cortesana amante de mi hermano, a palacio, en secreto, para que me ensenara sus artes eroticas. Queria utilizarlas para seducir a mi esposo, pero no sirvio de nada -dijo la emperatriz con lagrimas en los ojos. -Ahora esos mismos sacerdotes aconsejan a mi esposo que me encierre en un convento para el resto de mis dias, para que pueda coger una nueva esposa joven, que le daria el hijo que yo no puedo darle, le dicen los sacerdotes.
»Ya no soy una nina, mi senor, pero aun soy capaz de concebir un hijo si se me da la oportunidad. Esos perversos clerigos realmente pretenden dar a mi marido una esposa que este en deuda con ellos y que espie para ellos.
– ?Que es exactamente lo que quereis que haga? -le pregunto Aspar.
– Leon os teme y os respeta. El temor procede de que vos le colocasteis en el elevado puesto que ocupa y el respeto nace de los muchos anos que estuvo a vuestro servicio. A veces se pregunta si seriais capaz de arrebatarle el trono. Se encuentra muy comodo apoltronado en el.
»Los sacerdotes le llenan la cabeza con palabras crueles sobre vos, Flavio Aspar -prosiguio Verina. -Le dicen que deseais gobernar a traves de el, y que si no podeis hacerlo, le derrocareis y ocupareis el trono.
– Yo no deseo ser emperador. En sus momentos de sensatez Leon tiene que ser consciente de ello. Si hubiera querido ocupar el trono imperial, lo habria hecho. No tenia mas que renunciar a mis creencias arias en favor de las practicas ortodoxas y me habrian apoyado suficientes miembros de la Iglesia para cenir la corona imperial en mi cabeza.
– Soy consciente de ello, y por eso he acudido a vos. Vuestros motivos son honrados y vuestra lealtad es a Bizancio, no a una faccion o individuo. Ayudadme a conservar mi lugar al lado de mi esposo, a pesar de la perversidad de los que le rodean. Si me ayudais y protegeis contra mis enemigos, me ocupare de que Leon os permita casaros con Cailin Druso.
Aspar fingio considerar su oferta, aunque ya habia decidido ayudarla. El emperador le debia a Flavio Aspar su puesto. Si su esposa estaba unida a el, tanto mejor. Su propia posicion se veria fortalecida. Era poco probable que Leon concibiera un hijo con ninguna mujer. No tenia estomago para ello. Preferia ayunar y rezar en lugar de enredarse en la marana de la pasion. Aspar sospechaba que el emperador, en el fondo, estaria encantado de verse libre de ese deber. Verina siempre habia sido una esposa fiel. Preferiria lo viejo y conocido a cualquier cosa nueva y nubil.
«No -penso Aspar; -no quiero ser emperador. Quiero que lo sea mi hijo.» Si Leon y Verina estaban en deuda con el, el tendria poder para promover un noviazgo entre su hijo menor, Patricio, y la princesa imperial mas joven, Ariadna, al cabo de unos anos. Primero el matrimonio, y despues convenceria a Leon de que nombrara heredero a Patricio.
– Apoyare vuestra causa, senora -dijo por fin Aspar a la emperatriz, quien suspiro aliviada. -Esos sacerdotes sobrepasan sus obligaciones. Su unico deber es cuidar del bienestar espiritual del emperador. Hablare personalmente con el patriarca de mi inquietud por su comportamiento. Se que puedo confiar en que ponga fin a ese asunto. En verdad me sorprende que los elegidos para guiar a Leon espiritualmente abusen de su posicion. No hay que permitirlo. Habeis hecho muy bien en solicitar mi ayuda, senora.
Segura ya de que su causa era justa, Verina se irguio con orgullo y dijo:
– Por mi parte, cumplire mi promesa. Tardare un poco de tiempo, pero me ocupare de que se os permita formalizar vuestra relacion en el seno de la Iglesia. Teneis mi palabra, y sabeis que es valida.
– Gracias, senora.
– No -replico ella, -soy yo quien debe daros las gracias, Flavio Aspar. Ojala hubiera en Bizancio mas hombres como vos a su servicio.
Cuando la emperatriz y su grupo hubieron partido de regreso a Constantinopla, Aspar paseo con Cailin por los jardines, donde no era probable que nadie les oyera. Le explico exactamente lo que Verina queria de el y le dijo que habia aceptado ayudar a la emperatriz a cambio de que ella les ayudara.
– Debes hacer un esfuerzo para complacer al padre Miguel para que te bautice -le dijo Aspar. -Cuando se tome la decision en nuestro favor, no quiero que exista ningun impedimento a nuestro matrimonio. Una esposa ortodoxa bautizada sera un punto favorable para mi. Hay mas cosas en juego de las que puedes imaginar, mi amor.
