atencion. Hasta el punto que su madre la habia tenido que llevar al medico para ver si le sabian decir por que. Lo unico que habia conseguido su pobre madre habian sido unas facturas exageradisimas. Nada mas. Si le hubiera preguntado a ella, se lo habria dicho tranquilamente: necesitaba llamar la atencion tanto como respirar.

Por eso estaba alli, sola, en su primer viaje sin ayudantes. Iba a una boda de una amiga de la realeza en representacion de su familia. Queria dejarles bien por una vez, pero no habia contado con los nervios.

Y alli estaba, entre el vaquero adormilado y una mujer de 150 kilos que no paraba de roncar.

«Por Dios, que me peguen un tiro si algun dia me quedo asi dormida en publico», penso mientras se daba cuenta de que tenia unas ganas horribles de ir al bano.

– Perdon -susurro.

La mujer abrio un ojo a reganadientes.

– Estaba dormida -dijo.

– Ya lo he visto, pero tengo que ir al servicio.

– ?Al servicio?

?Donde habian dejado la clase aquellos estadounidenses? Natalia senalo la puerta de los banos.

– Ah, al retrete -dijo la gorda suficientemente alto como para que la oyeran en China-. Tiene que hacer pis. Bueno, hombre, haberlo dicho. ?Que pasa? ?Las princesas no pueden decir la palabra pis?

– ?Me deja salir, por favor?

– Claro, claro -contesto la mujer levantandose-. Que Dios me libre de no hacer esperar a Su Majestad.

Una vez en el «retrete», Natalia se miro en el espejo y vio que estaba palida y cansada. Se mojo la cara, pero lo unico que consiguio fue mojarse el pelo y parecer la novia de Frankenstein. Estupendo.

Cuando se sento de nuevo en su asiento, el vaquero se levanto el sombrero y abrio un ojo. Un ojo verde. Un increible ojo verde. La miro y se volvio a cerrar.

A diferencia de la demas gente que conocia, el vaquero no habia dicho nada de su maquillaje, sus joyas o su ropa.

– ?Hemos llegado ya?

– No.

– Hmm.

El vaquero se arrellano en su asiento y al hacerlo le dio con el brazo. Natalia se quedo anonadada porque ni le pidio perdon, como habria hecho cualquier persona por el mero hecho de haberla rozado.

?Ni la miro!

Natalia no dijo nada. La verdad es que los hombres estadounidenses eran unos maleducados, pero tremendamente guapos.

– ?Me esta mirando mientras duermo? -dijo el vaquero con voz ronca.

Natalia se apresuro a apartar la mirada.

– Claro que no.

– Claro que si.

Ya, no. Aunque le fuera la vida en ello, estaba decidida a no volver a mirarlo. De hecho, ni siquiera iba a mirar por la ventana, no se fuera a creer que lo estaba mirando a el. Giro la cabeza hacia el otro lado y se encontro con la mujer gorda roncando de nuevo.

Suspiro y se quedo mirando al frente con una pose todo lo real y tranquila que pudo. Consiguio aparentar calma incluso cuando el avion entro en una nube de turbulencias.

?Hubiera sido demasiado pedir que la agarrara otra vez de la mano, por favor?

El avion aterrizo a su hora y al salir la tripulacion se burlo de ella, especialmente Fran.

– Despidanse de Su Majestad -bromeo haciendo reir a Tim.

«Muy gracioso», penso Natalia mirandolo a los ojos.

Se apresuro a salir de alli. Tenia que encontrar la proxima puerta de embarque en aquel tremendo aeropuerto. ?Donde estaba exactamente? Ah, si, en Dallas, Texas, donde las mujeres llevaban el pelo exageradamente ahuecado y los hombres lucian hebillas mas grandes que…

Bueno, mejor no hacer comparaciones.

No estaba dispuesta a encontrarse de nuevo con la historia del overbooking, asi que se dirigio a toda prisa a la terminal B, pero iba tan contenta de que todo el mundo la mirara que se equivoco y aparecio en la C.

No estaba dispuesta a perder el vuelo, asi que se puso a correr con aquellas botas, que eran muy bonitas, pero, desde luego, no estaban disenadas para correr el maraton.

No habia llegado aun y ya estaba toda sudada y con la respiracion entrecortada.

«Me tengo que poner en forma», penso haciendo una parada para no ahogarse.

– Eh, quitese de en medio -le grito el conductor de un cochecito de golf.

?Un cochecito de golf!

– Menos mal -dijo intentando subirse-. Lleveme a la puerta… -se interrumpio para consultar la tarjeta de embarque…

– No la llevo a ningun sitio -dijo el hombre.

– ?Como? Usted no sabe quien soy yo, ?verdad?

– Me importa un bledo. A mi, como si es usted Santa Claus -contesto el hombre-. Esto es solo para pasajeros mayores -concluyo alejandose y dejandola alli con cara de boba.

No habia alternativa. A correr otra vez. Consiguio llegar a la puerta de embarque dos minutos antes de que saliera el vuelo.

Se apoyo sobre el mostrador incapaz de hablar. La azafata la miro sin misericordia mientras golpeaba el mostrador varias veces con el boligrafo.

– ?Puedo… embarcar? -consiguio decir con una gran sonrisa. Por si acaso.

– Lo siento, pero el vuelo ha sido cancelado a causa de las condiciones climatologicas.

– ?Que?

– Hay una terrible tormenta en Nuevo Mexico.

– Pero si es precisamente alli donde tengo que ir.

– Si, usted y doscientas personas mas.

Muy bien, habia llegado el momento de sacar el movil y llamar a casa. Si, seguro que su padre y Amelia la sacarian de aquel horror. Aquel pensamiento la lleno de satisfaccion. Amelia era su Mary Poppins privada y sus hermanas y ella ya habian asumido hacia tiempo que cuando su ninera estaba cerca ocurrian cosas extranas que no tenian explicacion.

Amelia siempre percibia cuando la necesitaban sus ninas y seguro que aquella vez no habria sido diferente.

Le diria «ya te lo dije» mil veces porque Amelia, que olia los problemas a distancia, no habia querido que Natalia viajara sola, pero daba igual. Cualquier cosa con tal de arreglar aquella situacion.

– No hay vuelo hasta manana -le informo la azafata.

– ?Manana?

– Manana.

Natalia sintio deseos de golpearse la cabeza contra el mostrador y ponerse a llorar, pero, por supuesto, no lo iba a hacer.

– ?Y mi equipaje?

– Lo encontrara en su destino final.

– ?Esta usted de broma?

La mujer ni sonrio.

– No esta de broma.

– Bromear no forma parte de mi trabajo -le aseguro la azafata.

Natalia nego con la cabeza.

– Esto no puede estar sucediendo.

– Le sugiero que consulte el horario de autobuses.

– ?Autobuses?

– Autobuses.

Autobuses.

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