chocolate?

Teddy salto del taburete con una rapidez que ella sospechaba era mas por su deseo de alejarse de Dallie que de su ansia por la tarta de chocolate. ?Que habia ocurrido entre ellos para hacer a Teddy tan desgraciado?

Siempre le habian gustado las historias de Holly Grace. ?Que le habia hecho Dallie para enajenarlo tan completamente?

– Ven tambien, mama -dijo, agarrando su mano-. Vamos a ir a comer tarta. Venga, Skeet. Vamos.

Dallie toco el brazo de Teddy.

– Subid Skeet y tu solos. Quiero hablar con tu mama un minuto.

Teddy apreto la mano de Francesca mas fuerte y se giro hacia Skeet.

– ?Tenemos que arreglar esos palos, verdad? Dijiste que teniamos que hacerlo. Vamos a comenzar ahora mismo. Mi mama puede ayudarnos.

– Puedes hacerlo mas tarde -dijo Dallie mas bruscamente-. Quiero hablar con tu mama.

Skeet dejo el palo que sostenia.

– Ven conmigo, muchacho. Tengo algunos trofeos de golf que quiero ensenarte de todos modos.

A pesar que a Francesca le habria gustado aplazarlo, sabia que no podia posponer la confrontacion. Con cuidado soltandose del apreton de Teddy, cabeceo hacia la puerta.

– Sube con Skeet, mi amor. Te alcanzare en un minuto.

La mandibula de Teddy se tenso tercamente. El la miro y luego a Dallie. Comenzo a alejarse, arrastrando los pies, pero antes de que llegara a la puerta, se giro y con ira se encaro con Dallie.

– ?Mejor no le hagas dano! -le grito-. ?Si le haces dano, te matare!

Francesca estaba aterrada, pero Dallie no dijo una palabra. El solamente estaba de pie mirando a Teddy.

– Dallie no va a hacerme dano -dijo ella rapidamente, apenada por el arrebato de Teddy-. El y yo somos viejos amigos.

Las palabras le salian a duras penas de su garganta, pero logro acompanarlas de una sonrisa indiferente. Skeet cogio el brazo de Teddy y lo llevo hacia la escalera, pero no antes de que su hijo lanzara una mirada de forma amenazadora por encima del hombro.

– ?Que le has hecho? -exigio Francesca en el momento que Teddy ya no podia oirlos-. Nunca lo he visto actuar asi con nadie.

– No intento ganar una competicion de popularidad con el -dijo Dallie con frialdad-. Quiero ser su padre, no su mejor amigo.

Su respuesta la enfurecio tanto que la asusto.

– Tu no puedes entrar a la fuerza en su vida despues de nueve anos y esperar que te acepte como su padre. En primer lugar, el no te quiere. Y en segundo lugar, yo no lo permitire.

Un musculo brinco en su mandibula.

– Como te dije en la cantera, Francesca… podemos resolver esto nosotros, o podemos dejar a las sanguijuelas hacerlo. Los padres tienen derechos ahora, ?o tu no lees los periodicos? Y puedes ir olvidandore de salir de aqui en los proximos dias. Necesitamos algun tiempo para arreglar todo esto.

En algun lugar de su subconsciente ella habia llegado a la misma conclusion, pero ahora lo miro con incredulidad.

– No tengo ninguna intencion de permanecer aqui. Tengo que llevar a Teddy a la escuela. Abandonamos Wynette esta tarde.

– No pienso que eso sea una idea buena, Francie. Tu has tenido sus nueve anos. Ahora me debes unos dias.

– ?Lo has secuestrado! No te debo un sangriento…

El apunalo el aire con su dedo como un coronel enfadado.

– Si no estas dispuesta a concederme unos dias para intentar llegar a un arreglo, entonces supongo que todo lo que me dijiste en la cantera sobre saber que es lo importante en la vida era un embuste, verdad?

Su belicosidad la puso furiosa.

– ?Por que haces esto? No te preocupa nada sobre Teddy. Solamente usas a un nino para devolverme el golpe por apunalar tu ego masculino.

– No intentes practicar tu psicologia barata conmigo, senorita Pantalones de Lujo -le dijo con frialdad-. Tu no tienes la menor idea de que me preocupa.

Ella levanto la barbilla y lo miro airadamente.

– Todo lo que se es que has logrado enajenar a un nino a quien le gusta absolutamente todo el mundo sobre todo si son de sexo masculino.

– ?Si? -Dallie se mofo-. Bien, eso no es ninguna sorpresa, porque yo nunca vi a un nino con tanta necesidad de la influencia de un hombre en mi vida. ?Has estado tan ocupada con tu maldita carrera que no podias encontrar unas horas para apuntarle a algun deporte o algo asi?

Una rabia helada lleno a Francesca.

– Eres un hijo de puta -silbo. Pasando por delante de el, se dirigio rapidamente hacia la escalera.

– ?Francie!

No hizo caso a la llamada detras de ella. Su corazon retumbaba en su pecho, se dijo que era una completa idiota por haber sentido un instante de compasion por el. Llego arriba y empujo la puerta que conducia al pasillo trasero.

El podia lanzar a todos los abogados sanguijuelas del mundo sobre ella, se prometio, pero nunca volveria a

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