ultimos anos no puedo tener lo que deseo, ?de que servire al Imperio?

– ?Les dijiste eso a ellos? -pregunto Cailin, sorprendida de que hubiera hablado con tanta franqueza ante el emperador y el patriarca.

– Si, se lo dije -contesto Aspar, y luego rio entre dientes. -Solo hice una insinuacion, mi amor. Mi gran ventaja sobre el emperador es que no hay otro soldado de mi capacidad que pueda acaudillar los ejercitos del Imperio. Si me retirara de la vida publica… -Volvio a sonreir. -Lo he dejado a su imaginacion. Leon no ha tardado en decidirse y ha convencido al patriarca. El emperador ha aprendido recientemente el valor de una esposa leal y virtuosa.

«Entonces, al haber conseguido lo que mi corazon deseaba, me vi obligado a asistir a un banquete, por eso llegue tarde anoche. ?Me has echado de menos, mi amor?

– Terriblemente de menos -respondio ella, -pero no estuve sola. Arcadio termino la estatua. Ya esta instalada en el jardin: es mi regalo de boda para ti. Tambien me dio algunos consejos sobre la corte. No me decantare por ninguna faccion, te lo prometo.

– ?Quieres ir a la corte? -pregunto el, sorprendido.

– En realidad no -respondio Cailin. -Arcadio dijo que tendre la obligacion de ir cuando sea la esposa del primer patricio del Imperio, pero preferiria mas seguir aqui en el campo.

– Entonces seguiras aqui -le aseguro el. -Arcadio no es mas que un viejo chismoso. Por supuesto, tendras que aparecer en ocasiones solemnes, cuando yo me vea obligado a asistir, pero si quieres llevar una vida tranquila, sin duda podras hacerlo. Te dare hijos para que los eduques, y ocuparte de mi sera la primera de tus obligaciones, naturalmente. Tendras los dias muy atareados -bromeo el, pasandole la mano sobre el hombro.

– Quiero criar caballos para las carreras de carros -anuncio ella. -Ya lo hemos hablado.

– ?Te ofrezco hijos que criar y pides caballos!

Fingio estar ofendido, pero Cailin sabia que no lo estaba. Le empujo sobre las almohadas y le beso, acariciandole el pecho.

– Soy una mujer inteligente, mi senor. Puedo hacer las dos cosas: educar a tus hijos y criar a tus caballos. Los celtas tienen buena mano para los caballos.

– Eres una desvergonzada que siempre se sale con la suya -dijo el, y la puso de espaldas, se coloco encima y la froto con el miembro. -?Cuantos sementales necesitaras? -pregunto, restregandose lentamente sobre ella, complacido al ver que la pasion empezaba a encenderse en su mujer. ?Cuanto la habia echado de menos!

– Solo necesito este semental, mi dulce senor -dijo ella, acoplando su cuerpo al de Aspar mientras el la acariciaba, -pero dos campeones irian bien para la manada de yeguas que reuniremos. ?Oooohhh…! -suspiro cuando el la penetro suavemente. ?Por todos los dioses! ?Le habia echado mucho mas en falta de lo que creia!

El ceso sus movimientos y se quedo inmovil dentro de ella, acariciandole los pequenos senos con las manos. Queria prolongar aquel interludio. Desde el primer momento en que la habia poseido, se habia sentido joven otra vez. Esa sensacion no habia disminuido en los meses que hacia que estaban juntos. Con Ana existia respeto. Con Flacila no habia existido nada. Pero Cailin… ?con Cailin lo habia encontrado todo! Jamas habia sonado que fuera posible semejante amor entre dos personas.

– ?Estas segura de que eso es lo que quieres? -le pregunto el. -Solamente has visto carreras de carros una vez.

Palpito dentro de ella, con lo que a Cailin le resultaba casi imposible pensar en nada mas.

– Me sorprende que nadie lo haya pensado… -logro articular. -?Ooohhh, amor mio, me vuelves loca!

– No mas de lo que tu me vuelves a mi -gimio el, y luego, incapaz de contenerse por mas tiempo, se inclino, la beso y la embistio con deliberada ferocidad hasta que ambos alcanzaron la cima del placer.

Cuando Aspar fue capaz de hablar de nuevo, dijo:

– Manana asistiremos a los juegos de otono. Vuelve a observar las carreras, y luego, si aun lo deseas, haremos los preparativos para criar caballos de carreras.

– Pero esos juegos los patrocina el nuevo marido de Flacila -observo Cailin, sorprendida. -?Estara bien que nos vean alli?

