Corinio. Es un lugar maravilloso, con calles pavimentadas, tiendas y obras de alfareria, teatros y anfiteatro. Aun asi, no podria vivir alli. Hay demasiado ruido, bullicio y suciedad; y segun me han dicho hay lugares mas grandes que Corinio, incluso aqui, en esta tierra. Dicen que en el sudeste hay una ciudad enorme llamada Londres. Dos caminos de Corinio conducen a ella si se va lo bastante lejos, pero yo nunca he sentido deseos de seguir ninguno de los dos.

»He oido contar tus historias de las batallas en que participaste en Galia y en la tierra del Rin. No me llenan de excitacion como a otros jovenes. Me asustaron, y los celtas se supone que no tienen miedo a nada. Como tu, no veo razon para luchar salvo para conservar las tierras y proteger a la familia. La mayoria pensamos asi, y por eso Berikos debe marcharse. No le gustara, pero no tendra mas remedio que aceptar la voluntad de los dobunios.

– Brigit seguro que no estara contenta -observo Wulf. -Sera mejor que tengais cuidado con ella. Es una mujer perversa y no vacilara en hacer dano a quien crea que la ha traicionado a ella o a Berikos.

– No me hables de Brigit -dijo Corio. -Cuando vino a nuestra fortaleza de la colina como esposa de mi abuelo, intento seducirme. Nunca me ha perdonado que la rechazara. Y no soy el unico hombre al que se ha acercado. Otra cosa seria si Berikos la hubiera ofrecido, pero no lo ha hecho. Esta muy orgulloso de ella y celoso de cualquier hombre que mire en su direccion. Tienes razon al decir que no estara contenta. Ser la esposa de un jefe le proporciona cierto rango, pero ser simplemente la esposa de un anciano no. -Sonrio. -Creo que disfrutare viendo su disgusto, y no sere el unico que se alegre de su caida. Goza de las simpatias de poca gente.

– Creyo jugar una mala pasada a Cailin cuando sugirio a Berikos que me la ofreciera para compartir la cama la noche de mi llegada -dijo Wulf. -Sabia que esa era la costumbre dobunia pero no la de Cailin y esperaba avergonzarla y degradarla a traves de mi.

– Lo se -admitio Corio con voz suave. -De no haber resultado bien, habria estrangulado a Brigit con mis propias manos.

Wulf miro al joven. Por un instante vio algo en su rostro que nunca habia visto, pero rapidamente desaparecio.

– Te gusta Cailin -dijo.

– Le ofreci convertirla en mi esposa poco despues de que llegara, pero no me amaba, al menos como hombre. Dijo que me queria como una hermana. -Sonrio con ironia. -?Que hombre enamorado de una chica quiere oirle decir que le recuerda a su familia? Tu no le recuerdas a sus hermanos, seguro. ?La amas? Se que eres bueno con ella, pero algun dia eso no sera suficiente para Cailin. Es mas celta que romana. Necesita que la amen, no simplemente que le hagan el amor.

El corpulento sajon se quedo pensativo. No habia considerado la posibilidad de amar a Cailin. El tipo de amor del que hablaba Corio era un lujo entre hombres y mujeres. Un hombre queria una esposa que fuera buena productora de hijos, buena ayuda y quiza, si era afortunado, una buena amiga. Amor. Dio vueltas a la palabra en su imaginacion como si pudiera examinarla. ?La amaba? Sabia que queria estar con ella siempre que no tenia ninguna obligacion que cumplir. No solo hacerle el amor, sino estar con ella; verla sonreirle, oler su fragancia, hablar con ella y abrazarla en las noches de frio. Penso en los sentimientos confusos que habia tenido ultimamente cuando otros hombres miraban con admiracion a su esposa embarazada. Estaba orgulloso, pero tambien celoso. Penso en como seria su vida sin ella y comprobo que ni siquiera podia imaginarlo. Eso le sorprendio, y se oyo a si mismo decir:

– Si, la amo. -Y lo extrano fue que cuando esas palabras resonaron supo en lo mas profundo de su corazon que era cierto.

– Bien -dijo Corio con una sonrisa. -Me alegro de que la ames, porque Cailin te ama a ti.

Esta afirmacion sorprendio a Wulf.

– ?Ah, si? Nunca me lo ha dicho, ni siquiera en los momentos de mas pasion. ?Como es que sabes que me ama? ?Te lo ha dicho?

El nego con la cabeza.

