Cailin se detuvo junto al banco donde su abuelo permanecia al sol de la manana de mayo. Se inclino para besarle su blanca cabeza y le dio un apreton en la mano.

– Adios, abuelo -dijo con voz suave. -Os traere el nino cuando haya nacido.

Ella y Wulf regresaron a su hogar y Cailin, mas fuerte de lo que creia, ayudo a sellar las paredes del nuevo granero con adobe y canas mientras Wulf trabajaba en sus campos con los sirvientes. Era un buen verano, ni demasiado seco ni demasiado humedo. En los huertos la fruta crecia y colgaba de las ramas de los arboles. El grano maduraba lentamente mientras el heno se cortaba, secaba y finalmente almacenaba en cobertizos para el invierno siguiente.

El ganado engordaba; sus rebanos habian aumentado considerablemente aquella primavera con el nacimiento de muchos terneros. En los prados las ovejas tambien se habian multiplicado y se acercaba la epoca del esquileo. Un calido dia, Cailin, sentada fuera de la casa, miro con satisfaccion al otro lado de los campos. Por un momento le parecio que nada habia cambiado, y sin embargo todo habia cambiado. Era una epoca diferente y empezaba a percibir la diferencia con mas fuerza.

Una noche, ella y Wulf yacian de espaldas en la ladera de la colina, contemplando las estrellas.

– ?Por que nunca mencionas a tu familia? -le pregunto ella. -Voy a tener un hijo tuyo y sin embargo no se nada de ti.

– Tu eres mi familia -respondio el cogiendole la mano.

– ?No! -exclamo ella. -Hablame de tus padres. ?Tenias hermanos? ?Que les sucedio? ?Estan en Britania?

– Mi padre murio antes de que yo naciera -conto el. -Mi madre murio cuando yo tenia poco mas de dos anos. No recuerdo nada de ellos. Eran jovenes y yo era su unico hijo.

– Pero ?quien te crio? -pregunto Cailin.

Lamentaba que no tuviera parientes cercanos, pero por otra parte eso significaba que Wulf era solo para ella.

– Los parientes, en la aldea junto a un rio de Germania. Fui pasando de un pariente a otro como un animalillo adorable pero no deseado. No se portaban mal conmigo, pero la vida era dura. Nadie necesitaba otra boca que alimentar. Me marche cuando cumpli trece anos e ingrese en las legiones. Jamas regrese. Ahora esta es mi tierra, mi hogar. Tu y nuestro hijo sois mi familia, Cailin. Hasta que te conoci estaba solo.

– Hasta que me conociste -dijo ella- yo tambien estaba sola. Los dioses han sido bondadosos con nosotros, Wulf.

– Si -coincidio el.

Ambos levantaron la mirada y vieron una estrella fugaz cruzar el firmamento.

Un dia llego un esclavo de Antonio Porcio con un mensaje. Antonia habia empezado a tener dolores de parto y el magistrado no sabia que hacer. Segun decia, las criadas de Antonia parecian confundidas, aunque no deberian estarlo, penso Cailin. El anciano rogaba que Cailin acudiera a la villa para ayudarles. A Wulf Puno de Hierro no le gusto la idea, pero Cailin considero, a la luz de la bondad que el magistrado habia mostrado hacia ellos, que no podia negarse.

– Acolcharemos la carreta y asi viajare con comodidad -dijo a su esposo. -Nuestro hijo no tiene que nacer hasta dentro de unas semanas. Aunque vayamos despacio, estare de vuelta antes de que acabe el dia.

Antonio Porcio agradecio la llegada de Cailin. Antonia seguia con dolores y tenia grandes dificultades.

– Echo a todas las mujeres que siempre habian estado con ella despues de la muerte de Quinto y las sustituyo por un grupo de jovencitas. No se por que -explico a Cailin, respondiendo a la pregunta que ella no formulo.

– Probablemente queria empezar de nuevo -sugirio Cailin. -Quiza las otras mujeres que vivian con ella cuando estaba casada con Sexto Escipion y luego con mi primo la entristecian. Solo le recordaban todo lo que habia perdido, los tiempos mejores que se habian ido.

– Puede que tengas razon, Cailin -respondio el anciano.

– Me habeis pedido que venga y he venido -dijo Cailin, -pero ?que le parecera mi presencia a Antonia? Yo la ayudare, por supuesto, pero no soy experta. ?Por que no tenia a una comadrona entre su servidumbre?

El se encogio de hombros.

– No lo se.

– Nunca he ayudado a parir, pero se lo que hay que hacer. Antonia podra ayudarme, ya que es su cuarto hijo. Llevadme junto a ella.

