Si, efectivamente, habia un horario de autobuses fuera y alli fue donde se encontro Natalia tres cuartos de hora despues. Bajo el ardiente sol, con un calor sofocante y esperando al autobus.
«En los autobuses no dan de comer», penso mientras se quitaba la cazadora de cuero. «Ni hay azafatas ni bolsitas de cacahuetes».
Menos mal que le habian dicho que si que habia «retrete».
Gracias a Dios.
Lo malo era que se estaba muriendo de hambre.
Como estaba un poco rellenita, no pasaba nada porque se saltara una comida.
«Como estoy rellenita, tengo buenos pechos», se recordo.
Claro que tener buenos pechos daba igual porque se habia pasado la vida con carabina.
«Ahora, no», se dijo.
Sonrio. Estaba sola, lo que siempre habia querido. Tenia que conseguir que su familia se sintiera orgullosa de ella. Costara lo que costara.
La vida le parecia maravillosa y sabia que era una privilegiada, pero queria ver que habia mas alla de las fiestas de beneficencia.
No solo verlo sino probarlo.
Dificil con dos hermanas, guardaespaldas, ninera, un pueblo entero y un padre protector. Menos mal que habia conseguido volar sola. Aquello iba a ser una aventura. Bueno, ir a la boda de la hija de la mejor amiga de su madre no era precisamente una gran aventura, pero ya era algo. Aunque su hermana mayor, Andrea, tambien iba a ir, Natalia habia conseguido ir por su cuenta. A su padre no le habia encantado la idea, pero habia acabado cediendo. No sin antes repetirle hasta la saciedad que tuviera cuidado y que llamara a menudo.
Natalia se moria de ganas por ver a su hermana mayor, que era un chicazo, vestida de forma femenina en la boda. En ese momento, restallo un trueno y la hizo dar un respingo. Ojala cualquiera de sus hermanas estuviera alli. Seria divertido que la pequena Lili, que tenia veintitres anos, hubiera podido ir con ella, pero tenia sus responsabilidades y habian quedado en encontrarse en Taos.
Inmediatamente, un relampago ilumino el cielo. Oh, oh, aquello no era buena senal. Natalia abrazo el telefono y se pregunto si no seria hora de llamar a casa. Solo porque estarian preocupados, claro.
Un trueno y un relampago mas fueron suficientes para que marcara el numero a toda velocidad.
– Cuentamelo todo -dijo la voz de Amelia.
– ?Y si no hay nada que contar? -contesto Natalia.
– Natalia, carino, tu siempre tienes algo que contar. Sueltalo ya. Se que estas bien, eso seguro.
– Si, estoy bien -dijo mirando al cielo-. Muy bien, la verdad -anadio para que no hubiera dudas-. Estoy perfectamente -tartamudeo ante otro trueno.
– Hmm.
Hubo un silencio. Obviamente, Amelia estaba esperando a que lo soltara todo, pero Natalia consiguio morderse la lengua.
– Ya sabes que, si nos necesitas, estamos aqui.
– ?Quieres decir si la fastidio?
– Las princesas no hablan asi, senorita -le reprendio Amelia-. Si necesitas algo, lo que sea, ya sabes que solo tienes que llamarme.
Claro que lo sabia y la reconfortaba mucho.
Sintio un nudo en la garganta al darse cuenta de lo mucho que la queria. Precisamente porque ella tambien queria mucho a los suyos tenia que hacer bien su papel para que se sintieran orgullosos. Y si, de paso, podia tener aventuras, mejor.
– Natalia, ya se que querias pasar una semana sola, pero es mucho tiempo para alguien como tu. No pasa nada por que lo reconozcas.
– ?Lo dices porque no tengo experiencia en el mundo real?
– Si necesitas algo…
– No necesito nada -contesto Natalia-. Amelia, tu me entiendes, ?verdad?
Necesitaba oirselo decir.
– Si, carino -contesto Amelia en tono carinoso-. Te entiendo. Se que quieres demostrarte a ti misma y a todos los demas que puedes hacerlo. Se que lo vas a hacer fenomenal. Lo unico que te pido es que no pierdas la cabeza.
– Sin problema. Nos vemos pronto.
– Hasta luego, carino.
Natalia abrazo el telefono contra el pecho despues de haber colgado.
– ?Tiene hora?
Natalia dio un respingo ante la voz de un joven de unos veinte anos que parecia estar muerto de hambre. Era alto, iba mal vestido y la miraba con ojos picaruelos.
Oh, oh. Sintio que se le aceleraba el corazon. ?Por que no le habria dicho a Amelia donde estaba?
Porque podia hacerse cargo de la situacion, exacto. Ademas, aunque pareciera una locura, estaba segura de que Amelia sabia perfectamente donde estaba. No hacia falta que se lo dijera.
– ?La hora? Si, claro… -contesto mirando el reloj -. Son las tres y… ?Eh!
El muchacho habia aprovechado para agarrar la bolsa de viaje, la cazadora de cuero y el bolso e intentaba irse corriendo.
– De eso nada, guapo -le dijo -. Esto es… mio.
– ?Suelta! -grito el muchacho.
Natalia sintio que el miedo se tornaba ira.
– No pienso permitir que te lleves mis cosas, sinverguenza -insistio Natalia.
– Pienso robarte todo.
– ?Eso es lo que tu te crees!
El chico la miro tan sorprendido que a Natalia le entraron ganas de reirse.
– Se supone que tendrias que tener miedo -le dijo-. Grita, llora, lo que sea, pero no te defiendas. ?No has dado clases de defensa personal? ?Siempre dicen que no hay que defenderse!
– No pienso acobardarme. Pienso defenderme, ?sabes? ?Suelta!
Tras un buen forcejeo, Natalia perdio el equilibrio y el chico se fue con todas sus pertenencias. No sin antes sonreirle en la cara en senal de triunfo.
Natalia quedo tendida en el suelo, sin nada.
Ni siquiera orgullo.
Capitulo 3
PARA cuando Natalia consiguio ponerse en pie y limpiarse la falda, el joven ya se habia perdido de vista.
– ?Idiota! -grito-. ?Imbecil! -anadio preguntandose si se lo llamaba al ladron o a si misma.
Sintio una gota en la cara. La tormenta ya estaba alli.
Otra gota… y otra… y otra. Natalia ni se movio, se quedo alli como una tonta, confundida por todo lo que habia pasado aquel dia.
Estaba en mitad de la nada, sin carne de identidad, sin dinero y, lo que rea peor, sin maquillaje.
Sabia que tenia que llamar para anular las tarjetas de credito, pero le suponia un esfuerzo en el que no podia pensar en aquellos momentos.
Empezo a llover con fuerza. La sensacion del cuero mojado contra la piel resulto una experiencia nueva y desagradable.
Perfecto. Otro trueno. Se imagino que le daba uno en la cabeza y la dejaba amnesica.
Miro a su alrededor. Completamente sola.
Penso en llamar a casa porque el movil no se lo habia robado, pero no, tenia que poder estar sola una semana, por Dios.
