con el emperador Claudio.
– Veo que tengo que aprender mucho acerca de los britanos, senora. Espero que compartireis vuestros conocimientos conmigo. Valoro en gran medida el conocimiento -declaro Zeno.
Durante los siguientes dias Cailin exploro su nuevo ambiente. Villa Mare se parecia mucho a su hogar de Britania; era una sencilla pero confortable villa en el campo. El atrio tenia un pequeno estanque cuadrado con peces y a ella le gustaba sentarse alli durante el calor del dia, cuando en el exterior no se estaba demasiado bien. Su dormitorio era espacioso y aireado. No habia mas que una docena de sirvientes, todos ellos ya mayores. Era evidente que el general Aspar enviaba a Villa Mare a los esclavos que deseaba retirar, pues alli disfrutarian de una vida mas sencilla y facil. Parecia un acto de bondad, y con ello crecio la curiosidad que sentia por el hombre que la habia rescatado de Villa Maxima; pero, al parecer, no se le esperaba pronto. Era como si, deliberadamente, la dejara en soledad para que se recuperara de la dificil prueba que habia afrontado en los ultimos meses. Si era asi, Cailin le estaba agradecida.
Zeno se quedaba fascinado con las historias que ella le contaba de Britania. Al parecer, nunca habia estado en ninguna otra ciudad aparte de Constantinopla y sus aledanos. A Cailin le sorprendio descubrir que a pesar de su posicion social era un hombre muy culto. Sabia leer y escribir latin y griego, y tambien llevar las cuentas. Le conto que habia sido educado con el hijo de un noble de la corte de Teodosio II y habia llegado al hogar del general Aspar cuando su amo habia muerto lleno de deudas; entonces el, junto con los otros esclavos de la casa, fueron vendidos.
– Vos no nacisteis esclava, mi senora -le dijo Zeno un dia.
– No -respondio ella. -Fui traicionada por una mujer a la que creia amiga. Hace un ano yo estaba en Britania y era esposa y futura madre. Si me hubieran dicho que este seria mi destino, jamas lo habria creido, Zeno. -Sonrio levemente, casi para si. -Algun dia regresare a casa y me vengare de esa mujer. ?Lo juro!
Era evidente que aquella joven pertenecia a la clase alta, pero como Zeno habia nacido esclavo, hijo y nieto de esclavos, no hizo mas preguntas. Habria sido presuntuoso por su parte y no podia, a pesar de su curiosidad, cambiar los habitos de toda una vida. No importaba que ella tambien fuera esclava. Era una esclava que habia nacido patricia. Era superior a el, a pesar de su juventud.
– Hablame de tu amo -pidio Cailin.
– ?No le conoceis? -dijo Zeno. -Que curioso.
– Ni siquiera se que aspecto tiene -admitio ella con inocencia. -El amo de la casa en que servia vino a mi una manana y me dijo que el general Aspar me habia visto y admirado y me habia comprado. Entonces me enviaron aqui. Todo me resulta muy extrano.
Zeno sonrio.
– No -dijo. -Es el tipo de cosa que el haria, senora. Los que estamos con el hace tantos anos conocemos su buen corazon, aunque no tiene fama de ello. La tendria si fuera emperador de Bizancio, senora, pero en cambio coloco a Leon en el trono.
– ?Por que?
Indico a Zeno que se sentara con ella junto al estanque del atrio, alentandole a proseguir.
– Desciende de los alanos, senora. En otro tiempo fueron un clan nomada dedicado al pastoreo que vivia mas alla del mar Negro. Los alanos fueron expulsados de su tierra por los hunos, una fiera tribu guerrera que hasta hace poco era gobernada por un animal llamado Atila. Aunque el general es cristiano, es un cristiano ario. Mientras que los cristianos ortodoxos creen que su Santisima Trinidad (el Dios Padre, el Hijo y el Espiritu Santo) son uno y trino, los arios creen que el Hijo es un ser diferente de Dios Padre y lo subordinan a el.
»Discuten una y otra vez la doctrina. Aunque algunos de nuestros emperadores se sienten atraidos pe los arios, la Iglesia ortodoxa se mantiene firme en Bizancio. No dejaran que un cristiano ario reconocido sea emperador. Sinceramente, no creo que el quiera serlo, senora. El emperador no es un hombre libre. Preferiria ser un hombre libre que monarca.
– ?Tiene esposa? ?O hijos? -pregunto Cailin.
