– Por supuesto puedo devolverte las tierras, Cailin Druso. Verdaderamente son tuyas por derecho de herencia y tienes un esposo que las trabajara y protegera. En cuanto a tus acusaciones contra Quinto Druso, ?que prueba puedes dar aparte de la historia que conto tu abuela?
Cailin le miro con expresion sombria y dijo:
– En una ocasion mi madre me dijo que antes de casarse con mi padre, cuando aun vivia con mis abuelos en Corinio, vos os enamorasteis de ella. Sin embargo, ella amaba a mi padre, pero cuando os rechazo lo hizo con bondad pues os respetaba. Si existe alguna piedad en vuestro corazon, Antonio Porcio, ayudadme a vengar su muerte. ?Sabeis lo que los galos de mi primo le hicieron? La violaron y le pegaron hasta matarla. La ultima vision que mi abuela tuvo de su hija fue con el rostro y el cuerpo ensangrentados y destrozados. Habia sido una mujer muy hermosa. Este asesino con el que vuestra hija esta casada ni siquiera tuvo la bondad de enterrar sus huesos ni los del resto de mi familia. Yacen en el mismo lugar donde fueron asesinados, mientras Quinto Druso ara nuestros campos con nuestros esclavos. ?Esta es la justicia romana de nuestros antepasados?
El magistrado parecia conmovido. La muchacha contaba la verdad; en el fondo de su alma su parte celta lo sabia, pero no podia ayudarla.
– La ley, Cailin Druso, requiere pruebas. No tienes ninguna salvo las palabras de una anciana moribunda. No es suficiente. Te ayudaria si pudiera, pero no hay pruebas.
Cailin prorrumpio en llanto.
– ?He sobrevivido a todas las calamidades y acudido a vos por justicia y me la negais? ?Debo vivir el resto de mi vida sabiendo que Quinto Druso sigue viviendo confortablemente cuando mi familia ha muerto? -Se seco las lagrimas con el dorso de la mano y su momento de debilidad paso. Miro a su primo. -Sabes que lo hiciste, Quinto Druso. No creas que escaparas al castigo. Eres listo y jamas volveras a cerrar los ojos para dormir. ?Pero yo me encargare de que seas castigado aunque sea la ultima cosa que haga en mi vida, vil asesino!
– Te has vuelto loca, o quiza la pena que naturalmente sientes te ha trastocado, Cailin, querida -dijo Quinto con tono aburrido y de superioridad. Le fastidiaba perder las tierras de su prima despues de haber trabajado tan duramente, pero el corregiria ese hecho. Solo necesitaba tiempo, y como su suegro mantenia que a falta de pruebas resultaba imposible juzgarle, dispondria de ese tiempo.
– Bueno -intervino Antonia, -ahora que esta todo arreglado, ?puedo ofreceros una copa de vino? -Sonrio ampliamente, como si no hubiera oido nada de lo que se habia dicho.
– No se arreglara nada hasta que tu marido pague por sus crimenes -repuso Cailin con frialdad. -Por todos los dioses, Antonia, ?no te das cuenta de lo que hizo Quinto? ?No solo a mi, sino tambien a ti!
– Quinto es un buen esposo, Cailin -replico Antonia.
– ?Quinto es un bastardo inhumano! -espeto Cailin. -Antes de asesinar a mi familia hizo que esos galos asesinaran a los hijos que tuviste con Sexto Escipion. ?Eran ninos inocentes!
– Mis hijos se ahogaron en el estanque del atrio porque sus ineptas nineras fueron negligentes -repuso Antonia, pero la voz le temblaba pues en secreto siempre habia albergado dudas respecto al incidente.
– Los galos de tu marido estrangularon a tus hijos en la cama y luego pusieron sus cuerpos sin vida en el estanque del atrio -explico cruelmente Cailin.
– ?No es cierto! -exclamo Antonia estallando en sollozos.
– ?Si lo es! -insistio Cailin con aspereza. -?Te duele saber lo que hizo Quinto? Quiza entonces comprenderas parte de lo que siento, Antonia.
– ?Quinto! Dime que no es cierto -sollozo Antonia. -?Dimelo!
– Si, primo -se burlo Cailin. -Dile la verdad, si es que te atreves. ?Alguna vez has dicho la verdad en tu vida? Cuentale a tu esposa, la madre de tu unico hijo, que no ordenaste que mataran a los hijos de su primer matrimonio; y dile que no hiciste que esos mismos galos asesinaran a mi familia para que pudieras heredar las tierras de mi padre. ?Diselo, Quinto! Cuentale la verdad… Pero no, claro. ?Eres un cobarde!
Quinto Druso tenia el rostro contraido reprimiendo una furia aterradora.
– ?Y tu eres una zorra, Cailin Druso! -siseo. -?Quien entre los dioses me odia tanto que te protegio de la muerte aquella noche, cuando yo lo habia organizado todo tan bien?
Cailin se arrojo sobre su primo y le clavo las unas en el rostro.
