tambien con joyas. Una capa a juego forrada de piel completaba su atuendo. Flacila se miro con atencion en el espejo de plata pulida. Sonrio satisfecha. Aspar quedaria impresionado.

Sus porteadores se apresuraron por el Mese y cruzaron la puerta Dorada. Era un dia agradable y Flacila miraba por una abertura en las cortinas el paisaje rural. De vez en cuando veia campesinos podando arboles en los huertos que ocasionalmente bordeaban el camino. Era una escena relajante y casi bucolica, penso Flacila, y un poco aburrida. ?Por que Aspar vivia en el campo? La litera cruzo las puertas de Villa Mare y entro en el patio, donde se detuvo. El vehiculo fue depositado en el suelo. Alguien le tendio una mano para ayudarla a salir.

– ?Quien eres? -pregunto Flacila al anciano.

– Soy Zeno, el sirviente del general Aspar.

– Yo soy Flacila, la esposa del general. Dile que he llegado -ordeno ella con aire majestuoso. -Ensename el camino del atrio, Zeno, y traeme un poco de vino.

Zeno estaba horrorizado.

– Si la senora quiere seguirme -dijo con calma.

Era una pequena villa encantadora, penso Flacila, quiza un poco rustica para su gusto. Nunca habia estado alli. Sin embargo, no entendia por que Aspar la preferia a su palacio en la ciudad. Se acomodo en un banco de marmol a esperar su vino y a que apareciera su esposo.

Aspar llego antes que el vino. Su saludo fue menos que cordial.

– ?Que haces aqui, Flacila? ?Que te ha traido al campo en una manana de invierno?

Parecia incomodo y ella se pregunto por que. Entonces se le ocurrio que su esposo tenia una amante. Vivia con ella y no queria que nadie lo supiera. ?Vaya con el viejo zorro! Flacila estuvo a punto de echarse a reir.

– He venido por un asunto de importancia -empezo ocultando lo divertida que le resultaba la situacion.

– ?Ah, si?

– Quiero el divorcio, Aspar.

No era momento de mostrarse delicada. A ella le importaba un bledo que tuviera una amante o un centenar escondidas en el campo. Ella se habia casado dos veces por complacer a su familia. Ahora queria casarse porque lo deseaba.

– ?Quieres el divorcio? -pregunto el con tono incredulo.

– Oh, Aspar -exclamo ella con candor, hablando deprisa. -Nuestro matrimonio fue de conveniencia. Tu conseguiste lo que querias: el apoyo del patriarca y de la familia Estrabo en favor de Leon. Yo obtuve lo que creia que queria: ser la esposa de un hombre poderoso de Bizancio. Pero el nuestro no ha sido un autentico matrimonio. ?Nos detestamos el uno al otro en cuanto nos conocimos! Nunca hemos pasado una noche juntos, ni siquiera el dia de nuestra boda, ni en la misma cama ni bajo el mismo techo. Tu en realidad no me quieres. Incluso te has llevado a Patricio de mi cuidado.

»Bueno, ya no soy una chiquilla, y por primera vez en mi vida estoy enamorada. Quiero casarme con Justino Gabras y el quiere casarse conmigo. Dame el divorcio y a cambio yo sere tus ojos y oidos en la corte. Verina tiene grandes ambiciones para ella y para Leon. Se desharia de ti si creyera que puede hacerlo, y algun dia tal vez lo piense. Si yo estoy alli por ti, no tendras que hacer frente a ninguna sorpresa desagradable por esa parte. ?Es una oferta justa!

Aspar estaba atonito. Si los dos querian el divorcio, el patriarca no podria oponerse y los Estrabo no podrian ofenderse.

– Si -dijo, -es una oferta justa, Flacila. ?Por que no me hablaste de ello ayer, cuando fui a buscar a Patricio?

– Justino me ha preguntado lo mismo -mintio Flacila, -pero, como le he dicho a el, la partida de Patricio me afecto tanto que no podia pensar con claridad. Sin embargo, le he prometido que vendria a verte hoy mismo y arreglaria el asunto.

– Aqui esta el vino, mi senor -anuncio Zeno, y dejo las copas y la botella en una pequena mesa.

– No es necesario que nos sirvas -indico Aspar, -lo hare yo mismo. Vuelve a tus obligaciones -anadio con tono significativo, esperando que Zeno comprendiera.

– Enseguida, mi senor -respondio con enfasis el sirviente, pero en aquel momento se produjo el desastre, pues Cailin entro en el atrio.

– Me han dicho que tenemos invitados, mi senor -dijo.

Flacila Estrabo se quedo boquiabierta. Miro fijamente a la muchacha y logro exclamar: -?Tu! ?Eres tu! Cailin parecio confundida. -Senora, ?os conozco?