– Durante muchos anos el general estuvo casado con una buena mujer de Bizancio, Ana. En el primer ano de su matrimonio tuvieron un hijo, Ardiburio, luego una hija, Sofia. Hace nueve anos la senora Ana tras muchos anos de esterilidad, dio a nuestro amo su segundo hijo varon, Patricio. El parto la debilito y permanecio invalida hasta su muerte hace tres anos. Villa Mare se compro para ella, porque se creyo que el aire del mar le resultaria saludable.
»Creiamos que el general seguiria sin pareja, pero el ano pasado volvio a casarse. Sin embargo, se trata de una alianza politica. La senora Flacida es viuda y tiene dos hijas casadas. Ni siquiera vive en la casa de nuestro amo en la ciudad, sino que sigue en el hogar que tuvo durante anos. Es una mujer de la corte con poderosas conexiones, pero me temo que resulta una pobre compania para el general. El esta solo.
– El problema con los siervos viejos y valiosos, -dijo una voz profunda- es que saben demasiadas cosas de uno y son dados a la conversacion ociosa.
Zeno se levanto al instante y se arrodillo ante el hombre que habia entrado en el atrio, besandole el borde de la capa.
– Perdone a un viejo necio, mi senor -dijo, y anadio: -?Por que no enviasteis recado de que veniais?
– Porque esta casa siempre esta en perfecto orden para recibirme, Zeno -respondio Aspar, ayudando al anciano a ponerse en pie. -Ahora ve y traeme un poco de vino fresco, el vino chipriota, pues el viaje ha sido largo y caluroso. -Tras despedir al criado, se volvio a Cailin: -?Has descansado bien?
– Gracias, mi senor -respondio ella tratando de no mirarle fijamente.
– ?Zeno se ha ocupado de que estuvieras comoda? -pregunto el.
«Que hermosa es», penso. La habia comprado en un impulso, por piedad, pero ahora se daba cuenta de que quiza no habia sido tan necio. Hacia mucho tiempo que ninguna mujer le habia hecho latir el corazon con violencia y encenderle la entrepierna de puro deseo.
– No me han tratado mas que con amabilidad, mi senor -contesto Cailin con voz suave.
«Es un hombre muy atractivo», penso, comprendiendo al ver su mirada el lugar que ocuparia en aquella casa.
– Dadme la capa -se ofrecio, desabrochando el boton de diamante de la prenda y dejandola a un lado.
El era cuatro o cinco centimetros mas alto que ella; no tan alto como Wulf o el trio de hombres del norte, pero tenia un cuerpo solido y robusto. Era evidentemente un general que se mantenia en tan buena forma como se exigia a sus hombres.
– ?Que perfume llevas? -pregunto el.
– No llevo ningun perfume, mi senor, pero me bano cada dia -respondio Cailin, nerviosa, apartandose un paso de el. -Probablemente es el aroma del jabon lo que permanece en mi piel.
– Una vez haya tomado el vino nos banaremos juntos. El viaje ha sido caluroso y en la ciudad aun hacia mas calor. ?Te gusta estar cerca del mar?
– Me crie en el campo, mi senor, y vivi alli hasta que llegue a Constantinopla. Lo prefiero a la ciudad - respondio con calma, pero el corazon le latia con fuerza. «Nos banaremos juntos.» Si antes habia albergado alguna duda respecto a que lugar iba a ocupar alli, ahora ya no le quedaba ninguna.
Zeno regreso con el vino y Aspar se sento en el banco de marmol junto al estanque, bebiendo a sorbos la bebida fresca y apreciandola. Cailin permanecio callada a su lado, observandole. Tenia el pelo castano oscuro, moteado de plata; lo llevaba corto y peinado a la manera militar. La mano que sujetaba la copa era grande y los dedos largos y de aspecto fuerte. Llevaba un gran anillo de oro en el dedo medio. El rubi que ostentaba estaba tallado en forma de aguila de dos cabezas, el simbolo de Bizancio.
El percibio su mirada y levanto los ojos. Cailin enrojecio. El sonrio. Fue una sonrisa rapida y traviesa como la de un nino. Tenia los dientes blancos y regulares y los ojos mostraban un brillo gris plateado. Las arrugas alrededor de los ojos le indicaron que era un hombre que sonreia con facilidad.
– Creo que tengo la nariz demasiado grande, ?que opinas tu, Cailin?
Volvio a sonreir y ella sintio que las rodillas le flaqueaban. No era un hombre guapo, pero tenia algo.
– Creo que teneis una nariz muy bonita, mi senor -respondio.
– Las ventanas son demasiado grandes -replico el. -Pero mi boca esta bien proporcionada, ni demasiado grande ni demasiado pequena. Nuestro amigo Joviano tiene una boca como el arco de Cupido, pero adecuada para un hombre, ?no lo crees asi? Probablemente de nino era encantador.
