gladiadores. Justino Gabras ha alquilado la villa para todo el tiempo que dure su estancia. No esta permitida la entrada al publico. Dijo que queria que sus gladiadores disfrutaran de lo mejor mientras estuvieran en Constantinopla. Joviano esta en la gloria con todos esos guapos jovenes alrededor, y Focas, segun me han dicho, esta realmente satisfecho, tan elevado es el precio que Gabras le pago. Espera a ver el campeon al que llaman el Sajon. Jamas he visto a un hombre mas guapo. Castor, Polux y Apolo palidecen a su lado. ?Ooooh! -exclamo. -?Ahi estan!
Los gladiadores entraron en la arena y desfilaron hasta llegar al palco imperial, donde se detuvieron. Con las armas levantadas, saludaron al emperador y a su generoso patron con una exclamacion lanzada al unisono:
– ?Los que van a morir te saludan!
– Ese es el Sajon -indico Casia senalando al mas alto del grupo. -?No te parece muy apuesto?
– ?Como puedes saberlo? -bromeo Cailin. -Ese casco con visera practicamente les oculta las facciones.
– Es cierto -admitio Casia, -pero tendras que creerme. Tiene el pelo como el oro y los ojos azules.
– Muchos sajones son asi -observo Cailin.
Aspar se inclino hacia ellas y dijo:
– Los primeros combates se libraran con armas romas, mi amor. De momento no habra derramamiento de sangre y podras hacerte una idea de la habilidad que requiere.
– Me parece que lo preferire a lo que viene despues -respondio Cailin. -?Todos tienen que luchar hasta que solo uno de ellos sobreviva?
– No -respondio el. -Solo se disputaran seis combates a muerte. Eso es lo que Gabras acordo. Hoy se celebraran dos, manana otros dos y otros dos el ultimo dia de los juegos. El Sajon, que es el campeon imbuido, peleara hoy y el ultimo dia. Su principal rival es un hombre llamado el Huno, que combatira los tres dias. Si sobrevive los dos primeros dias, probablemente se enfrentara al Sajon el ultimo dia. Sera un buen espectaculo.
– Me parece horrendo que alguien deba morir -insistio Cailin. -Son hombres jovenes. Va contra las ensenanzas de la Iglesia permitir esta barbaridad, y sin embargo alli estan el patriarca y todos sus sacerdotes, en su palco al otro lado del emperador, disfrutando del espectaculo.
Aspar le cogio una mano.
– Calla, amor mio, te van a oir -le advirtio. -La muerte forma parte de la vida.
La batalla habia comenzado en la arena. Hombres jovenes con pequenos escudos y espadas cortas peleaban encarnizadamente. La multitud se entusiasmaba con la exhibicion, pero al final empezaron a cansarse.
– ?Que venga el Sajon! ?Que venga el Huno! -gritaba el gentio.
Luego sonaron las trompetas y los luchadores abandonaron corriendo la arena. Entraron los cuidadores y alisaron el terreno. El silencio envolvio el Hipodromo durante varios minutos. De pronto se abrio la puerta de los Gladiadores y aparecieron dos hombres. La multitud prorrumpio en gritos de excitacion.
– Es el Huno -informo Aspar. -Peleara con un tracio.
– No lleva armadura -dijo Cailin.
– No necesita mas que hombreras de piel, mi amor. Lucha con red, daga y lanza; los que luchan con red son los gladiadores mas peligrosos.
El tracio, con casco y espinilleras en ambas piernas, llevaba un pequeno escudo y una espada de hoja curva. A Cailin le parecio injusto, hasta que los dos hombres empezaron a pelear. El Huno lanzo su red pero el tracio la esquivo, salto detras de su oponente e intento clavarle el cuchillo. El Huno, se aparto a tiempo y solo recibio un aranazo. Los hombres pelearon varios minutos mientras la multitud les alentaba a gritos. Por fin, cuando Cailin habia empezado a pensar que exageraban la ferocidad de esos combates, el Huno dio un salto y, con un habil movimiento de la muneca, extendio su red. El tracio quedo atrapado en la telarana. Desesperado, intento cortarla con la espada mientras la multitud gritaba cada vez mas fuerte, sedienta de sangre. El Huno clavo su lanza en el suelo, saco su daga y se lanzo sobre el otro hombre. Fue tan rapido que Cailin ni siquiera estaba segura de haberlo visto, pero el suelo arenoso se mancho de sangre cuando el Huno corto la garganta a su oponente y luego se alzo victorioso, agradeciendo los vitores de la multitud.
