pasando del negro absoluto al negro grisaceo y por fin a un gris claro cuando cruzaron la gran pradera que Cailin recordaba de su viaje a la fortaleza dobunia casi un ano atras. Los pajaros gorjeaban alegremente cuando cruzaron el segundo bosque y las colinas que conducian al hogar que Cailin habia conocido en otro tiempo.
En la cima de la ultima colina se detuvieron y al mirar hacia abajo Cailin vio las ruinas de la casa de su familia. Parecia que nadie las habia tocado; los escombros no habian sido retirados aunque los campos proximos estaban cultivados y los arboles de los huertos parecian cuidados.
– Llevame a la villa -pidio en voz baja. -Todavia es temprano y no hay nadie que pueda dar la alarma.
Wulf guio a sus guerreros colina abajo. Se pararon ante el edificio en ruinas y Cailin se apeo del caballo. Durante un largo momento permanecio con la vista fija y luego entro. Se abrio paso con cuidado a traves del atrio, pisando las maderas caidas que yacian esparcidas por lo que en otra epoca habia sido un magnifico suelo de piedra con mosaicos. Wulf, Corio y algunos hombres mas la siguieron.
Cailin entro al dormitorio de sus padres. Era imposible reconocer nada, salvo los huesos blanqueados y los cuatro craneos que se encontraban en diferentes angulos en el suelo.
– Es mi familia -dijo Cailin y las lagrimas acudieron a sus ojos. -Ni siquiera tuvo la decencia de enterrarlos con honor. -Mientras las lagrimas le resbalaban por el rostro, prosiguio: -La de alli, sobre la cama, es mi madre Kyna, carbonizada salvo algunos huesos largos y su craneo, que esta en lo que era un refugio amoroso para ella. Y alli, en fila, mi padre y mis hermanos. El craneo de mi padre debe de ser el mas grande. -Se arrodillo y toco uno de los craneos pequenos. -Este es Tito. Lo se porque tiene un diente astillado. Le di un golpe con una pelota cuando era pequena. Lo hice sin querer, pero a partir de entonces siempre pude diferenciar a mis hermanos. Y este es Flavio. Eran tan apuestos y estaban tan llenos de vida la ultima vez que les vi…
De pronto se sintio muy vieja, pero hizo un esfuerzo y se puso en pie.
– Ahora debemos irnos. Cuando hayamos recuperado mis tierras, regresaremos para enterrar a mi familia con la dignidad que merecen.
Se volvio y salio de las ruinas.
Corio meneo la cabeza.
– Es celta -dijo con admiracion.
– Criais mujeres fuertes -observo Wulf. Los hombres se reunieron con Cailin. -?Donde vive Quinto Druso? - pregunto el sajon a su esposa.
– Os guiare -respondio ella con voz firme y fria.
Los esclavos que trabajaban en los campos de Quinto Druso vieron acercarse al grupo armado. Se quedaron paralizados donde estaban. Los dobunios no les prestaron atencion. Wulf les habia asegurado que no proporcionaba ningun placer matar a esclavos desarmados. Cuando llegaron a la magnifica y espaciosa villa del primo de Cailin, detuvieron los caballos. Los esclavos que rastrillaban el sendero de grava desaparecieron como alma que lleva el diablo. Como habian acordado, cincuenta hombres se quedaron montados a la entrada de la villa. Cailin, Wulf, Corio y el otro centenar de hombres entraron en la casa sin anunciarse.
– ?Que es esto? ?No podeis entrar aqui! -grito el sirviente, corriendo como si pudiera detenerlos.
– Ya hemos entrado -dijo Wulf con voz grave. -Ve a buscar a tu amo. ?O prefieres probar mi espada, repugnante insecto?
– Esta es la casa de la hija del magistrado -gimio el sirviente, tratando desesperadamente de cumplir con su deber.
– Si el magistrado se encuentra aqui, ve a buscarlo tambien -ordeno Wulf, y le pincho su gordo vientre con la punta de la espada. -Me estoy impacientando -gruno.
Exhalando un gritito de horror al ver que la espada rasgaba su tunica, el hombre se dio la vuelta y salio corriendo; la risa de los dobunios le hizo enrojecer las orejas.
– Desde Antioquia hasta Britania todos son iguales, estos siervos superiores -observo Wulf. -Pomposos y engreidos.
Mientras esperaban en silencio, los dobunios echaron un vistazo al atrio, pues la mayoria de ellos nunca habia estado en una casa tan elegante. De pronto entro Quinto Druso en la estancia. Detras de su esposo, Cailin atisbo a su primo. Habia engordado desde la ultima vez que le habia visto y casi se podia decir que estaba gordo. Sin embargo aun era apuesto, pero ahora su mirada era dura y la boca tenia un mohin hosco.