Cuando llegaron a los aposentos de Antonia, la encontraron sola, pues sus doncellas habian huido. Al ver quien acompanaba a su padre, los ojos azules de Antonia destellaron por un momento, pero reprimiendo su ira pregunto:

– ?A que has venido, Cailin Druso?

– Tu padre me ha pedido que te ayude, aunque la verdad es que tu entiendes mas que yo de parir un hijo. Pero hare lo que pueda, Antonia. Al parecer tus jovenes mujeres no saben hacer nada.

Antonia gimio al sentir una contraccion, pero hizo un gesto de asentimiento.

– Has sido bondadosa al venir -admitio de mala gana.

El bebe, que llego poco despues, nacio muerto, con el cordon umbilical enrollado en el cuello. Era un nino, con el rostro azulado. Cailin lloro abiertamente con pesar. Aunque habia detestado a su primo Quinto, sabia que Antonia le habia amado. Amando a Wulf como le amaba, Cailin pudo imaginar la profunda tristeza de Antonia al perder al hijo postumo de Quinto Druso.

Sin embargo, Antonia tenia los ojos secos.

– Es mejor asi -dijo con tono fatalista. -Mi pequeno Mario ahora esta con los dioses y con su padre.

Exhalo un exagerado suspiro.

«Es dificil que Quinto este con los dioses», penso Cailin con amargura mientras Antonio Porcio trataba de consolar a su hija.

– Me quedare a pasar la noche y regresare a casa manana -les dijo Cailin, dando un pequeno respiro cuando sintio una leve contraccion en el vientre.

– ?Que ocurre? -pregunto Antonia.

– Solo ha sido una punzada -respondio Cailin aparentando mas seguridad de la que sentia.

Le desagradaba encontrarse alli y le parecia que la manana no llegaria nunca.

– No me dejes tan pronto, Cailin -suplico Antonia. -Quedate conmigo unos dias, al menos hasta que se me haya pasado la pena de los primeros momentos. No le sirves de nada a tu apuesto esposo en tu estado actual. Quedate conmigo. Estoy segura de que te gustara disfrutar de mis banos. En tu casa no tienes tantas comodidades.

Cailin considero la tentadora oferta de Antonia. Realmente queria irse a casa, pues Antonia le hacia sentirse incomoda. Si en verdad sentia pena por la perdida de su pequeno hijo, Cailin no lo veia. ?Que clase de mujer era? Con todo, su tono de suplica parecia autentico y la oferta de los banos era seductora. A Cailin no le importaba la vida mas sencilla que llevaba, salvo por una cosa: verdaderamente echaba de menos los banos, con su sistema de calentamiento hipocaustito, que habia en la antigua villa de su familia. Hacia mas de un ano que habia disfrutado del lujo de un largo bano caliente. Seria agradable quedarse unos dias para volver a hacerlo.

– Bueno -dijo. -Me quedare, Antonia, pero solo dos o tres dias.

Luego envolvio el cuerpo del bebe en una pequena sabana y se lo llevo para que recibiera sepultura y envio a las necias doncellas de Antonia junto a su ama para que atendieran a sus necesidades.

Su ama apenas se fijo en ellas. Estaba demasiado ocupada trazando planes. Habia visto el espasmo que habia cruzado el rostro de Cailin. ?Era posible que el parto se le adelantara? ?O quiza habia calculado mal el momento de la llegada de su hijo? Antonia Porcio sabia que nunca volveria a tener una oportunidad asi para vengarse, y ansiaba hacerlo. Si Cailin tuviera a su hijo alli, sola y sin su esposo sajon, la esposa y el hijo de Wulf Puno de Hierro se hallarian a su merced. «Oh, Quinto -penso. -Ayudame a vengar tu injusta muerte a manos de ese barbaro. ?Dejame hacerle sufrir como yo he sufrido! ?Por que el ha de ser feliz cuando yo no lo soy?»

– Eres buena al quedarte con Antonia -dijo Antonio Porcio a Cailin aquella noche, mientras cenaban. -Esta tragedia no podia haber sucedido en peor momento para mi. He encontrado comprador para mi casa de Corinio. Tengo intencion de vivir aqui con Antonia, ya que se ha quedado viuda. Por estos alrededores hay pocos hombres jovenes y es posible que ya no tenga ocasion de volver a casarse. Mi nieto necesitara la influencia de un hombre. Si Antonia vuelve a casarse, ningun yerno se negara a darme cobijo en esta casa. Y aunque ella no lo admitira nunca, creo que mi hija me necesita.

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