Su tunica azul con bordados plateados ondeaba en torno a su cuerpo con elegancia.

– Pues si, senora, ha sido una noche estupenda -respondio el sajon.

– Wulf ha accedido a ayudarnos -dijo Berikos, complacido. Explico a su joven esposa la transaccion de tierras que habian acordado. -Y le he dado a Cailin como esposa.

– ?Que has hecho que? -Los ojos de Brigit se abrieron de asombro. Eso no era lo que ella habia planeado. Solo queria que el sajon violara brutalmente a Cailin y le destrozara el alma. Queria que la muchacha quedara avergonzada y dolida.

– Wulf me ha pedido la mano de Cailin -explico Berikos. -Su sangre mixta no le importa. Mi nieta esta de acuerdo. -Le mostro la moneda. -Wulf me ha dado esto como pago por ella. Es oro. Tu padre se contento con aceptar una pieza de plata y una pareja de perros de caza por ti, Brigit.

Los ojos de Brigit brillaron al ver el oro y Wulf penso que Berikos no conservaria por mucho tiempo el precio que habia recibido por su nieta. La mujer puso gesto malhumorado y al fin dijo:

– ?No hay nada para comer aqui? Cailin es negligente con sus obligaciones, ?o es que el matrimonio se le ha subido a la cabeza? Una buena esposa deberia tener la comida de la manana a punto a una hora razonable. Espero que Ceara regrese pronto.

– Quiza si no durmierais media manana, Brigit -dijo Cailin entrando en el comedor, -encontrariais la comida preparada. Berikos y mi esposo han comido hace horas. Si vais a la cocina, sin embargo, puede que os den algo si les decis que yo he ordenado que lo hagan. -Esbozo una amplia sonrisa. -Debo cumplir con mis deberes. Esta manana ha llegado un mensajero procedente del fuerte de la colina de Carvilio. Ceara y Maeve llegaran antes de ponerse el sol. Comeremos en cuanto lleguen. Procurad ser puntual, senora. -Se volvio hacia su abuelo. -?Habeis hecho un trato con mi esposo, Berikos?

– Si -mascullo el. Aquella muchacha era fuerte y no se dejaba vencer, lo admitia. -En el futuro, mestiza, habla con mas respeto a mi esposa -le advirtio. -Merece ser respetada.

– Solo si se lo gana, Berikos -espeto Cailin y, volviendo sobre sus talones, abandono la sala.

– ?Mira! -exclamo Berikos. -Ya has visto el latigo de su lengua, pero es demasiado tarde. Es tu esposa.

– La puya no iba dirigida a mi, Berikos. Me gustan las mujeres que dicen lo que piensan. Solo la escarmentare si me desafia.

Ceara, Maeve y Nuala llegaron cuando el sol invernal de media tarde tenia el cielo de bellos tonos rojizos, anaranjados, dorados y purpureos. Una estrella brillante flotaba sobre el fuerte de la colina de Berikos como si las guiara hacia la calida seguridad de su interior. Nuala estaba excitada por el regreso a casa, y corrio a abrazar a su prima.

Antes de que se enteraran por otro, Berikos conto a sus dos esposas de mayor edad la boda de Cailin. Ambas quedaron anonadadas e igualmente furiosas por la participacion que Brigit habia tenido en el asunto.

– ?Lo hizo por crueldad! -Exclamo Maeve en una rara demostracion de ira ante su esposo. -?Tu estabas lleno de vino e hidromiel, no lo dudo, y seguiste el juego a esa zorra! ?Que verguenza, Berikos!

– No tienes que aceptarle por esposo, mi nina -dijo Ceara a Cailin tratando de mantener la calma. -No es ninguna verguenza en nuestro pueblo que una mujer pruebe el placer con varios hombres. Si aprende a dar placer, ello aumenta su reputacion como buena esposa. Puedes retirar tu consentimiento, Cailin, si lo deseas. Berikos puede devolver la pieza de oro al sajon. Se puede hacer con honor.

– No deseo retirar mi consentimiento, Ceara -dijo Cailin con serenidad. -Wulf Puno de Hierro es un buen hombre. Estoy contenta de ser su esposa. No me siento atraida hacia ningun otro hombre. ?No habeis insistido en que me casara, senora? -bromeo.

– Pero cuando haya terminado su trabajo aqui -gimio Ceara, -te llevara a la costa sajona y no volveremos a verte.

– ?Buen viaje! -exclamo Brigit.

