– Claro.

Claro otra vez. Seguro que no sabia hacer ni unos huevos revueltos.

– Esta lloviendo mucho -dijo con la esperanza de que se decidiera.

– No tengo ropa para cambiarme -dijo la princesa frunciendo el ceno-. Suelo viajar con un monton de cosas.

– Me voy a meter en la furgoneta porque me estoy calando -dijo Tim-. Hay una tienda aqui al lado, princesa. Si quiere, le presto dinero y se compra algo… Aunque no creo que tengan cosas de cuero.

– Me comprare algo nuevo. Me encanta lo nuevo.

– ?De verdad? Bien. Le advierto que solo hay vaqueros y mas vaqueros.

– Suelo llevar vaqueros.

– Muy bien, pues vamos.

– Es usted como los vaqueros de antes, caballeroso y amable.

– No, cualquiera haria lo mismo -contesto Tim.

– No creo -insistio ella-. Parece usted diferente. Especial.

– ?Esta usted segura de que no se ha dado en la cabeza? -dijo Tim preguntandose si no estaria medicandose-. ?Seguro que no quiere que llame a nadie?

– No -contesto muy decidida-. Queria viajar sola. Es la primera vez que lo hago y me esta saliendo fatal, la verdad -le explico compungida-, pero estoy decidida a que las cosas cambien. Si, esta vez, me voy a ganar incluso la comida.

Tim le abrio la puerta de la furgoneta y la invito a entrar. Al tocarla, sintio una descarga electrica que prefirio no pararse a analizar.

– No sera usted un asesino, ?verdad?

– No -contesto muy serio.

– Nunca habia hecho autostop en mi vida -le dijo mirando por la furgoneta.

?Estaria buscando una pierna o un brazo?

– Contrariamente a lo que pueda pensar de mi, si estoy un poco preocupada.

– Esta a salvo, no se preocupe.

– Seguro que eso es lo que dicen todos los asesinos.

– Pero yo me parezco a Clint Eastwood, ?recuerda?

La princesa se rio. Se rio. Una carcajada que le hizo sonreir como a un idiota.

Se sento muy recta como si fuera una princesa de verdad y se puso el cinturon de seguridad.

– No me llevaria usted a Taos por casualidad, ?verdad?

– Lo siento, princesa, pero ?sabe usted lo lejos que esta eso? Tengo que ocuparme del rancho. He estado unos dias fuera, ?sabe? No tiene mas que darme un numero y llamare a quien quiera.

– No, gracias. Prefiero ser su cocinera durante unos dias.

– No solo va a cocinar para mi sino para todos los empleados del rancho -le corrigio.

Natalia sonrio con seguridad y Tim no supo si estaba forzando la sonrisa o no.

– ?Cuantos… son?

La estaba forzando, estupendo.

– Depende de cuantos se hayan ido en estos dias que mi hermana se ha quedado al mando -contesto poniendo la furgoneta en marcha.

Natalia llevaba anos sonando con el mundo real, preguntandose como seria, deseando ser una mujer normal.

Estaba segura de que Timothy Banning no creia una palabra de su condicion de princesa. Perfecto. Asi seria mejor. Su sueno se iba a convertir en realidad aunque fuera solo por unos dias.

Por fin, iba a poder ser mujer antes que princesa.

– ?Falta mucho para llegar a su rancho? – pregunto mirando el paisaje.

El norte de Texas era la tierra mas llana que habia visto, muy diferente a su pais natal, que colgaba entre las montanas entre Austria y Suiza.

Echaba de menos los bosques que rodeaban su palacio, pero aquella tierra tambien era bonita.

Le gustaba.

– Unos cincuenta kilometros -contesto Tim.

Habian parado en la tienda y se habia comprado unos vaqueros, unas cuantas camisetas y un pintalabios verde manzana.

El vaquero parecia arrepentido de haberle propuesto que se fuera con el.

– No estoy loca ni soy peligrosa -le dijo-. Lo digo para que este tranquilo. No pienso hacer dano a nadie en su rancho.

Aquello le hizo sonreir. Que sonrisa tan bonita tenia. Aquel hombre era de lo mas atractivo. Tenia unos preciosos dientes blancos como la nieve y patas de gallo alrededor de los ojos. Eso debia de querer decir que sonreia a menudo. Para colmo, tenia un cuerpo fuerte y musculoso que no debia de ser de gimnasio sino de trabajo fisico.

No habia que olvidar sus manos, grandes y seguras sobre el volante, bronceadas y callosas. Sin poderlo evitar, Natalia se encontro imaginando las cosas mas lujuriosas sobre aquellas manos.

Sin duda, Amelia le desaconsejaria que se mezclara con un hombre asi. Pero Amelia no estaba. Por una vez, estaba sola.

Primero mujer y, luego, princesa.

Pensamientos peligrosos. Si, pero divertidos. Se pregunto si Tim sabria utilizar aquellas manos sobre el cuerpo de una mujer, si sabria…

– Se esta poniendo roja, princesa -lo interrumpio el vaquero-. ?Esta usted bien?

– Claro.

No era cierto. Estaba sonando con aquel hombre. Debia de haberse vuelto loca. No sabia que esperar de su Clint Eastwood particular porque no sabia por donde seguir la fantasia. Era obvio que tras aquellos ojos verdes y aquella sonrisa maravillosa, habia inteligencia.

Se quedo pensando en el un buen rato… hasta que lo vio salir de la autopista y tomar un camino en el que ponia «Rancho Banning 1898».

– Su familia lleva mucho tiempo aqui, ?no?

Aquello le gustaba. En su mundo, las tradiciones y el linaje familiar eran importantes. Aparentemente, para aquel hombre, tambien.

– Si, desde que mi tatarabuelo gano la tierra en una partida de cartas hace un siglo -contesto Tim.

La princesa lo miro horrorizada y el se rio.

– El viejo y salvaje Oeste.

– Su tatarabuelo deberia morirse de verguenza.

– Puede que asi fuera, pero el padre de mi tatarabuela lo mato de un tiro anos despues por serle infiel a su unica hija, asi que jamas lo sabremos.

La princesa lo miro sin saber si debia creerlo o no, pero el se limito a sonreir.

– Tienen ustedes historia, ?eh?

– ?Yo? -rio-. Usted es la princesa, ?no?

– Si, tiene razon -contesto.

Tim no dijo nada mas. Obviamente, no creia que fuera una princesa, pero no se burlo ni la juzgo. Ya solo por eso, Natalia seria capaz de enamorarse de el.

?Como si fuera a enamorarse de un vaquero!

?O el de una princesa!

– Ya casi hemos llegado -dijo Tim senalando una casa que habia al final del camino-. Ahi esta la casa principal.

Era una casa de dos plantas con flores y arboles por todas partes. Era mas grande de lo que Natalia la habia imaginado y pronto comprobo que habia mas edificios, cuadras y cobertizos.

– ?En que piensa?

– En que menos mal que no tengo que limpiar para ganarme el alojamiento y la comida -contesto haciendolo

Вы читаете Una princesa en apuros
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату