Tim no dejo de mirar a Natalia.
– Ya lo se, gracias -contesto.
Sally miro a Natalia.
Natalia siguio comiendo.
– Como le hagas algo a mi hermano, te mato -dijo acercandose a ella.
– Eres realmente encantadora por la manana -sonrio Natalia-. ?Verdad, chicos? ?Es asi normalmente con vosotros o despliega sus encantos solo cuando estoy yo?
– Solo cuando estas tu -contesto Sally poniendose en pie-. Seth, te espero en la cuadra. Espero que tengas algo -anadio dandole un billete de cinco dolares.
Cuando Sally se fue, Natalia fue a la cocina a buscar el pan. Cuando volvio, los demas habian desaparecido y no quedaba ni rastro de la comida en los platos.
«Buena senal», se dijo.
Miro por la ventana. Hacia un dia maravilloso. Se puso a fregar los platos mientras pensaba en lo pronto que se habia despertado. A pesar de todo, estaba contenta. No cambiaria aquello por nada.
Ni el beso.
No, no se arrepentia. Tampoco le quedaba mucho tiempo alli, ademas. Pronto volveria a llevar su vida de siempre y tendria demasiadas cosas como para pensar en estos dias que estaba viviendo.
?A quien pretendia enganar? Pues claro que recordaria el rancho porque se lo habia pasado en grande.
Sonrio al pensar en el guapo, sexy y cabezota de Timothy Banning.
Ojala apareciera.
Podria pasarse el dia entero mirandolo.
Obviamente, el no sentia lo mismo.
Menudo bano de humildad. Amelia no paraba de repetirle que la humildad era muy necesaria. Pues ella ya habia tenido suficiente para toda la vida.
En ese momento, la cabra ciega tiro al suelo al cerdo. El animal intento levantarse, pero no podia. El pobre movia las tres patitas en el aire, pero nada.
Natalia sintio que se le partia el alma.
– Maldita sea, no pienso ir -dijo en voz alta.
Pero el cerdo le daba mucha pena, asi que agarro una bolsa con sobras de comida que habia guardado y fue hacia la valla.
Tomo aire varias veces y se dijo una y otra vez que era muy facil. Solo tenia que abrir la puerta y entrar.
Lentamente, la abrio y… piso algo marron, pegajoso y que olia asquerosamente mal.
– ?Agg! -exclamo retirando el pie.
Con poco entusiasmo, se acerco al cerdo.
– Eh -le dijo.
El animal no respondio.
– Espera, vamos a ver asi… -dijo empujandolo para ponerlo en pie.
El animal, al verse sobre sus tres patas de nuevo, comenzo a dar vueltas a su alrededor como agradecimiento y termino tirandola al suelo…
En ese momento, la cabra se puso a comerse su camiseta. El cerdo embistio con furia. Primero a la cabra y luego a ella. Natalia sintio mas miedo que nunca. La cabra respondio tirando al cerdo de nuevo de lado.
– Parad inmediatamente -los reprendio Natalia cubierta de estiercol de arriba abajo.
El cerdo se levanto y se puso a dar vueltas alrededor de la cabra, que balaba histerica. Natalia intento ponerse en pie mientras el viejo caballo miraba de lejos el espectaculo.
– Orden -grito como si estuviera en el palacio.
Oyo una risa masculina a sus espaldas.
Tim, claro. Debia de ser que todavia no habia tenido suficientes banos de humildad.
Estaba fuera del vallado riendose a su costa.
Natalia prefirio no reparar en como se le habia acelerado el pulso nada mas verlo.
– ?Sabias que tu cabra es un toro? Ademas, es mentira que sea ciega. Tiene al cerdo torturado.
– Para que lo sepas, la cabra es macho y el cerdo hembra. ?Quieres que te ensene como se les diferencia? - sonrio con malicia-. Son amigos y solo estan jugando. A Pickles le encanta que…
– ?Pickles?
– No se lo puse yo -contesto Tim-. Es cierto que no esta completamente ciego. A la senora Cerdo le cae bien, hazme caso.
– Pero si se estaban matando.
– No. Mira… -dijo abriendo la puerta y entrando.
Por supuesto, la senora Cerdo derribo a Pickles para llegar primero.
– ?Quieres acariciarlos?
– Claro que no.
– Bueno -dijo Tim acariciando a ambos por igual-. ?No te gustan los animales?
– Exacto -mintio.
Era mejor que creyera que no le gustaban a que supiera que les tenia miedo.
– Ah -dijo Tim sonriendo misteriosamente.
– ?Que pasa? -dijo poniendose en jarras sin acordarse de con que se habia manchado las manos.
– Que eres una mentirosa, princesa -contesto acercandose demasiado.
– Nunca miento -mintio. «Bueno, casi nunca».
– Por eso les das de comer ?verdad? Porque no te gustan los animales…
Natalia se dio cuenta de que habia visto la bolsa con sobras.
– ?Donde nos lleva esta conversacion? -protesto.
Tim enarco una ceja y sonrio haciendo que a Natalia se le pusiera la piel de gallina y los pezones de punta.
– Lo que importa aqui -contesto Tim con paciencia- es que te quieres hacer la dura, y eres tan buena como cualquiera de nosotros.
Natalia intento contestar, pero no se le ocurrio que decir.
– Se ve que no estas acostumbrada a este mundo -dijo Tim amablemente-, pero tampoco pareces de ciudad -anadio acariciandole el pelo-. ?Quien eres, Natalia?
?No era acaso su principal problema? Ya ni siquiera sabia quien era. Le gustaba la vida de princesa, pero los ultimos dias, dificiles y duros, le habian ensenado todo lo que se estaba perdiendo.
– Tengo trabajo -contesto-. Es casi la hora de comer.
Estaba yendo hacia la casa cuando la llamo.
Se paro, pero no se volvio. No confiaba en si misma. Era capaz de ceder a sus deseos. «?Y si fueran deseos sexuales?», penso secretamente esperanzada.
– Lavate las manos primero, ?eh?
Natalia se las miro.
– Te estaria bien empleado que no lo hiciera -murmuro decepcionada.
A la hora de cenar, estaba lloviendo. Mientras hacia albondigas, se puso a mirar por la ventana y vio a Pickles solo bajo la abundante lluvia.
– Este animal es tonto -murmuro.
La cabra balo desconsolada.
– No pienso mirar -dijo.
Pero no podia.
Volvio a mirar.
El caballo y la cerda estaban resguardados bajo el arbol, pero la cabra se estaba empapando.
– ?Por Dios, metete debajo del arbol! -exclamo al oirlo balar de nuevo con tristeza.
Pickles ni se movio.
Natalia se lavo las manos y salio al porche.
– ?Que haces? -le grito-. ?Metete debajo del arbol! ?Vamos! ?Al paso! ?Corre! -le ordeno.