Ella no le pregunto de que se trataba. Cailin sabia que Aspar se lo diria en el momento oportuno.
– Muy bien -accedio ella. -Dejare de hacer preguntas dificiles al padre Miguel y aceptare mansamente lo que me diga con la humildad de una buena mujer cristiana. Aunque las reglas y normas impuestas por la Iglesia me parecen estupidas, he de admitir que me gustan las palabras de Jesus de Nazaret. Es una de las pocas cosas a las que encuentro sentido. -Estrecho a Aspar con sus brazos. -Quiero ser tu esposa, Flavio Aspar. Quiero ser madre de tus hijos y pasear por las calles de Constantinopla con orgullo y ser la envidia de todos porque soy tuya.
Tras pasear por los jardines fueron hasta la playa, donde se quitaron la ropa y se metieron al calido mar. El le habia ensenado a nadar y Cailin adoraba la libertad del agua. Riendo, retozo entre las olas hasta que al fin el la llevo hasta la orilla y le hizo el amor apasionadamente en el mismo lugar donde habia reavivado la pasion de la joven. Sus gemidos de placer se mezclaron con los graznidos de las gaviotas que revoloteaban. Despues, yacieron saciados y satisfechos, dejando que el sol secara sus cuerpos.
El vigesimo cumpleanos de Cailin ya habia pasado. El verano transcurrio en una sucesion de largos y soleados dias y noches calurosas y apasionadas. Cailin jamas habia imaginado que un hombre pudiera ser tan viril, en especial un hombre de la edad de Aspar, y sin embargo el deseo de este no se agotaba.
Basilico acudia con regularidad a visitarles con Casia, y cuando Aspar bromeaba con su amigo por su subita aficion al campo, Basilico afirmaba:
– Con este calor la ciudad es un horno, y he oido rumores de que hay una plaga. Ademas, aqui teneis espacio mas que suficiente para nosotros.
En secreto, Basilico tambien les llevaba noticias de Verina.
Aspar habia visitado al patriarca para expresarle su desagrado ante cualquier plan para desplazar a la emperatriz por el asunto del heredero. Otra esposa no serviria de nada, dijo Aspar al religioso. La culpa era de Leon, que preferia una existencia ascetica y sin complicaciones que le permitia gobernar con mas sabiduria que si estuviera abrumado por los asuntos carnales. Habia muchos hombres aptos para suceder a Leon, pero un emperador sabio y pio era una rara bendicion sobre Bizancio. La emperatriz, dijo Aspar al patriarca, lo comprendia. Ella, virtuosa y devotamente leal, queria proteger a su esposo de las malas influencias. Perturbar la paz de su espiritu, observo Aspar, era perverso, injusto e impio.
Basilico informo que los sacerdotes que rodeaban al emperador habian sido otros que parecian ocuparse solo de la vida espiritual del emperador. La emperatriz se sentia aliviada y agradecida de que le hubieran retirado la espada de Damocles que pendia sobre su cabeza. Envio recado, a traves de su hermano, de que cumpliria su promesa. Habia iniciado su campana para influir en Leon favorablemente respecto a la boda entre el primer patricio del Imperio y Cailin Druso, una joven viuda patricia procedente de Britania que pronto iba a ser bautizada en la fe cristiana ortodoxa.
A principios de verano, Aspar fue enviado a Adrianopolis, pues el gobernador de la ciudad tenia dificultades con dos facciones rivales que amenazaban con la anarquia. Una de ellas estaba compuesta por cristianos ortodoxos y la otra por cristianos arios. Aspar, un ario que servia a un gobernador ortodoxo poseia la capacidad de moverse facilmente entre estos dos mundos religiosos y era la persona idonea para establecer la paz. Flavio Aspar era respetado por ambas fes.
– Ojala pudiera llevarte conmigo -dijo a Cailin la vispera de su partida, -pero en un asunto como este he de poder moverme con agilidad y sin ningun impedimento. Esos fanaticos se pelean por las cosas mas absurdas y si alguien no contiene su ira se perderan muchas vidas.
– Yo seria un estorbo -admitio ella. -Sin mi puedes actuar de manera decisiva, y es posible que tengas que hacerlo, mi senor. Matar y causar destruccion por una cuestion religiosa es una locura, pero sucede con frecuencia.
– Seras una esposa perfecta para mi -observo el con admiracion.
– ?Por que? -repuso ella con picardia. -?Porque comparto tu pasion, o porque no me quejo cuando debes marcharte?
– Por las dos cosas -respondio el con una sonrisa. -Tienes una habilidad innata para entender a la gente. Sabes cuan delgada es la linea por la que debo caminar entre esas facciones fanaticas de Adrianopolis y no me distraes de mi deber. Los que se han opuesto a nuestro matrimonio pronto reconoceran que estaban equivocados