Era un hombre de estatura media, complexion robusta y completamente calvo salvo por una coleta negra que llevaba sujeta con una trenza de cuero. Dio la vuelta al ruedo con grandes pasos, aceptando lo que consideraba su derecho. Mientras lo hacia salieron cuatro cuidadores y dos de ellos se llevaron a rastras el cuerpo sin vida del tracio por la puerta de la Muerte; los otros dos arrojaron arena nueva sobre la sangre y la alisaron.
Cailin estaba asombrada.
– Ha sido tan rapido… -murmuro. -El tracio ni siquiera ha tenido tiempo de gritar.
– Los gladiadores no suelen ser crueles entre ellos -observo Aspar. -Son amigos o conocidos, pues viven, comen, duermen y fornican juntos. Los combates a muerte hoy en dia son raros, y Justino Gabras debe de haber pagado mucho. O quiza estos gladiadores son hombres desesperados a quienes nada importa.
– Quiero regresar a casa -dijo Cailin con voz suave.
– ?Ahora no puedes irte! -exclamo Casia. -El ultimo combate del dia esta a punto de empezar y es el del campeon. El Huno es un aficionado comparado con el Sajon. Si hay demasiada sangre, no mires, pero tienes que verle sin casco. ?Es como un dios, te lo aseguro! -dijo Casia entusiasmada.
Aspar rio y, volviendose hacia Basilico, dijo:
– Creo que si estuviera en tu lugar me preocuparia por Casia. Esta fascinada por ese gladiador.
– Es un hombre muy bello -se defendio Casia antes de que el principe dijera nada, -pero se que normalmente los hombres como el Sajon solo pueden ofrecer un cuerpo y un rostro hermoso. No tienen nada mas, ni ingenio ni cultura. Despues de disfrutar de un buen revolcon, es agradable quedarse tumbado y charlar, ?no es cierto, mi senor?
Basilico asintio en silencio, pero le brillaban los ojos.
– ?Oh, mirad! -exclamo Casia. -Ahi estan los combatientes. No me gustaria ser el pobre diablo que peleara con el Sajon. Sabe que no tiene ninguna posibilidad.
– Que triste para el -dijo Cailin. -Que terrible ha de ser saber que se esta frente a la muerte en este dia tan hermoso.
Casia parecio apesadumbrada pero enseguida se animo y dijo:
– Bueno, siempre cabe la posibilidad de que tenga suerte y venza al campeon. ?No seria emocionante? De cualquier modo, sera un buen espectaculo, de eso puedes estar segura.
El Sajon y su oponente iban armados al modo samnita: casco con visera, una gruesa manga en el brazo derecho y una espinillera en la pierna izquierda, un grueso cinturon, escudos largos y espadas cortas. Saludaron al emperador y a su amo y de inmediato empezaron a pelear. A su pesar, Cailin estaba fascinada, pues aquel combate parecia mas igualado que el anterior.
Se oia el entrechocar de las armas y el fragor de la lucha cuerpo a cuerpo. Cailin se dio cuenta de que en realidad el combate no era tan igualado. El rival del Sajon no estaba a su altura en cuanto a habilidad. El campeon saltaba y efectuaba una serie de maniobras y movimientos espectaculares para complacer a la multitud. Por dos veces el otro hombre quedo al descubierto, pero el sajon prefirio hacer una finta para distraer la atencion. Por fin la multitud empezo a darse cuenta y empezo a gritar con indignacion, avida de sangre.
– No es su estilo -observo Basilico. -El intenta dar un buen espectaculo pero la gente quiere sangre. Bien, ahora la tendran, creo. Deberian haber reservado al Sajon para el ultimo dia, en lugar de hacerle pelear dos dias. Es evidente que Gabras queria amortizar el dinero invertido.
El combate dio un nuevo giro, pues el Sajon empezo a atacar a su oponente con vigor mientras este luchaba desesperadamente para salvar la vida. Sin embargo, el campeon no queria alargarlo mas. De forma implacable lo hizo retroceder hasta el otro lado de la arena, recibiendo pocos golpes y protegiendose diestramente con su escudo. El Sajon daba golpe tras golpe hasta que por fin el hombre cayo al suelo, exhausto.
Rapido e inmisericorde, el Sajon clavo su espada en el corazon del otro gladiador. Luego cruzo la arena, aclamado por la multitud, hasta situarse delante del palco del emperador, donde saludo a este con el arma ensangrentada.
– Quitate el casco, Sajon -pidio Justino Gabras, -para que el emperador pueda verte la cara cuando te felicite por tu victoria.
El Sajon lo hizo y dijo:
– No existe la victoria cuando se lucha contra un hombre mas debil, senor. Sin embargo, dentro de dos dias peleare con el Huno. Os traere su cabeza en una bandeja de plata, y entonces aceptare vuestras felicitaciones por
