este asunto un espectaculo. Y despues ofreceras una fiesta a la familia para celebrar esta nueva union. No habra ninguna orgia. ?Lo entiendes? ?Justino Gabras lo entendera?
– Se hara segun tus deseos, mi senor patriarca -acepto Flacila con docilidad.
El clerigo rio sin ganas.
– Si es asi -dijo, -sera la primera vez que realmente me obedeces, prima.
CAPITULO 11
En Bizancio la primavera siempre llegaba antes que en Britania, observo Cailin, a quien no desagradaba la temprana floracion de los arboles del huerto de Aspar. El general era un buen amo, como todos los campesinos se apresuraban a asegurarle. Mientras muchas haciendas vecinas estaban casi en ruinas debido a los elevados impuestos con que el gobierno imperial gravaba a los campesinos, Aspar pagaba los de su gente para que no tuvieran que abandonar sus pequenos terrenos. Lamentablemente, los impuestos no podian pagarse en especies. Tenian que ser satisfechos en oro; sin embargo, el precio de todos los productos y animales de granja era regulado estrictamente por el gobierno, con lo que a los hombres libres les resultaba casi imposible cumplir con sus obligaciones impositivas. El gobierno mantenia estos precios artificialmente bajos para satisfacer al pueblo. Muchos pequenos campesinos vinculados con otras haciendas practicamente se habian vendido a sus senores para poder sobrevivir.
– Si no tienes campesinos -dijo Cailin a su amante, -?de donde sacaremos la comida? ?El gobierno no tiene esto en cuenta? ?Por que a los mercaderes se les imponen tan pocos impuestos y a los campesinos tantos?
– Por la misma razon por la que los barcos que entran en el Cuerno de Oro solo pagan dos solidi al llegar pero quince al partir. El gobierno quiere que se traigan a la ciudad articulos de lujo y materias primas, pero no que salgan de ella. Por eso los mercaderes pagan tan pocos impuestos. Alguien tiene que compensar el deficit. Como los campesinos no tienen mas remedio que cultivar la tierra, y estan diseminados por todo el pais y no pueden unirse y quejarse, la mayor carga impositiva recae sobre ellos -explico Aspar. -Los gobiernos siempre han actuado asi, pues siempre hay alguien dispuesto a cultivar la tierra.
– Es totalmente ilogico -observo Cailin. -Los articulos de lujo son los que deberian pagar mas impuestos, y no los pobres que suministran los productos para la vida cotidiana. ?Quien hace estas leyes tan absurdas?
– El senado -respondio el, sonriendo al verla tan indignada. -Veras, amor mio, la mayor parte de productos de lujo se venden a la clase gobernante y los muy ricos sienten una gran aversion a los impuestos altos. El gobierno mantiene a la mayoria del pueblo contento regulando el precio de todo lo que se vende. Los pobres campesinos, que son minoria, pueden quejarse todo lo que quieran, pero sus voces no seran oidas ni en el senado ni en palacio. Solo cuando la mayoria amenace con la rebelion escucharan los que estan en el poder, y aun entonces no con demasiada atencion, solo lo suficiente para salvar el pellejo -termino Aspar cinicamente.
– Si hacen pagar tantos impuestos a los campesinos y estos desaparecen -insistio Cailin, -?quien cultivara los productos alimenticios? ?Ha pensado en ello el gobierno?
– Los poderosos lo haran empleando esclavos.
– Por eso tu pagas los impuestos de tus arrendatarios, ?no?
– Los hombres libres son mas felices -dijo Aspar- y los hombres mas felices producen mas que los que no lo son o que los que no son libres.
– Este pais es muy hermoso -dijo Cailin, -y sin embargo existe mucha maldad y depravacion. Echo de menos mi tierra. La vida en Britania era mas sencilla, y los limites de nuestra supervivencia estaban definidos mas claramente, aunque no poseiamos los lujos de Bizancio, mi amado senor.
– Tus pensamientos son complejos incluso para un hombre sabio -respondio el, cogiendole la mano y besandole el interior de la muneca. -Tu corazon es grande, Cailin Druso, pero has de aceptar que solo eres una mujer. Poco puedes hacer para remediar los males del mundo, amada mia.
