– Joviano todavia tiene algo de nino -observo Cailin.
Aspar emitio una risita.
– O sea que hay un ojo experto y, sospecho, un agudo intelecto bajo ese hermoso rostro y cuerpo. -No sabia que mi rostro fuera particularmente visible cuando me visteis, mi senor, y mi cuerpo estaba bastante contorsionado o asi me lo parecia -dijo Cailin con sentido del humor. Luego se puso seria. -?Por que me comprasteis, senor? ?Teneis por costumbre comprar internas de burdeles?
– Cuando te vi me pareciste la mujer mas valiente que jamas habia conocido -dijo el. -Estabas luchando por sobrevivir en Villa Maxima. Lo vi en la mirada vacia con que obsequiaste al publico y el modo estoico con que aceptabas la degradacion a que te sometian en aquella obscena obra de Joviano.
»El imperio que gobierna el mundo, al menos gran parte de el, esta regido por los mismos degenerados que encontraron divertida tu verguenza. Yo soy miembro de esa clase gobernante, pero esa gente me asusta mas que cualquier peligro que jamas haya arrostrado en la batalla. Cuando de manera impulsiva te compre a Joviano, quien por cierto no se habria atrevido a negarse a mi peticion, lo hice porque me parecio que tu valentia debia ser recompensada liberandote del infierno que tan valientemente soportabas. Ahora, sin embargo, creo que quiza tambien habia otra razon. Me excitas, al parecer.
Su franqueza sorprendio a Cailin. Esta lucho por conservar la compostura.
– Debe de haber muchas mujeres hermosas en Bizancio, mi senor -dijo. -Segun me han dicho, es una ciudad de mujeres bellas sin igual. Seguro que hay otras que merecen vuestra atencion mas que yo, una humilde esclava de Britania.
La carcajada que solto Aspar sobresalto a Cailin.
– Por Dios, no habia pensado que la pusilanimidad formara parte de tu naturaleza, Cailin -dijo Aspar.
– ?Nunca he sido pusilanime! -protesto ella indignada.
– Entonces no empieces a serlo ahora -la reprendio el. -Eres una mujer hermosa y te deseo. Puesto que te compre, poco puedes hacer excepto soportar el horrendo destino que te tengo reservado.
Dejo la copa y se levanto para colocarse frente a ella.
– Si, vos me poseeis -dijo Cailin, y, para su verguenza, las lagrimas acudieron a sus ojos y se vio incapaz de controlarlas. -Tengo que obedeceros, mi senor, pero jamas me tendreis por completo, pues hay una parte de mi que solo yo puedo dar. ?Ningun hombre puede cogerla!
El le cogio la barbilla entre el pulgar y el indice, asombrado por las sinceras palabras de Cailin y conmovido por su apasionado reto. Las lagrimas resbalaban lentamente por las mejillas de la muchacha como pequenas cuentas de cristal.
– Dios mio -exclamo el, -?sabias que tus ojos brillan como amatistas cuando lloras? Me partes el corazon. ?Cesa, te lo ruego, belleza mia! Me rindo humildemente a tus pies.
– ?Detesto ser esclava! -exclamo ella desesperada. -?Y como es que podeis atravesar las defensas que con tanto cuidado he construido a mi alrededor en estos ultimos meses, cuando nadie mas ha podido hacerlo?
– Utilizo mejor tactica que los otros -bromeo el. -Ademas, Cailin, aunque tientas mi naturaleza mas primaria, te encuentro fascinante en otros aspectos. -Le enjugo las lagrimas con un dedo, suavemente. -Ya he terminado mi vino. Nos conoceremos mejor en el bano. Te prometo que procurare no volver a hacerte llorar si no te muestras pusilanime. ?Satisfecha, belleza mia? Creo que soy bastante generoso.
Cailin no podia enfadarse con el. Realmente se estaba comportando con mucha bondad, pero aun asi tenia un poco de miedo.
– De acuerdo -dijo por fin.
– Vamos, pues -repuso el, y la cogio de la mano y salieron juntos del atrio.