– ?Te matare yo misma! -grito con los dientes apretados.
Quinto Druso levanto la mano para darle una bofetada, pero de pronto alguien le cogio los brazos y lo inmovilizo. El panico se apodero de el cuando vio a un enorme guerrero sajon apartar a Cailin. Quinto Druso supo por su expresion que iba a morir.
– ?Nooo! -aullo, luchando desesperadamente por liberarse de la garra de hierro que le sujetaba.
Wulf desenvaino la espada. Era una hoja de doble filo, de unos ochenta centimetros de largo y hecha de acero finamente forjado, con la punta casi roma. Asiendo con fuerza el arma, el sajon la dirigio al corazon de Quinto Druso, retorciendo un poco la hoja para romper las arterias. Sus ojos azules no se desviaron de los de su aterrada victima. Su mirada era implacable. El terror que vio era un pequeno pago por toda la desdicha y dolor que Quinto Druso habia causado a los que le rodeaban, en especial a Cailin. Cuando la vida habia desaparecido de los ojos del romano, Wulf retiro la espada y la limpio en la toga del propio Quinto. Corio dejo entonces que el cuerpo cayera al suelo.
El sajon miro desafiante al magistrado, pero Antonio Porcio dijo con suavidad:
– El mismo se ha condenado con sus palabras. -Rodeo a su hija con un brazo para consolarla. -Esperad aqui -dijo a los hombres, y salio del atrio con Antonia.
– Un hombre realista -observo Corio con sequedad.
– Siempre ha sido un hombre practico -dijo Cailin. -Mi padre decia que, por su gordura, Antonio Porcio tenia que ser mas ligero que el vilano, pues podia volar en cualquier direccion con el viento, como una pluma de pato. -Bajo la mirada al cuerpo inerte de su primo. -Me alegro de que haya muerto. Solo lamento que no haya sufrido como mi madre.
– Tu madre esta con los dioses -la consolo Corio. -Este romano no, estoy seguro. -Miro a Wulf. -Creo que ahora los hombres pueden esperar fuera. Aqui no hay peligro.
– Hazlos salir -indico Wulf, y luego dijo a su esposa. -Ven a sentarte, ovejita. Ha sido una manana muy larga para una mujer en tu estado. ?Estas cansada? ?Quieres beber algo?
– Estoy bien -dijo ella. -?Parezco una criatura delicada a la que hay que mimar?
Pero no obstante se sento en un pequeno banco de marmol junto al estanque del atrio, que estaba vacio de agua.
Antonio Porcio regreso.
– He dejado a mi hija al cuidado de las mujeres -dijo. -Lamentablemente, vuelve a estar embarazada. -Se sento al lado de Cailin. -Querida mia, ?que puedo decir para aliviar tu sufrimiento? -Meneo la cabeza. -El nunca te gusto, lo se. A mi tampoco, pero me consideraba un anciano celoso del marido de mi unica hija. Bueno, ahora esta muerto y no volvera a causarte ningun dano, y a Antonia tampoco. Lo pasado, pasado esta. Cuando vuelva a Corinio me ocupare de que se de a conocer la noticia de que estas viva y de que recuperes legalmente tus tierras. Y tambien los esclavos de tu familia y todas las demas pertenencias, por supuesto. ?Donde vas a vivir? La villa esta en ruinas.
– Los guerreros dobunios que han venido con nosotros nos ayudaran a construir un refugio. Enterraremos a mi familia con honor y luego retiraremos los escombros y empezaremos. No se puede salvar nada. Tendremos que empezar desde cero, igual que mi antepasado, el primer Druso Corinio -dijo Cailin.
– ?Este fornido sajon es tu marido? -pregunto Antonio Porcio.
– Si. Nos casamos hace cinco meses -respondio ella, y al ver su rostro preocupado explico: -Lo elegi yo, Antonio Porcio. Los celtas no obligan a sus hijas a casarse.
– Lo se. A pesar de mi nombre romano, soy tan celta como tu.
– Yo soy britana -dijo ella. -Soy britana y Britania es mi tierra. No tomare partido contra ninguna de mis dos partes. Me siento orgullosa de mis antepasados y de su historia. Honro las viejas costumbres cuando puedo, pero soy britana, ni romana ni celta. Mi esposo, Wulf Puno de Hierro, es sajon, pero nuestros hijos seran como yo, britanos. Yo les ensenare mi historia y Wulf les ensenara la suya, pero seran britanos. Ahora todos hemos de ser britanos si queremos sobrevivir al oscuro destino que nos aguarda. Todo lo que conocimos ha cambiado, o esta cambiando. Vivimos en un mundo dificil.
– Si, hija mia, asi es -coincidio el. Se levanto y ayudo a Cailin a hacerlo tambien. -Ahora vete, Cailin Druso. Vete con tu fuerte y joven esposo y emprende un nuevo camino, un nuevo comienzo. Con el tiempo, el horror del