– ?Tu eres la chica de Villa Maxima! ?No te molestes en negarlo! ?Te he reconocido! -chillo Flacila, y a continuacion se echo a reir. -Oh, Aspar -exclamo, -fuiste fiel a Ana y despues esperasteis anos cuando la mayoria de hombres toman una amante enseguida. Ahora, en el ocaso de tu vida eliges a una y resulta que es la prostituta mas conocida de todo Bizancio. Me daras el divorcio y no hablaremos mas del asunto. Si no, contare al mundo de tu prostituta y seras el hazmerreir del Imperio. Tu utilidad habra terminado, y tu poder. ?Estaras indefenso! ?Apenas puedo creer en mi buena fortuna! ?La chica de Villa Maxima!

– ?Quien es esta mujer tan grosera, mi senor? -pregunto Cailin con frialdad.

– ?Grosera yo? ?Yo? -Flacila la miro con furia ?Dios, era tan joven!

– Te presento a mi esposa, Flacila Estrabo -dijo Aspar con formalidad. Que mala suerte que Cailin hubiera entrado en el atrio antes de que Zeno la hubiese prevenido. Bueno, ya no habia remedio. Tendria que intentar remediarlo. Miro a Flacila. -No sabia que frecuentabas Villa Maxima.

– Voy en ocasiones -respondio ella con cautela. -La obrita de Joviano fue la sensacion del verano pasado en la ciudad. Pero no parece una puta, Aspar.

– No lo soy -replico Cailin con aspereza. -Mi sangre es mas noble que la vuestra, senora. Soy una Druso de la gran familia romana.

– Roma esta acabada. Hace tiempo que lo esta, y desde que Atila la saqueo hace varios anos queda poco de importancia, ni siquiera sus familias. Ahora el centro del mundo esta aqui. -Flacila sonrio con malicia.

– No os jacteis tanto, senora -espeto Cailin. -Este centro del mundo del que tanto alardeais esta tan podrido como un huevo dejado al sol. En Britania no degradamos a nuestras mujeres ante un publico de depravados lujuriosos. Deberiais avergonzaros de admitir que visteis lo que visteis; pero ?de que me sorprendo? Incluso vuestros sacerdotes asisten a los espectaculos de Joviano. La belleza externa de vuestra ciudad no compensa la oscuridad de vuestros corazones y almas. Me dais pena.

– ?Permitiras que esta esclava me hable asi? -exigio Flacila, furiosa. -?Todavia soy tu esposa y merezco respeto!

– Cailin no es ninguna esclava -respondio Aspar con calma. -La libere hace meses. Ahora esta en iguales condiciones que tu, y puede hablarte como le plazca. -Cogio la mano de Cailin y prosiguio. -Te dare el divorcio, Flacila. Iremos a ver al patriarca y le comunicaremos nuestros deseos. No quiero discutir contigo y nunca lo he hecho. Si has encontrado la felicidad, como yo la he encontrado, te deseo lo mejor y hare todo lo que pueda para asegurar tu buena fortuna.

La ira de Flacila se apaciguo.

– Eres muy generoso, mi senor.

– Pero impongo una condicion -declaro el: -No murmuraras acerca del pasado de Cailin. Debes jurarme que guardaras el secreto o no accedere. El divorcio te favorece mas a ti, querida esposa, que a mi. Y seguiras siendo mis ojos y oidos en la corte de Verina. Estas son mis condiciones. ?Lo juras?

– ?Por que me favorece mas a mi que a ti?

– Tu deseas casarte con Justino Gabras, ?no? Pues no puedes hacerlo si no estas divorciada de mi. En cambio, a mi nunca me permitiran casarme con Cailin debido a sus inusuales comienzos en Constantinopla. El hecho de que la conserve como amante no es un crimen, y tampoco se considera raro en un hombre de mi posicion. Tanto si eres mi esposa como si no, Cailin seguira siendo mi amante; pero tu, para casarte con tu amante, tienes que librarte de mi. Asi que tu tienes mas que ganar si yo acepto el divorcio. ?No crees que tengo razon? -Le sonrio con aire amistoso, ladeando la cabeza. -Bueno, ?que me respondes, querida?

Ella asintio.

– Como siempre, tienes razon. Debo decirte que siempre he encontrado esta caracteristica tuya de lo mas irritante. Muy bien, juro por el cuerpo de nuestro Senor crucificado que no murmurare ni hablare mal de tu pequena amante barbara y pagana. Raras veces doy mi palabra, ya lo sabes. Tambien sabes que puedes confiar en esa palabra.

Вы читаете En Manos del Destino
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату