– Con la cantidad de veces que he despegado y aterrizado y no me acaba de gustar… ?Ay, madre! ?Ese ruido ha sido el motor? -dijo agarrandose a la butaca y rozandole de nuevo el brazo «No mires, Banning», se dijo. - Perdone, ?usted cree que ha sido el motor? -insistio.
Tal vez otra persona podria haber seguido ignorandola, pero al detectar miedo en su voz, abrio los ojos y la miro.
– No se preocupe, son solo los ruidos normales del despegue -le aseguro.
Dejo de mascar chicle y se mordio el labio sin dejar de clavar las unas en los reposabrazos. Estaban tan pegados que eso queria decir que le estaba metiendo el codo en las costillas.
– De verdad -insistio Tim anonadado ante la profundidad de sus ojos color almendra.
La chica, que era rubia y de pelo largo, asintio. Llevaba sombras negras y azules en los parpados y pintalabios azul a juego.
La azafata pelirroja que lo habia recibido, que resulto llamarse Fran, corrio la cortina que separaba la primera clase de ellos y lo sonrio con picardia.
– ?Ha visto eso? -dijo la chica-. ?Estan sirviendo la comida en primera! ?Mi comida! ?Ehhhh! ?Hola?
Fran no reaparecio.
Mujer lista la azafata.
– Bueno -dijo la chica sinceramente sorprendida por que no le hicieran caso-. No hay derecho. Estoy muerta de hambre -anadio echandose hacia atras de nuevo-. ?Soy una princesa que se muere de hambre! -grito.
Fran asomo la cabeza.
– Por favor, callese -le pidio.
– Pero…
– Cuando aterricemos, como si me decapita, pero ahora soy la reina -dijo Fran cerrando la cortina con decision.
– Me estoy muriendo de hambre -insistio la princesa de cuero.
– Lo siento -contesto Tim.
La chica se quedo mirandolo fijamente.
– No tiene ni idea de quien soy, ?verdad?
– ?Una princesa que se muere de hambre? -bromeo Tim.
– ?Exacto! -contesto ella encantada sin darse cuenta de que le estaba tomando el pelo-. Esto de que no te reconozcan… -dijo al darse cuenta.
Se rio y se puso los auriculares. «Esta loca», penso Tim.
En ese momento, la carita de Tish aparecio entre los dos asientos.
– ?Hola!
La princesa de cuero sonrio y se quito los auriculares.
– Hola -contesto.
– Tengo cinco anos -le informo Tish extendiendo la mano.
La princesa asintio.
– Yo tengo cinco por cuatro mas otros cuatro.
– ?Tiene veinticuatro anos? -dijo Tim sorprendido.
– ?Cuantos creia que tenia?
– Doce.
– ?Doce? -repitio ella quitandose la chaqueta para demostrarle que tenia bastantes mas.
De hecho, se rio al ver la cara que puso. Tish tambien se rio y se le cayo el chupachups. En el regazo de Tim.
– Tish, sientate -se oyo decir a su madre.
«Si, Tish, sientate», penso Tim.
Miro a su acompanante. La chica sonrio. El, no. Habria preferido que hubiera tenido doce anos.
Una azafata paso por el pasillo repartiendo una patetica bolsa de cacahuetes a cada pasajero.
– Que mal, ?no? -dijo la chica.
Tim decidio que, ya que parecia que se le habia pasado el miedo, iba a intentar dormir un rato.
Con un poco de suerte, la chica se callaria.
Por favor.
– A mi me es imposible dormir en los aviones -le informo haciendo ruido con la bolsa de cacahuetes.
Tim suspiro y puso la mano sobre las suyas.
– Gracias -susurro ella entrelazando los dedos y callandose al momento.
Y asi fue como Tim se encontro agarrado de la mano de una loca.
Capitulo 2
EN el mundo de Natalia, todos sabian que era princesa aunque intentara disfrazarse. Y lo habia intentado. Sobre todo, para que no la compararan con otras princesas mas recientes y famosas. Ademas, le gustaba sorprender a la gente. Era una aficion un poco rara, pero le divertia.
En los Estados Unidos, sin embargo, era una don nadie.
Pero no debia importarle porque, segun Amelia Grundy, que habia sido su ninera y ahora era su amiga, y sus dos hermanas, una princesa no pierde nunca la compostura en publico.
Ya la habia perdido suficientes veces en un solo dia, asi que decidio controlarse. Ademas, era mucho mas facil y divertido dedicarse al guapisimo vaquero que tenia sentado al lado.
No era politicamente correcto, pero la princesa Natalia Faye Wolfe Brunner de Grunberg no era conocida precisamente por seguir las normas impuestas. Nunca lo habia hecho. No por fastidiar sino porque le costaba tener que sacrificarse. No lo hacia ni por nadie ni por nada y le iba bien asi. Su familia la adoraba aunque fuera vestida de cuero y con sombras de ojos llamativas. De vez en cuando, no obstante, se vestia en plan princesa cursi para darles gusto y listo.
Pero aquel dia… aggg. Acababa de llegar de Europa, despues de un vuelo que habia durado practicamente un dia, y le habia chocado mucho la falta de educacion de los estadounidenses en los aeropuertos. Rezo para que solo fuera en los aeropuertos porque, de lo contrario, aquella visita iba a resultar muy desagradable.
?No le habia advertido Amelia que en aquel pais no habia mas que centros comerciales horteras, estrellas de Hollywood y vaqueros del salvaje Oeste?
La verdad era que a Natalia le encantaban estos ultimos y hasta sus dos hermanas le decian que veia demasiadas peliculas de Clint Eastwood.
Tal vez fuera cierto, pero le encantaban. Obviamente, sabia que los nombre estadounidenses no iban a caballo ni llevaban pistolas en la cadera, pero estaban muy guapos vestidos asi.
Para guapos, el vaquero que tenia a su lado. Con sombrero Stetson, por supuesto. ?Y le habia agarrado la mano! Que detalle tan bonito, ?verdad? No se le habia ocurrido nunca que aquellos tipos tan duros pudieran tener un lado tan amable. Lo miro de reojo y penso que era una pena que Hollywood no lo hubiera descubierto.
– No lleva pistola, ?verdad? -le pregunto.
Tim se levanto el sombrero.
– ?Esta borracha?
– No, claro que no -contesto. Otra cosa que las princesas no hacian en publico: pasarselo bien-. Era solo curiosidad. ?Lleva pistola o no?
Se volvio a tapar la cara con el sombrero. Una pena porque tenia unos rasgos impresionantes. Era como el hombre de Marlboro, pero sin cigarrillo. Bronceado, curtido, atractivo y con un cuerpazo de morirse.
– Me la he dejado en casa -contesto-. Con el caballo que habla -anadio bostezando e intentando estirarse un poco.
Todo sin soltar en ningun momento la mano de Natalia. Nunca le habia gustado demasiado que la tocaran, pero aquello era diferente. Aquel hombre de camiseta azul marino y vaqueros desgastados era para derretirse.
Ella tambien tenia vaqueros, pero preferia el cuero porque llamaba mas la atencion. Le encantaba llamar la
