«?Y ahora?», se pregunto.

?Que tal un principe azul sobre un corcel blanco?

No fue un corcel blanco sino una furgoneta la que se paro ante ella. Natalia sintio miedo, pero luego se dijo que no le quedaba nada que robar.

Excepto ella misma, claro. El miedo se convirtio en panico, pero el cansancio no le permitio salir corriendo.

– ?Algun problema? -pregunto el conductor bajando la ventanilla y mirandola con unos grandes ojos verdes.

?El Clint Eastwood del avion!

– ?Que le hace pensar que tengo algun problema? -pregunto poniendose enjarras.

– Que este aqui fuera como una rata empapada -contesto el hombre tan tranquilo.

?Una rata empapada?

– El autobus no llega -contesto.

Daria lo mismo que llegara porque el billete estaba en el bolso que le acababan de robar, pero no se lo iba a contar. El orgullo se lo impedia.

– ?Que hace una princesa yendo en autobus?

Natalia no contesto.

– Demonios -murmuro el saliendo de la furgoneta-. Tome -anadio quitandose la cazadora y poniendosela sobre los hombros-. ?Y sus cosas?

– Me las acaban de robar -dijo Natalia-. Y, justo antes, me acababan de decir que el vuelo que tenia que tomar habia sido cancelado. Menudo dia llevo.

– ?Le han hecho algo? -le pregunto amablemente.

Natalia sintio que se derretia.

Estuvo a punto de contestar que no, que estaba bien, pero no era cierto. Tenia un vacio en el estomago y no era porque tuviera hambre o por el miedo que habia pasado sino porque el vaquero le habia puesto las manos sobre los hombros.

– ?Princesa?

Miro a aquel hombre tan alto, curtido por el sol y sintio que se le aceleraba el corazon.

– ?De verdad cree que soy una princesa?

El vaquero se acerco y la miro con atencion.

– ?Se ha dado un golpe en la cabeza?

Se creia que estaba loca. Pues habia acertado porque no lo conocia de nada, pero sentia una imperiosa necesidad de sacar pecho y conocerlo a fondo.

«?Diria Amelia que es una locura?»

Tim le aparto el pelo de la frente en busca de alguna herida. Se le habia corrido el rimel de ojos y parecia de lo mas desvalida.

– No me he golpeado la cabeza -le aseguro apartandose-. Soy princesa, de verdad. Para ser exactos, soy Su Alteza Real Natalia Faye Wolfe Brunner de Grunberg.

Tim dio un paso atras y se quedo mirandola, pero la mujer ni sonrio.

– Mucho nombre, ?no?

– Si, por eso me llaman Su Alteza Real Natalia Faye.

– Sigue siendo muy largo.

– Si no me hubieran robado el bolso, le ensenaria mi carne de identidad.

– ?Quiere ir a denunciarlo a la policia?

– No -contesto ella con el ceno fruncido-. El ladron debe de andar ya muy lejos y lo unico que conseguiria seria que mi familia insistiera en que volviera a casa. Solo necesito llegar a Taos, Nuevo Mexico. Voy a una boda.

Lo habia dicho con tono presumido y el menton levantado, como si Tim fuera su criado. La miro divertido, echo la cabeza hacia atras y se rio.

– A mi no me parece gracioso -dijo la princesa cruzandose de brazos.

A pesar de sus aires de superioridad, se veia que estaba muerta de frio y que no lo estaba pasando bien. Le volvio a parecer que aparentaba doce anos. Si no fuera, claro, porque tenia un cuerpo de curvas para sonar.

Era la mujer mas bonita que habia visto en su vida y no habia derecho a que un desaprensivo le hubiera robado todo. ?Y si llegaba otro y abusaba de ella? No podia dejarla alli.

– Vamos a llamar a alguien para…

– No.

– Pero…

– ?No! -insistio con decision.

«Como una verdadera princesa», penso Tim.

– Ya le he dicho que estoy bien -dijo pasandose la mano por el pelo empapado.

Estupendo. La mujer estaba bien y el… llegaba tarde. Aun asi, no podia dejarla alli. Su corazon, siempre al lado de los mas desfavorecidos, no se lo permitia.

– ?Donde me ha dicho que iba?

– Ahora mismo, a ningun sitio.

– ?Quiere venir a mi rancho?

La mujer lo miro con los ojos entornados.

– ?Porque?

?Por que? Obviamente, porque estaba loco. No tenia suficiente con su abuela insistiendo en vivir sola y su hermana liada con el capataz…

– Porque… alli estara a salvo.

– ?En su rancho?

– Si -contesto pensando en todos los animales que habia recogido de la calle y que vivian ya alli.

A la princesa no la iba a meter en el vallado con los demas, por supuesto, pero se la queria llevar a casa igual.

– ?Viene?

– No por lo que usted se cree -contesto ella.

– Podra ducharse -le aseguro confundido-, comer y descansar. Luego, si quiere… no se, podria buscarse un trabajo.

– Un trabajo -repitio como si la idea jamas se le hubiera pasado por la cabeza-. ?Tiene usted algun puesto libre?

– En estos momentos, necesito una cocinera y un capataz -contesto pensando en que iba a despedir a Josh si seguia con su hermana pequena.

Entonces, recordo que Sally estaba enfadada con el y, conociendola, seguro que le iba a durar un tiempo. Peor para ella. Tim habia jurado a sus padres que cuidaria de ella y eso pensaba hacer. Aunque fuera a cumplir veinte anos, seguia siendo su hermana pequena.

Estaba impaciente por llegar a casa, asi que miro a la princesa con insistencia.

– Un trabajo -repitio ella mordiendose el labio inferior-. Me parece una buena idea.

Intento imaginarsela en vaqueros.

– ?Ha estado alguna vez en un rancho?

– Pues claro.

Claro.

– Una vez, de vacaciones, hicimos escala en una granja de animales de compania.

Tim parpadeo y nego con la cabeza.

– ?Y la cocina que tal se le da?

– ?Para los demas?

– No, para la reina de Inglaterra, si le parece -contesto Tim.

– Desde luego, un poco mas de respeto… ?Por que la tienen tomada con la pobre Elizabeth?

– ?Cocina si o no?

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