– Fuera -repitio Tim-. Tu, no -anadio agarrando a Natalia de la mano.

Natalia no sabia si besarlo o pegarle una bofetada.

– ?Y ahora? -dijo Tim-. ?Te montas en un autobus y te vas?

Natalia lo miro fijamente.

– ?No me has oido llamar por telefono?

– Si, pero quiero saber donde te vas.

– ?Por que?

– ?Por que? Bueno, por si… eh… porque quizas…

– ?Porque, Tim?

A lo lejos, oyeron un ruido inconfundible.

– ?Te tienen que traer algo en helicoptero? -le pregunto Natalia.

– No.

– ?Amigos que tengan helicopteros?

– No.

– Entonces, vienen a buscarme -dijo saliendo de las cuadras.

Tim la siguio sintiendo panico, miedo, frustracion y un monton de cosas mas, pero, sobre todo, panico.

Se iba de verdad. Siempre habia sabido que llegaria ese momento, pero no creia que le fuera a doler tanto.

Le dolia demasiado. Tanto que se toco el corazon esperando que le estuviera sangrando. Menos mal que no era asi.

Vio aterrizar un helicoptero con un escudo real en las puertas.

La senora Cerdo y Pickles estaban como locos ante el ruido. Su hermana estaba muda, algo muy raro.

– Soy Amelia Grundy -dijo una voz autoritaria-. Apartense -ordeno.

Tim se quedo con la boca abierta mirando a aquella mujer de pelo cano y penetrantes ojos azules que acababa de bajarse del helicoptero y estaba abrazando a su Natalia. La mujer saco una sombrillita para protegerse del sol.

– ?Como sabias donde estaba? -le pregunto Natalia confundida.

– ?Te he fallado alguna vez? -dijo Amelia poniendose unas gafas de sol.

– Claro que no, pero…

– ?Una semana en Estados Unidos y ya has olvidado los buenos modales? Nada de peros, ya sabes.

Natalia se mordio el labio inferior y sonrio.

– Me alegro mucho de verte, Amelia -dijo abrazandola de nuevo-. Mucho.

La mujer miro detras de Natalia y vio a Tim, a quien dirigio una mirada poco amigable. Tim sintio como si lo hubieran clavado al suelo. Reunio fuerzas para echar los hombros hacia atras y acercarse a ellas.

– Tim Banning -dijo estrechandole la mano-. Un amigo de Natalia.

Amelia fruncio el ceno.

– ?Se refiere usted a Su Alteza Real? Un poquito mas de educacion, jovencito. ?No sabe usted como hay que hablar con un miembro de la familia real?

– Eh…

– Amelia -dijo Natalia apretandole la mano a su ninera-. En Texas, no hay familias reales. Vas a tener que perdonarlos.

– ?Como dices? ?Ay, querida, me parece que has estado demasiado tiempo con ellos!

Dos hombres vestidos de negro salieron del helicoptero e hicieron una reverencia al ver a Natalia.

La senora Cerdo dejo de grunir y Pickles dejo de balar. Sally se quedo de piedra y Tim se sintio la persona mas tonta del mundo. Dios mio, era cierto. Natalia era una princesa e iba a salir de su vida tan rapido como habia entrado.

No podia ser. Necesitaba tocarla, saber que era de verdad.

Los dos hombres de negro se lo impidieron.

Con un imperceptible gesto de la cabeza, Natalia les indico que se apartaran. Obedecieron, pero no se alejaron lo suficiente. Estaban rodeados. Tim se dio cuenta de que, si queria decir algo, iba a tener que ser delante de todos ellos.

– Adios -dijo Natalia con los ojos brillantes-. Se que para ti no ha sido nada del otro mundo, pero quiero que sepas que para mi ha sido… impresionante.

– Natalia, no puedo decirte adios -dijo Tim.

– Aparta -intervino Sally acercandose con una gran sonrisa-. Asi que es verdad, no estas loca.

Natalia miro a Tim.

– Yo no diria tanto.

Sally vio la mirada complice entre ellos y sintio pena.

– Mira, quiero que sepas que me he portado mal contigo y lo siento.

– No es cierto, pero da igual -sonrio Natalia.

– Tienes razon -sonrio Sally-. Soy un poco bestia con todo el mundo, no solo contigo. Nunca he querido hacerte dano, pero me daba miedo como mirabas a mi hermano porque es facil hacerlo sufrir -anadio encogiendose de hombros-. Te has esforzado, te has superado, has aguantado de todo y has sabido ganarte el carino de todos… incluido el mio, Natalia.

– En el fondo, eres una sentimental -rio Natalia.

– Si -carraspeo Sally con un nudo en la garganta-. Tu comida es un poco rara y, la verdad, no me gusta, pero me caes bien -anadio abrazandola por sorpresa.

Tim observo la cara de Natalia. Estaba confusa y emocionada, a punto de llorar. Sus hombres estaban exactamente igual.

Red lo miro.

– No dejes que se vaya -le dijo con los labios.

?Como?

– Deja de comer chocolatinas y comida basura -dijo Natalia abrazando a Sally.

– Lo hare -le prometio la chica apartandose para dejarle el turno a su hermano.

Tim miro a Natalia a los ojos. Sabia que, si se iba, princesa o mujer, su vida no iba a volver a ser la misma. No tendria su sonrisa, su risa, sus desafios. Natalia le habia hecho ser mejor persona, le habia abierto el corazon y no podia permitir que se fuera.

– Natalia.

Se acerco y los dos guardaespaldas se acercaron.

– ?Podrian dejarnos un momento a solas?

– No -contesto uno de ellos.

– Bien -dijo Tim agarrando a Natalia de las manos-. Quiero decirte una cosa.

Natalia parecia impaciente por irse. No paraba de mirar al helicoptero.

– ?Si?

– No te vayas.

Natalia lo miro con los ojos muy abiertos.

– ?Como?

– No te vayas -repitio Tim.

– Pero… el trabajo era temporal, solo hasta que me repusiera -dijo Natalia tragando saliva-. Ya estoy bien, Tim, y esta gente cuidara de mi.

Tim no le solto las manos.

– Esto no tiene nada que ver con el trabajo.

– ?Entonces?

Queria saberlo en ese preciso instante, delante de todos.

– Venga -lo animo Red.

– Vamos -jaleo Seth-. Diselo.

– Entonces, tiene que ver con nosotros… Porque te quiero.

A aquella confesion siguio un coro de silbidos y gritos de jubilo.

Вы читаете Una princesa en apuros
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату