Preferis beber y contar historias indignas a entrenaros militarmente.
Los jovenes dobunios apretaron los dientes y no volvieron a quejarse. En el limpido aire de la fortaleza sonaban las espadas y las jabalinas al dar en el blanco mientras los futuros guerreros mejoraban sus habilidades en la batalla y la supervivencia.
Pero por muy duro que fuera Wulf al entrenar a sus hombres, con su esposa era completamente diferente. Ceara y Maeve estaban de acuerdo en que el sajon, aunque fiero oponente en el campo de batalla, era un alma gentil con Cailin y con los ninos de la fortaleza que le seguian con admiracion, suplicandole su favor. A menudo cogia a dos pequenos en brazos y cruzaba la aldea con ellos cuando se dirigia a su trabajo. No habia nino que no le adorara, ni una jovencita que no intentara atraer su atencion. Al fin y al cabo, nada limitaba a Wulf Puno de Hierro a tener una sola esposa. Sin embargo, las doncellas estaban condenadas a la decepcion, pues el sajon no tenia tiempo para nadie ni nada mas que su esposa y su deber.
Cailin se sentia satisfecha con la vida que llevaba. Tenia un esposo atractivo que era bueno y le hacia el amor apasionada y regularmente. Parecia suficiente, en particular cuando descubrio que estaba encinta. Se dio cuenta de que sus padres habian tenido una relacion diferente de la que ella mantenia con Wulf, pero no comprendia cual habia sido esa relacion.
El vientre hinchado de Cailin complacia a su esposo. Era la prueba de su virilidad ante los dobunios. Pero Berikos no estaba satisfecho. Ahora jamas se veria libre del sajon. Si antes Ceara y Maeve estaban decididas a que el y Cailin se quedaran, ahora serian implacables. Berikos suspiro para si. Bueno, de todos modos, ?que importaba un maldito sajon? Siempre existia la posibilidad de que Wulf muriera en una batalla.
Cailin disfrutaba de las largas y oscuras noches de invierno que pasaba acunada por Wulf. Una vez le hubo dado la noticia, el iba con mas cuidado pero no dejaba de ser un amante vigoroso. Le gustaba acariciar aquel vientre voluminoso y sus grandes y endurecidas manos rodeaban los senos de Cailin, que habian aumentado de tamano debido a su estado. Sus pezones, siempre sensibles, aun lo eran mas con cada dia que transcurria.
– Te has vuelto muy lasciva -le dijo una noche mientras la penetraba por atras para que su peso no danara al nino. Le acaricio el pecho, jugueteando con los duros pezones. Despues deslizo las manos hacia abajo y la rodeo por las caderas atrayendola hacia el con firmeza. Mordisqueo el cuello de Cailin y luego la beso.
Cailin se retorcia contra el.
– ?A las esposas no les esta permitido ser lascivas, esposo mio? Ooooh… -gimio suavemente cuando el la penetro mas profundamente, y empezo a mover despacio las caderas contra el.
Wulf gruno de placer. Nunca habia conocido a ninguna mujer que le provocara la excitacion que le producia Cailin. Ella le empalmaba mas deprisa y le hacia eyacular antes. No estaba seguro de que le gustara, pero sin duda no le desagradaba. Empezo a penetrarla ritmicamente y los grititos de placer de ella no hicieron sino aumentar los suyos.
Cailin penso que el ya debia de estar cansado, pero cada vez que la tomaba se excitaba tanto que llegaba un momento en que ella casi no podia soportarlo, tan dolorosamente dulce era. El parecio hincharse y crecer dentro de ella hasta que finalmente los dos alcanzaron el extasis. La sensacion de satisfaccion posterior tambien fue deliciosa. Incluso ahora, cuando el nino se movia dentro de ella, disfrutaba con las atenciones de Wulf.
– ?Aaaahhhh! -suspiro por fin.
– Pronto tendremos que dejar esto -dijo el de mala gana.
– ?Por que?
– Temo danar al nino.
– ?Tomaras otra mujer? -pregunto ella.
Wulf percibio los celos en su voz, lo que le complacio. Permanecio en silencio un largo momento.
– ?Te importaria si lo hiciera? -pregunto, fingiendo indiferencia.
Ahora le toco a Cailin quedarse un rato callada. ?Le importaria? Y si era asi, ?por que?
– Si -respondio por fin. -Me importaria que te llevaras otra mujer a la cama. Pero no me preguntes por que; no lo entiendo. Simplemente me importaria.
– Entonces no lo hare. Si no puedo contener mis deseos viriles, entonces no soy mejor que un chiquillo. Ademas, he visto las dificultades que encuentra tu abuelo al tener mas de una esposa. Creo que deberia evitar estas dificultades, aunque no te prometo que siempre piense igual, ovejita.
Cailin sonrio. No habria otras esposas si ella podia evitarlo. Una esposa era mas que suficiente para cualquier hombre, incluso para uno tan maravilloso como Wulf Puno de Hierro. Ella siempre seria mas que suficiente para el. Entonces se le ocurrio una cosa. ?Por que le importaba? ?Era posible que la amara? ?La consideracion que demostraba Wulf con ella era senal de amor? Cailin cayo en un sueno satisfecho, sintiendo el aliento de su esposo contra su oreja. Era una sensacion reconfortante.
Varios dias mas tarde, una luminosa manana de abril, Wulf puso en marcha su plan para recuperar las propiedades de su esposa. Reunio a los jovenes guerreros a quienes habia entrenado durante los meses invernales y les pregunto:
– ?Os gustaria demostrarme vuestra habilidad ayudandome a tomar una villa propiedad de un romano llamado Quinto Druso?
Los jovenes parecieron a todas luces incomodos. Corio, el primo de Cailin, dijo:
– La mayoria quiere regresar a sus aldeas, Wulf. Ya es epoca de sembrar y sus familias les necesitan. Nunca esperaste realmente que formarian un ejercito para Berikos y llevarian a cabo sus descabellados planes, ?verdad?
Wulf rio.
– No, Corio, no. Sin embargo, Quinto Druso hizo asesinar a la familia de Cailin y es el responsable de la muerte de Brenna. Cuando nos casamos prometi a Cailin que recuperaria sus tierras para ella y nuestros hijos.
Los ojos azules de Corio se abrieron como platos; luego sonrio.
– ?Por eso no has presionado al abuelo respecto a las tierras que te prometio? ?Todo este tiempo sabias que dispondrias de las propiedades de Cailin?
– Solo dispondre de ellas si tu y los demas me ayudais a recuperarlas y a poner a Quinto Druso en manos de la justicia -dijo Wulf. -No puedo hacerlo sin vuestra ayuda.
Corio se volvio hacia los otros jovenes.
– Solo sera unos dias -les dijo. -Vengaremos un agravio y Cailin podra volver a casa y criar alli a sus hijos, para honrar a su familia fallecida y para vivir en paz como vivimos nosotros. -Miro a sus companeros, y al ver que todas las cabezas asentian, se volvio hacia Wulf y declaro: -?Lo haremos!
– Gracias. Que descanseis bien, muchachos -les deseo el sajon. -Partiremos por la manana. -Los despidio, pero Corio le cogio por el brazo mientras los otros se alejaban en diferentes direcciones. -?Que ocurre, Corio?
– Debo decirte algo, Wulf. Se trata de mi abuelo, pero debes mantener en secreto lo que voy a revelarte.
– De acuerdo.
Corio no se anduvo por las ramas.
– Los hombres han tenido una reunion clandestina. Como sabes, Berikos vive en el pasado; un pasado del que el ni siquiera formo parte, lo cual resulta aun mas extrano. A medida que envejece, su deseo de expulsar a todos los romanos de Britania aumenta. Brigit le estimula. Nosotros no deseamos secundarlo en su locura, pero mientras sea nuestro jefe debemos obedecerle. Sin embargo, tenemos la opcion de sustituirle por otro. Mi padre, Epilo, ha sido elegido para acaudillar la colina dobunia. Berikos puede retirarse con honor y pasar el resto de sus dias divirtiendose como quiera.
– ?Cuando ocurrira esto? -pregunto Wulf.
– Poco antes de Beltane. Recuperaremos las tierras de Cailin y luego regresaremos para ayudar a los demas a deponer a mi abuelo.
– Creo que es una sabia decision. Algunos hombres en el poder envejecen y su sabiduria aumenta con la edad. Su juicio sigue siendo bueno. Otros, sin embargo, pierden el sentido de la proporcion. Berikos es uno de ellos, me temo. Tu pueblo jamas tendra verdadera paz mientras el os gobierne. Entiendo tu deseo de paz. He visto suficientes guerras. No volvere a pelear salvo en defensa de mis tierras y mi familia. No existe ninguna otra razon para ello.
– He vivido toda mi vida entre estas colinas -declaro Corio. -Lo mas lejos donde he estado es la ciudad de