– ?Cierra la boca, zorra! -le espeto Ceara. -Deberia haberte matado cuando te vi por primera vez. ?No haces mas que causar problemas! -Se volvio hacia su esposo. -Te he honrado toda mi vida, Berikos. He defendido tus decisiones incluso cuando sabia que eran equivocadas. Permaneci callada cuando repudiaste a tu unica hija y jamas dije una palabra en defensa de Kyna cuando debi hacerlo. Apretaba los dientes cuando no nos permitias compartir la alegria de los nacimientos de los nietos de Brenna y permaneci de nuevo callada cuando Brenna nos abandono para ir a vivir con Kyna y su familia.

»?Eres un hombre necio, Berikos! Quieres recuperar la grandeza de los dobunios. ?Que grandeza? ?Jamas tuvimos grandeza! Somos un simple clan. Si intentas echar a los britanos ellos pelearan por esas tierras que han cultivado durante los ultimos cien anos. No lograras ningun exito en este plan, aunque no puedo impedir que lo intentes; pero no permitire que la unica nieta superviviente de Brenna nos abandone. Daras a este sajon las tierras que le prometiste y se quedaran aqui. A menos que desees pasar tus ultimos dias sin Maeve y sin mi.

Berikos estaba aturdido. En todos los anos en que habian estado casados, Ceara jamas le habia hablado con tanta dureza, en privado o en publico. Tampoco la habia visto nunca tan enfadada.

– ?Que quiere decir sin Maeve y sin ti? -fue lo unico que se le ocurrio preguntar.

– Te abandonaremos, Berikos -respondio Ceara con seriedad. -Iremos a otras aldeas y viviremos con nuestros hijos. Pero no temas. Estoy segura de que Brigit cuidara de tu casa y de ti con ternura cuando te pongas enfermo, y se ocupara de que tengas la comida preparada como te gusta. ?Sabe como te gusta la comida? Probablemente no, pero estoy segura de que se lo diras.

– Eso no es necesario -gruno Berikos nervioso.

Ceara alzo una ceja en gesto interrogador.

– ?De veras?

– Haremos algunos arreglos, lo juro -prometio Berikos a la furiosa mujer. -No hay necesidad de precipitarse.

– Ya veremos, anciano -replico Ceara, con tono sombrio.

Cailin elevo la mirada hacia su esposo, brillantes sus ojos al pensar en su conspiracion. Habian acordado en la acogedora intimidad de su cama, aquella manana, que no mencionarian las tierras de Cailin hasta que estuvieran preparados para trasladarse. No presionarian a Berikos para que mantuviera su trato. Cuando llegara el momento oportuno, recuperarian las propiedades de la familia Druso Corinio.

Habia corrido la voz entre las aldeas dobunias de que todo el que deseara aprender las antiguas artes de la guerra tenia que acudir a la aldea de Berikos, donde serian alojados, alimentados e instruidos a cambio de su servicio. Se construyeron varios barracones de madera dentro de las murallas de la fortificacion de la colina para los futuros guerreros. Acudieron ciento cincuenta hombres jovenes, de trece a dieciocho anos. Berikos quedo decepcionado ante este pequeno contingente. Sinceramente habia creido que serian muchos mas.

– ?Que esperabas? -le dijo Ceara. -Solo somos un millar. Muchos jovenes ya estan casados y no quieren abandonar a su familia. ?Por que iban a hacerlo?

– ?Y que me dices del honor? -espeto Berikos, ofendido por sus palabras.

Maeve rio entre dientes.

– El honor tiene pocas esperanzas de mantener caliente a un hombre en una fria noche de invierno. ?Y que mujer quiere pasar el invierno sola o con sus hijos, sin ningun hombre que la consuele?

– ?Eso es lo que los romanos han hecho con nosotros! -exclamo Berikos.

– Los romanos no nos hicieron nada que no dejaramos que nos hicieran -replico Ceara. -Ademas, ?que pueblo sensato no prefiere la paz a la guerra?

– Nuestro pueblo -dijo Berikos. -Nuestro pueblo que vino de la oscuridad y a traves de las llanuras y los oceanos a Britania, Eire, Cimris, Galia y Armorica. ?Nuestra raza celtica!

– ?Cuando aceptaras que esos tiempos ya han pasado, Berikos? -dijo Ceara y le apoyo una mano tranquilizadora en el brazo, pero el la aparto.

– ?No! No puede ser. ?Volveran! -insistio.

– Entonces entrena a tus guerreros, viejo terco -dijo ella irritada. -Cuando llegue la primavera, veremos que ocurre.

Llego el invierno con sus vientos frios, lluvias heladas y nieve. Wulf trabajaba con sus reclutas, los sometia a largas marchas en las peores condiciones climaticas y cargados con veinticinco kilos de peso a la espalda. Cuando al principio se quejaron, el les dijo con frialdad:

– Las legiones de Roma acarrean mas peso. Quiza por eso ya no sois duenos de todas vuestras tierras.

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