– De acuerdo -dijo el levantando las manos.
– Bien y deja de mirarme asi.
– ?Como?
– Lo sabes perfectamente. Me haces perder la cabeza… como antes y, para colmo, no me paras.
– Eso ha sido porque tenia las facultades mentales perturbadas -contesto Tim-. Deja de apuntarme con la manguera, por favor.
– ?Y ahora has recobrado la cordura? – pregunto Natalia sin bajar la manguera.
– Claro -contesto mirandola de arriba abajo. Si, era cierto, estaba calada-. Estas muy bien mojada y sucia, Natalia.
– Me parece que vas a tener que ir al oftalmologo.
– Tengo los ojos perfectamente, gracias.
Natalia lo miro y se dio cuenta de que ya no se la estaba comiendo con la mirada. La estaba mirando a los ojos y estaba claro que le estaba gustando lo que estaba viendo. A Natalia la mujer, no la princesa.
Su sueno hecho realidad.
Entonces, ?por que dio otro paso atras? Descubrio con sorpresa que lo que realmente queria era que le gustara la mujer y la princesa.
– Me voy a duchar y a cambiar -anuncio.
Tim dio un paso al frente.
– A mi tambien me vendria bien una ducha.
?Por que la miraba con tanto deseo, por todos los cielos?
– No hay problema -contesto volviendo a levantar la manguera.
– No te atreveras…
No la conocia, claro. De lo contrario, jamas la habria desafiado. La adolescente que llevaba dentro lucho con la mujer que era, que queria ser, que queria atencion y amor.
No podia ser, claro. Dentro de ella tambien habia una princesa.
Era un ser humano tan complicado como cualquier otro y queria que Timothy Banning, el hombre al que deseaba, lo viera.
Lo miro y se dio cuenta de que la estaba mirando de nuevo con deseo.
Era como si la quisiera devorar alli mismo.
Natalia se estremecio de gusto.
– Natalia, deja la manguera.
– No puedo, Tim -contesto preguntandose que pinta tendria empapado de pies a cabeza. Seguro que impresionante.
– ?Por que?
– Porque resulta que sigo un poco enfadada -mintio.
Lo que realmente le sucedia era que estaba excitada y era culpa de Tim. Si, era culpa de Tim, asi que…
– Natalia…
– Lo siento -dijo mojandolo entero.
Pero la broma se le volvio en contra porque al ver como le caia el liquido por el cuerpo, como hacia que se le pegaran los vaqueros al cuerpo, lo unico que consiguio fue que la boca se le hiciera agua.
Maldicion. Todas las hormonas de nuevo revolucionadas.
A la manana siguiente, Tim todavia seguia pensando en aquel momento. Estaba a varios kilometros de casa y ya necesitaba ducharse.
Necesitaba una buena ducha fria.
Hacia un dia caluroso, pero no era por eso. No era porque acababa de encontrar una valla rota o porque se hubieran escapado unas cuantas reses.
No, era por la cocinera, por aquella mujer a la que habia contratado para ayudarlo y que lo habia sorprendido tanto que no podia dejar de pensar en ella.
Le gustaba todo de Natalia… hasta como comia. Si, verla disfrutar de su comida habia resultado ser una experiencia mistica. Aunque no estaba de acuerdo con ella en lo que era una buena comida, pero eso era harina de otro costal.
Lo hacia sonreir continuamente. No recordaba la ultima vez que habia besado a una mujer riendose, como con ella.
Era increible como lo miraba, como si para ella fuera el hombre mas maravilloso sobre la faz de la tierra. ?Por que lo tenia que mirar asi? ?No se daba cuenta de que le hacia desear cosas que no podia tener?
Se iba a ir. Podia ser aquel mismo dia. Desde luego, como muy tarde, al dia siguiente. Le habia ido pagando a diario y cada manana pensaba nada mas despertarse que, tal vez, ya se habria dio. Sin embargo, seguia alli.
Cocinando.
La comida era terrible, la verdad, pero sabia que la iba a echar de menos.
Al darse cuenta, sin pensarlo mucho, volvio a casa con una sola idea en la cabeza: verla.
La casa estaba en silencio. Demasiado. Maldicion. Se habia ido. Seguro.
Entonces, oyo un ruido que llegaba de la cocina. Era como un horrible grito. Horror. Alguien se habia hecho dano.
Entro corriendo en la cocina y vio que se trataba de Natalia.
Pero no estaba herida, no… ?Estaba cantando!
Estaba de espaldas a el y no lo habia visto. Tenia los auriculares puestos y de su boca salian unos gritos espantosos.
Tim se apoyo en la pared y sonrio. Sin saberse observada, Natalia siguio cantando y bailando. Menos mal que bailaba un poco mejor de lo que cantaba…
En un momento dado, levanto el indice al cielo, en plan «Fiebre del sabado noche» y Tim ya no pudo aguantar mas la risa.
Natalia grito y se dio la vuelta quitandose los auriculares. Tenia la cara y el pecho manchados de chocolate.
– Casi me matas del susto -le reprocho poniendose la mano en el corazon.
– Sigue, sigue -la animo Tim sonriendo-. Por mi no pares. Sigue bailando para mi un poco mas.
– No estaba bailando para ti. ?Sabes una cosa? Me deberias subir el sueldo por espiarme mientras trabajo.
– ?Ah, si? -dijo Tim intentando no dar importancia a aquel gesto que estaba haciendo con la lengua para intentar limpiarse el chocolate de alrededor de la boca.
Por favor, por favor, que lo volviera a hacer.
Natalia le estaba hablando, pero el, que era hombre y debil, por cierto, ya no podia ni oir ni pensar ni nada.
Natalia lo miro divertida.
– ?Todos los hombres son tan faciles como tu?
Tim la siguio como un cachorro sin poder apartar la vista de ella.
– ?Como?
Natalia introdujo un dedo en el chocolate, se lo metio en la boca, cerro los ojos y gimio.
Tim gimio tambien.
– ?Ves? -dijo ella abriendo los ojos-. Facil.
– Si -carraspeo Tim.
– Te queria dar una sorpresa.
Tim se quedo de piedra. ?Una sorpresa porque se iba?
– Queria preguntarte una cosa… ?Donde iras despues de la boda?
– Vaya, vaya, asi que crees lo que te digo, ?eh? ?Crees que tengo una boda en Nuevo Mexico? Entonces, ?tambien crees que soy una princesa? ?Desde cuando?
– Eh…
– Ya, entiendo. No me crees.
– Natalia…