– ?Como os atreveis a entrar en mi casa sin anunciar y sin haber sido invitados, salvajes? -les espeto Quinto Druso, pero mientras lo hacia sabia que no habria podido detener a aquellos hombres. -?Que quereis? ?Exponed el asunto que os trae aqui, si es que hay alguno, y luego salid!
Wulf lo evaluo y vio que era blando. No era un guerrero; solo una criatura carronera que dejaba que otros mataran por el y luego se acercaba para llevarse la mejor parte del botin. El sajon se hizo ligeramente a un lado para que Cailin diera un paso al frente.
– ?Salve, Quinto Druso! -saludo ella, disfrutando al ver el asombro de su primo y luego la furia reflejada en su rostro.
– ?Estas muerta! -dijo.
– No. Estoy viva, y muy viva, primo. He regresado para reclamar lo que es mio por derecho y para ocuparme de que se haga justicia. No tendre contigo mas piedad de la que tu tuviste con mi familia.
– ?Que es esto? ?Que ocurre? -pregunto Antonio Porcio entrando en el atrio seguido de su hija.
Antonia fue la que vio primero a Cailin y ahogo un grito de sorpresa.
– ?Cailin Druso! ?Como es posible! ?Moriste en el incendio hace casi un ano…! ?Donde has estado? ?Y por que llevas esa ropa tan horrible?
Cailin hizo un gesto de asentimiento a Antonia pero sus palabras iban dirigidas a Antonio Porcio.
– Magistrado jefe de Corinio, os reclamo justicia.
– La tendras, Cailin Druso -respondio el magistrado con solemnidad, -pero dime, chiquilla, ?como sobreviviste a aquel terrible incendio, y por que no has aparecido hasta ahora?
– Por razones que jamas comprendere -contesto Cailin, -los dioses no me dejaron morir en la tragedia que destruyo mi hogar. Durante las celebraciones de Beltane estuve levantada hasta muy entrada la noche. Cuando volvi a la villa la encontre en llamas y a mi abuela Brenna fuera, desplomada en el suelo. Ella insistio en que huyeramos, diciendo que nuestras vidas corrian grave peligro. Anduvimos toda la noche hasta que al amanecer llegamos a la fortaleza de mi abuelo Berikos, jefe de los dobunios. Alli nos conto lo que habia ocurrido.
– ?Que habia ocurrido? -pregunto Quinto Druso irritado.
– ?Tu, maldito romano! -exclamo Cailin. -Eres el deshonor del apellido Druso. Tu asesinaste a mi familia, ?y te atreves a hacerte el inocente? ?Ruego que los dioses te fulminen delante de mi, Quinto Druso!
Cailin miro de nuevo al magistrado.
– Mi primo se encargo de que dos esclavos galos consiguieran su libertad a cambio de cometer esa atroz accion. Entraron en la villa, mataron a mis padres y hermanos y derribaron a Brenna de un golpe dandola por muerta, pero ella no murio. Permanecio tumbada hasta que pudo escapar. Oyo a esos dos galos alardear de lo bien que habian cumplido la mision de su amo, primero asesinando a sus dos pequenos hijos y haciendolo aparecer como un descuido de las nineras, y luego el asesinato de mi familia. Incluso sabian donde guardaba el oro mi padre y se lo llevaron antes de huir.
»A mi tambien tenian que matarme, pero se hizo tarde. Los galos temieron que les descubrieran si no huian rapido, por eso prendieron fuego a la casa y se marcharon. Mi abuela escapo, arrastrandose entre las llamas y el humo. Huimos a la aldea de mi abuelo, temiendo que si mi primo se enteraba de que habiamos sobrevivido nos buscaria para acabar su proposito. Brenna no se recupero; murio en Samain. Ahora he regresado, Antonio Porcio, y reclamo lo que me corresponde por derecho como unica superviviente de la familia Druso Corinio. Ahora soy una mujer casada y mi hijo nacera despues de la cosecha. Quiero recuperar mis tierras y quiero que este asesino reciba su castigo -concluyo Cailin.
Habia mucho que digerir. A Antonio Porcio nunca le habia gustado Quinto Druso, pero se habia tragado sus sentimientos ya que tampoco le habia gustado Sexto Escipion. Habia supuesto que como padre sobre protector era natural que le desagradaran todos los maridos de su hija. Se dio cuenta de que quiza no se habia equivocado y su hija era incapaz de elegir a un buen hombre. Ahora Cailin acusaba a su primo no solo del asesinato de su familia sino tambien del de sus dos hijastros. Era terrible, pero en el fondo creia que era cierto. Quinto era un hombre frio y duro de corazon. Aun asi, Antonio Porcio era magistrado jefe. Todo lo que hacia tenia que ser conforme a la ley.
Respiro hondo.