CAPITULO 09
El bano en Villa Mare era peculiar en que no se trataba de una habitacion interior. Daba al mar y tenia un portico abierto que podia cerrarse mediante contraventanas para protegerse del frio o las inclemencias del tiempo. La vista que se tenia desde la habitacion era bella y calmante. Las paredes estaban decoradas con mosaicos. Una representaba a Neptuno, el dios del mar, de pie entre las olas, un tridente en una mano y una concha en la otra, sobre la cual soplaba. Detras de el saltaban unos delfines de color azul plateado. Otra pared ofrecia una escena de las muchas hijas de Neptuno, divirtiendose entre las olas con un grupo de caballos marinos; la tercera pared exhibia al poderoso rey del mar seduciendo a una hermosa joven en una cueva submarina. El suelo de mosaico del bano consistia en imagenes de peces y vida marina. Era divertido y de alegres colores.
Junto al bano habia un vestuario revestido de azulejos, pero la sala principal servia para todos los pasos necesarios para el bano, a diferencia del elegante complejo de Villa Maxima, que tenia diferentes habitaciones. La piscina estaba forrada de azulejos azul mar y el agua era calida. En una esquina, una fuente con taza de marmol ofrecia agua fresca. Habia depresiones en forma de concha con desagues para enjuagarse y bancos para recibir masaje.
Aspar despidio a la anciana esclava encargada del bano.
– La senora Cailin desea servirme -indico a la mujer, y esta sonrio exhibiendo su dentadura vacia en muestra de complicidad.
– Aqui se derrocha discrecion -dijo Cailin, recogiendose el pelo en lo alto de la cabeza.
– Quitate la tunica. Quiero verte tal como Dios te hizo, Cailin. Inclinada tal como estabas la ultima vez que contemple tus encantos, apenas pude ver gran cosa, pues aquellos hombres te ocultaban casi por completo.
– Tal vez lamenteis no haber comprado uno de ellos -bromeo ella.
Se paso la tunica por la cabeza y la arrojo sobre un banco. Permanecio callada e inmovil, sorprendida de no sentirse mortificada; pero, como sospechaba, su estancia en Villa Maxima la habia despojado de todo falso pudor.
– Vuelvete despacio -ordeno el con admiracion.
Entonces el se quito toda la ropa: se desabrocho los braceos y los dejo resbalar al suelo, luego los calzoncillos, la tunica y la fina camisa de hilo.
Cuando Cailin se volvio para mirarle de frente, encontro a Aspar desnudo como ella. Sobresaltada, enrojecio. El guardo silencio, dandole la misma ventaja de la que el habia disfrutado antes, y luego tambien se volvio. La primera impresion que habia recibido Cailin habia sido buena. El cuerpo del hombre era firme, con buenos musculos y bronceado por el sol. No estaba gordo, pero tampoco delgado. Habia en el una robustez solida que a Cailin le resulto reconfortante. Llevaba las piernas y los brazos depilados, igual que su pecho. Sus piernas eran mas largas de lo que ella esperaba y su torso, duro y bien esculpido. Las nalgas eran firmes.
Sus organos sexuales eran mas pequenos de lo que ella estaba habituada a ver, pero supuso que eran de tamano normal. Sus «barbaros» y Wulf eran excepciones a la regla, le habia asegurado Casia cuando hablaron de ello en una ocasion. Su curiosidad la habia llevado a preguntar a la cortesana quien la habia instruido tan bien en las artes de Eros. Casia habia resultado una fuente de informacion util y fascinante para Cailin, que carecia de experiencia respecto a las practicas amatorias.
La voz de Aspar la devolvio al presente.
– ?Me encuentras hermoso como yo a ti? -le pregunto.
– Si -respondio ella con voz suave.
Era un hombre atractivo y Cailin no veia razon para no reconocerlo.
– Coge el rascador y rascame -ordeno el. -Estoy muy sucio del viaje. Los caminos estan llenos de polvo en esta epoca del ano.
Cailin cogio el utensilio de plata y empezo a rascar el sudor y la mugre que el viaje al calor del dia habia depositado en la piel de Aspar. Ella habia observado trabajar a las encargadas del bano en Villa Maxima, pues Casia le habia advertido que los hombres con frecuencia deseaban ser servidos asi por sus amantes. Lentamente, con cuidado, Cailin le fue restregando, pasando de los hombros al pecho, de los brazos a la espalda y por fin las piernas.
– Tienes mucha habilidad para esto -musito el con voz suave mientras ella se arrodillaba ante el, pasandole con cuidado el utensilio por los muslos.
– Soy novata en esta tarea -dijo ella, -pero me alegra complaceros, mi senor.
