– No me digas que el preservativo tenia anos.
– Esta bien. No te lo digo.
A la manana siguiente, Natalia se desperto y vio que el sol entraba a raudales por la ventana. Se estiro y se paro en seco al recordar tres cosas. Bueno, cuatro, pero lo del preservativo no contaba porque, ?para que preocuparse tan pronto?
Primero: estaba dolorida… aunque era un dolor relativamente agradable.
Segundo: por primera vez, no se habia levantado antes que Tim para desayunar con el.
Tercero: se habia enamorado de el.
Se habia enamorado perdidamente de Timothy Banning.
No un poco, no, sino completamente.
No podia decirselo, claro, porque Tim era de esos hombres de honor chapados a la antigua que se sentiria en la obligacion de hacer algo estupido como pedirle que se casara con el.
Podia ser muchas cosas, pero, desde luego, no era una mujer dispuesta a embarcar a un hombre en una aventura tan importante si el no queria. Tenia que salir de el.
Deberia haberse levantando pronto como todos los dias para que Tim no se diera cuenta de que algo habia cambiado. Pero era demasiado tarde.
La noche anterior, Tim habia intentado hablar con ella entre que agarraba a la senora Cerdo y perseguia a Pickles, pero Natalia habia intentado escapar tambien.
Al darse cuenta, habia dejado a los animales y habia corrido tras ella. Obviamente, habia una pregunta en su cabeza y Natalia le habia prometido contestarla al dia siguiente antes de irse.
Antes de irse.
No sabia que le parecia peor, si tener que enfrentarse a las preguntas de Tim o tener que irse. Ninguna de las dos cosas le hacia gracia. Queria estar sola para pensar.
Tenia claro que preferia ser mujer a princesa. Deseo ser Annie, tan fuerte y decidida. Seguro que ella sabria que hacer.
Enfundada en un camison que le habia prestado Sally y que no era otra cosa sino una camiseta vieja de Tim, se estiro en la cama y se quedo mirando el techo.
Si, desde luego, aquel dia era mas mujer que nunca.
Debia dilucidar como combinar lo mejor de sus dos mundos. Para hacerlo, no tenia mas remedio que irse.
Su sonrisa se desvanecio.
Irse le parecia imposible. No solo habia aprendido a amar aquellas tierras y a todos los presentes, incluida Sally, no. Habia algo mucho mas importante.
Iba a echar de menos a Tim con todo su corazon. Iba a echar de menos su sonrisa, su voz y como la hacia sentir.
Y, por supuesto, iba a echar de menos los orgasmos con gritos.
Al recordar lo maravillosa que habia sido la noche anterior con Tim encima y el cielo estrellado sobre los dos, sintio que se estremecia.
En ese momento, llamaron a la puerta y se incorporo con el corazon latiendole aceleradamente.
– Natalia.
Era su voz inconfundible.
Vio como giraba el pomo y como se abria la puerta. Y alli estaba Tim, mas apagado que de costumbre.
– Te he despertado -dijo mirandola de arriba abajo-. Perdona.
– No -contesto Natalia con la respiracion entrecortada-. Perdona por lo del desayuno. Supongo que estaras muerto de hambre…
– Hombre precisamente muerto de hambre… -dijo el sonriendo de forma picamela-. Escucha, anoche…
– Perdona, si, si, me visto y bajo ahora mismo a preparar algo -lo interrumpio-. Tal vez los chicos quieran hacer un descanso y comer algo tambien -anadio.
Estaba hablando a borbotones, sin pensar. Estaba nerviosa. No podia dejar de hablar porque, de lo contrario, temia irse abajo. No podia soportar la idea de alejarse de el.
– Tim, ?quien te va a hacer la comida cuando me haya ido?
– Eso no importa -contesto el-. Natalia, lo de anoche…
– Deberia haberte ayudado a encontrar una sustituta. Tal vez deberia quedarme unos dias mas… Para que te de tiempo de poner un anuncio y encontrar a otra persona…
Tim se acerco a ella y le acaricio la cara.
Horror. Natalia sabia que estaba a punto de perder el control. Se puso a mirar el techo.
– Mirame, por favor -le pidio Tim agarrandola de la cintura con la otra mano.
Natalia se perdio en el verde de sus ojos y el le acaricio el pelo.
Estuvo a punto de apretarse con el, pero no podia ser. Tenia que poner distancia entre ellos.
– Deberia… ducharme -dijo a modo de excusa.
– Me estas evitando, Natalia, y tenemos que hablar.
– No me apetece hablar -contesto ella intentando apartarse.
Tim se lo impidio.
– Eras virgen -dijo-. Me gustaria saber por que me has hecho un regalo asi.
– Un poco de inexperiencia no es para tanto, ?no? -intento sonreir sintiendo un terrible nudo en la garganta-. Bueno, tengo que hacer cosas…
Tim le acaricio el cuello con ternura, como si supiera que le dolia tanto que apenas podia hablar.
– Para mi fue diferente, especial, a pesar de la llegada de la senora Cerdo -sonrio Tim-, pero no se si para ti… En fin, no se si lo habias pensado bien. ?Por que no me lo dijiste?
– Porque no sabia como.
– Que te parece algo como «oye, Tim, por cierto, es la primera vez».
– Estas enfadado.
– En absoluto -le aseguro-. Estoy emocionado, Natalia, pero me hubiera gustado saberlo. Habria hecho las cosas de otra forma.
– Estuviste perfecto.
– Te habria llevado a una cama y me habria asegurado de que no hubiera cerdos cotillas cerca -le dijo con carino-. Cuentame, anda.
– Oh, Tim -dijo al borde de las lagrimas-. Las princesas estamos como en una burbuja, ?sabes? Era virgen porque… nunca he tenido la oportunidad de dejar de serlo.
– ?Solo por eso? -dijo sorprendido.
– No -contesto Natalia acariciandole la mano-. Nunca habia conocido a un hombre con el que quisiera acostarme.
– Lo que nos lleva al tema mas importante.
– El preservativo.
– El preservativo roto.
Natalia se imagino con un nino hijo de Tim viviendo en aquel rancho para siempre.
Se le disparo el pulso. «Seria lo mas maravilloso que me podria pasar en la vida», penso.
– ?Natalia?
– ?Si?
– Prometeme que me llamaras desde donde estes. Quiero saberlo.
– Tim…
– Natalia, prometemelo.
– Te lo prometo.
– De acuerdo -dijo relajandose un poco y sonriendo-. Muy bien.
«?Y que pasa con nosotros?», queria gritarle.
Obviamente, no habia nosotros. Tim queria saber si se habia quedado embarazada, pero nada mas. Si no lo estaba, no habia necesidad de escribir, de llamar ni de ir a visitarlo.
Era libre para irse, sin remordimientos.