– No, Wulf, pero lo veo en su rostro cada vez que pasas por su lado, en sus ojos que te siguen, en la forma en que sonrie con orgullo cuando alguien te alaba en su presencia. Todas estas son senales de sus sentimientos por ti, pero debido a que estaba tan protegida por su familia no es consciente todavia de lo que esos sentimientos significan. Algun dia lo hara, pero entretanto no debes ocultarle lo que sientes por ella.

– Le dije que no tomaria ninguna otra mujer, aunque no pudieramos hacer el amor por el nino que ha de nacer. Me parecio que eso le satisfacia -confeso Wulf a Corio.

El joven se echo a reir.

– ?Lo ves? -dijo con aire triunfante. -Esta celosa y eso, amigo mio, es senal segura de que una mujer esta enamorada.

Sin dejar de hablar, los dos hombres entraron en la casa. Cailin estaba sentada junto a su telar, tejiendo. Levanto la mirada y esbozo una sonrisa de bienvenida.

– ?Wulf! ?Corio! -Se levanto. -?Teneis hambre o sed? ?Os preparo algo?

– Manana partiremos para tu villa -anuncio Wulf.

– Ire con vosotros -dijo Cailin.

– No puedes -replico el. -Es trabajo de hombres.

– Ni las tierras de mi padre ni las de mi primo estan defendidas. Nunca hubo necesidad de ello. No encontrareis resistencia, os lo aseguro. Quinto Druso protestara, pero ni siquiera su suegro, el magistrado jefe de Corinio, me negara lo que es mio por derecho.

– No estaras a salvo -insistio Wulf- a menos que mate a ese Quinto Druso. Recuerda que el no tuvo piedad con tu familia.

– Jamas olvidare su traicion mientras viva. Claro que tienes que matarle, pero no de modo que el magistrado pueda acusarte de asesinato. Mi hijo debe tener a su padre.

– Y la madre de mi hijo debe permanecer aqui, donde estara a salvo -repuso Wulf con lo que consideraba pura logica.

– Si no voy contigo, ?como sabran que estoy viva? Quiero que Quinto me vea y sepa que he ido alli no solo para reclamar lo que me corresponde sino para exponer su maldad al mundo.

– No puedes montar a caballo, Cailin -tercio Corio.

– No me pasara nada si cabalgo junto con mi esposo -replico Cailin. -Mi vientre todavia no es tan grande. El nino no nacera hasta despues de la recoleccion. Tengo que ir. ?Tengo derecho a ver que se hace justicia!

– Muy bien -accedio su esposo, -pero partiremos antes del amanecer, Cailin. Si encontramos alguna resistencia, te apearas y te esconderas. ?Me prometes que lo haras, ovejita?

– Si -respondio ella, y sonrio casi con crueldad: -Sera terrible para ellos ver a un grupo de hombres armados aparecer por el bosque y los campos. Hace mas de cien anos que esto no ocurre, y sin duda no esta en la memoria de nadie. Sembrareis el terror en todo el que os vea. -Miro a los dos hombres. -?Berikos conoce vuestros planes?

Ellos negaron.

– Solo le diremos que llevamos a los hombres a una marcha de practica -dijo Wulf. -No tiene que saber mucho mas.

– No -coincidio Cailin. -Cada dia esta mas extrano, y pasa todo el tiempo con Brigit. Solo le veo durante las comidas por la manana y por la noche. Francamente, lo prefiero.

Los dos hombres no dijeron nada. El derrocamiento de Berikos no era asunto de Cailin. Ya se enteraria cuando sucediera.

Cuando se levantaron en la oscuridad de la noche para vestirse y partir, el aire estaba frio y humedo. Wulf entrego a su esposa un par de braceos.

– Corio me los ha dado para ti -dijo. -Estan forrados de piel de conejo y son lo bastante grandes para tu vientre.

A Cailin le encanto la prenda. Se confecciono un cinturon con una tira de cinta para sujetar los braceos y luego deslizo su camisa y tunica por encima. Sus botas tambien estaban forradas de piel de conejo y absorbieron el frio de los pies en cuanto se las puso. Se paso el peine de madera por el pelo y cogio su capa; en silencio siguio a su esposo fuera, donde Corio y los otros ya esperaban montados en sus animales.

Wulf monto su caballo y luego se inclino para ayudar a Cailin a subir. La luna menguante les proporcionaba escasa luz y el bosque estaba particularmente oscuro, pero con cada paso que daban, el cielo sobre ellos fue

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