– Asistira toda Constantinopla -dijo Aspar, -incluidos todos los ex amantes de Flacila, puedes estar segura. Flacila y Justino Gabras se sentaran en el palco imperial con Leon y Verina. Al menos no estaremos junto a ellos, amor mio.

– ?Puedo invitar a Casia? Se sintio decepcionada cuando le dije que no iba a asistir a esos juegos, y dijo que se veria obligada a sentarse en las gradas con la plebe. No pienso dejar de relacionarme con ella.

– Me decepcionarias si no lo hicieras -respondio el. -Si, puedes invitar a Casia. La gente murmurara, pero no me importa.

– No quiero ver las luchas de gladiadores -dijo Cailin. -Casia me dijo que seran a muerte. No soportaria ver morir a un pobre hombre solo porque no ha sido tan rapido o habil como su oponente. Me parece cruel por parte del esposo de Flacila pedir sangre.

– La sangre agrada a la plebe -declaro Aspar. -Tienes que ver un combate, Cailin. A lo mejor no te horroriza tanto como crees. Si verdaderamente te desagrada, te marcharas con discrecion. No podemos desairar a nuestro despreciable anfitrion.

Cailin envio un mensajero a Casia aquella misma manana, invitandola a unirse a ellos en su palco al dia siguiente, cuando se iniciaban oficialmente los juegos. La respuesta de Casia fue una aceptacion encantada.

Al dia siguiente Cailin se levanto temprano, pues los juegos comenzaban a las nueve y las carreras durarian hasta mediodia. Habia preparado su vestido con gran esmero. Su estola, con el escote bajo y mangas cenidas, era de suave hilo blanco. La parte baja de las mangas y el amplio borde inferior, asi como la ancha franja que cubria la mitad superior de la falda, estaban tejidos en hilos de oro puro y seda verde esmeralda. La estola se cenia a la cintura con un ancho cinturon de piel con una capa de polvo de oro y esmeraldas que hacian juego con el collar y los complicados pendientes. Debido a la epoca del ano, Cailin necesitaria alguna prenda de abrigo, pero no queria tapar su vestido. Tenia una capa semicircular de seda verde brillante, que se abrochaba en el hombro derecho con un broche de oro con una esmeralda ovalada. Sandalias de piel doradas cubrian sus pies y el vestido se completaba con una banda de seda adornada con joyas alrededor de la cabeza, de la que colgaba un velo dorado.

Aspar, ataviado con traje de ceremonia color purpura con bordados de oro llamado «tunica palmata», que vestia con una toga de lana purpura con bordados de oro, asintio satisfecho cuando la vio.

– Provocaras muchas habladurias hoy, amor mio. Estas magnifica.

– Tu tambien, mi senor-respondio ella. -?Estas seguro de que no despertaremos los celos imperiales? He visto al emperador y tu, mi senor, tienes un aspecto bastante mas regio que el.

– Esa opinion no la compartiras con nadie mas -advirtio Aspar. -Leon es un buen administrador, precisamente el emperador que Bizancio necesita.

– Leon es el emperador de Bizancio -dijo, -pero tu eres el que gobierna mi corazon, Flavio Aspar. Esto es lo unico que me importa, mi amado senor.

Y le beso en la boca con ternura, sonriendole a los ojos.

El se echo a reir.

– Oh, Cailin, tu no solo gobiernas mi corazon, me temo, sino tambien mi alma. ?Eres dulce y picaruela, mi amor!

Casia y Basilico ya les esperaban en el Hipodromo. Al verle entrar en el palco con el primer patricio del Imperio, la multitud empezo a corear su nombre:

– ?Aspar! ?Aspar! ?Aspar!

El se adelanto y saludo con la mano, agradeciendo MIS aclamaciones con una sonrisa. Luego se retiro a la parte posterior del palco para que el publico se calma1.1. A la derecha del palco imperial el patriarca y su sequito le observaban.

– El no les incita -observo el secretario del patriarca.

– Todavia no -respondio el patriarca. -Algun dia creo que lo hara. Aun asi, es un hombre extrano y es posible que me equivoque.

De pronto el Hipodromo estallo en un frenesi de vitores cuando el emperador y la emperatriz, junto con el patrocinador de los juegos y sus invitados, entraron en el palco imperial. Leon y Verina recibieron el homenaje de la multitud con sonriente elegancia, y luego presentaron a Justino Gabras, que fue aclamado ruidosamente

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