– Sin embargo, el padre Miguel me dice que debo perseverar -respondo ella habilmente, y el sonrio al ver su tenacidad. -Este cristianismo vuestro es interesante, Aspar, pero sus adeptos no siempre hacen lo que predican, mi senor. Me gusta vuestro Jesus, pero creo que a el no le gustaria la manera en que algunas de sus ensenanzas son interpretadas por los que afirman hablar en su nombre. Me han ensenado que uno de los mandamientos dice que no mataremos a nuestro projimo, y sin embargo lo hacemos. Matamos por razones estupidas, lo cual es peor. Si un hombre no se comporta como esperamos, le matamos. Si un hombre es de diferente raza o tribu, le matamos. Esto no es, me parece, lo que Jesus predicaba. Aqui, en Bizancio, hay mucho mal mezclado con la piedad. Sin embargo se hace caso omiso de ese mal, incluso por parte de la jerarquia mas elevada que rinde culto con orgullo en Santa Sofia y despues se van a cometer adulterio o enganan a sus socios. Todo resulta muy confuso.
– ?Le hablas al padre Miguel de lo que piensas y te preocupa? -pregunto el, sin saber si la actitud de Cailin debia divertirle o asustarle.
– No -respondio. -Su fervor religioso es demasiado intenso y esta convencido de que su culto es el correcto. Dice que me falta mucho para estar preparada para el bautismo, lo cual creo que es bueno. Una buena mujer cristiana, dicen, debe ser o esposa o entrar en un convento. Me han dicho que no puedo ser tu esposa, y no tengo ganas de vivir en un monasterio. Por lo tanto, una vez acepte el rito del bautismo, debere abandonarte o me condenare eternamente. No se me ofrecen muchas alternativas, mi senor. -Los ojos violetas de Cailin brillaron divertidos. Deslizo los brazos alrededor del cuello de Aspar y le beso lentamente. -Voy a evitar el bautismo todo el tiempo que pueda, mi senor.
– ?Bien! -exclamo el. -Asi tendre oportunidad de vencer esa ridicula idea de que no podemos casarnos. Flacila ha tenido amantes en todo Bizancio y se le ha permitido casarse con Justino Gabras, pero a ti, amor mio, que en tu inocencia fuiste cruelmente maltratada, se te niega el derecho a casarte. Es una situacion injusta y no la tolerare.
– Estamos juntos, y eso a mi me basta, Aspar. No quiero nada mas que estar a tu lado eternamente.
– ?Te gustaria asistir a los juegos conmigo en mayo? Cada once de mayo se celebran juegos especiales para conmemorar la fundacion de Constantinopla. Mi palco esta al lado del palco imperial. ?Alguna vez has visto carreras de carros, Cailin? El Hipodromo tiene la mejor pista de todo Bizancio.
– Si te ven en publico conmigo, ?no provocaras un escandalo? No creo que sea prudente, mi senor.
– No hay nada inusual en que un hombre lleve a su amante a los juegos, en particular un soltero como yo. Casia, la chica que conociste en Villa Maxima, ahora es amante de Basilico. El le ha proporcionado una casa en la ciudad y la visita con regularidad. Le pediremos que vaya con nosotros, y tambien a algunos de los artesanos y actores mas famosos de la ciudad. Soy celebre por reunirme con esa gente, para desesperacion de la corte, pero francamente me resultan mas interesantes que los que gobiernan e intrigan. -Rio entre dientes. -Llenaremos el palco de gente interesante y pocos sabran quien es quien.
– Tal vez seria agradable ver a otra gente. Cuando estas fuera, cumpliendo con tus obligaciones oficiales, a veces me siento muy sola.
Estas palabras sobresaltaron a Aspar, pues ella nunca se quejaba de su soledad. El nunca habia pensado que pudiera estar cansada de no tener compania.
Varios dias mas tarde, Zeno fue enviado a la ciudad, y cuando regreso trajo consigo a una joven muchacha de ojos grandes y asustados y trenzas rubias.
– El amo ha creido que os gustaria tener a una joven doncella para que os haga compania -declaro Zeno, sonriente. -Aqui todos somos muy viejos, pero vos, senora, sois como la primavera y necesitais alguien que os distraiga. No habla ninguna lengua que yo comprenda, pero parece agradable y sumisa.
Cailin sonrio a la muchacha y pregunto:
– ?De donde es, Zeno? Tal vez pueda encontrar un lenguaje para comunicarnos. Si no puedo hablar con ella, las buenas intenciones del amo no serviran de nada.
– El mercader de esclavos ha dicho que era de Britania -anuncio Zeno triunfante. -Seguro que podreis comunicaros con ella, mi senora.
– Pero no habla latin. -Se volvio a la joven: -?Como te llamas? -pregunto en su lengua celta nativa. Si no hablaba latin, debia hablar celta.
– Nellwyn, senora -respondio la muchacha.
