– No llores -la consolo Cailin. Era extrano, pero no sentia nada, ni siquiera miedo.
– Gabras difundira este incidente por toda Constantinopla -sollozo Casia. -?Basilico jamas me perdonara!
– ?Tu le amas? -pregunto Cailin, sorprendida de nuevo.
Casia asintio.
– ?Ay, si, que los dioses me ayuden! El no lo sabe, por supuesto. No es la clase de hombre al que se pueda confiar un sentimiento asi, por desgracia. Jamas aceptara verse avergonzado por mi. ?No volvere a verle nunca mas! ?He arruinado no solo tu vida, sino tambien la mia!
– Quiza podamos escapar -la consolo Cailin.
Casia, agotadas sus lagrimas, miro a su amiga y meneo la cabeza.
– ?Como? Esta habitacion no tiene ventanas, y solo una puerta, que esta cerrada con llave. Vendran por nosotras y eso sera el fin. No hay escapatoria, Cailin. Aceptalo.
CAPITULO 14
Ambas amigas no tuvieron que esperar mucho. Cuatro esclavos fueron a buscarlas para llevarlas a los banos, donde las banaron y les untaron el cuerpo con aceites perfumados. Las encargadas de los banos frotaron los rizos castano rojizos de Cailin y el largo y espeso cabello negro azulado de Casia hasta secarlo. Despues se lo perfumaron, a Casia le hicieron una trenza y luego les pusieron una corona de flores sobre la cabeza. No les ofrecieron ropa, y ellas comprendieron que seria inutil pedirla.
Fueron acompanadas a una gran habitacion que se abria a los hermosos jardines de la villa. Justino Gabras estaba sentado, vestido ahora con una corta tunica blanca, en una silla de marmol negro. Los gladiadores se hallaban reunidos ante el. No habia ninguna otra mujer en la habitacion. Al oirlas entrar, todos los ojos se volvieron con avidez. Los guardias los obligaron a avanzar y Justino Gabras les tendio los brazos para cogerlas de la mano y sentarlas en su regazo. Les acaricio los pechos y les pellizco los pezones.
– ?Habeis comido bien, amigos mios? -pregunto a los gladiadores. -Ahora tengo un pequeno regalo para vosotros. Estas dos mujeres son las prostitutas mas exclusivas de Bizancio. Son bonitas como conejitos, ?verdad? Vamos a jugar a una cosa. Soltaremos estos dos conejitos en los jardines y vosotros, la manada de sabuesos mas hambrientos que jamas he visto, las perseguireis. Ellas se esconderan de vosotros, ?no es asi bellezas mias? Pero alguien las encontrara, y el afortunado obtendra placer toda la noche. Sin embargo, en este juego no hay perdedores. El resto podreis elegir de entre las otras mujeres de esta casa. ?Que os parece?
Los gladiadores aclamaron con ojos lascivos a Justino Gabras.
– Por los dioses del Averno -exclamo el Huno en voz alta, -nos lo pones dificil. Las dos son autenticas bellezas.
– ?Cual prefieres? -le pregunto Gabras.
– No estoy seguro -respondio el hombre que luchaba con red. Se volvio hacia su companero. -?Que opinas tu, Puno de Hierro? ?A cual prefieres?
– A la que atrape -contesto el Sajon, y sus ojos se posaron en los de Cailin.
Casia miro a su amiga. Cailin estaba palida como la cera. Sus grandes ojos violetas reflejaban dolor y asombro. «?Es el?», pregunto Casia moviendo los labios. Cailin asintio. «Si alguien coge a Cailin -penso Casia, - tiene que ser el Sajon.» Miro al Huno y le dedico su sonrisa mas seductora.
– ?Eres tan bueno fuera de la arena como en ella? -pregunto con un ronroneo. -Si lo eres, me alegrara que me atrapes en tu red.
Para sorpresa de Casia, el Huno se ruborizo mientras sus companeros soltaban gritos de jubilo. O sea que era timido. Pero sus descaradas palabras habian dejado claro a todos que ella le elegia a el. Ninguno de los demas se atreveria a ir tras ella, pues por muy timido que pudiera ser, el Huno la querria. No se enfrentarian con el por una mujer, ella lo sabia. Casia se fijo en el asombro con que el sajon miraba a Cailin. Ahora tenia que asegurarse de que su amiga seria para el.
– Cailin Druso -dijo, -?tienes alguna preferencia entre estos apuestos hombres? Creo que el Sajon esta muy bien.
– Yo tambien lo creo -respondio Cailin, pues habia captado el juego de Casia.
– O sea que no eres mejor que las demas -dijo sonriendo Justino Gabras. -?Alguien puede explicarme por que todas las mujeres nacen putas?
No vio la palidez que habia adquirido el semblante del gladiador sajon, ni como apretaba los labios ni el destello de furia que relampagueo en sus ojos al oir estas palabras.
Sin esperar respuesta, Justino Gabras aparto a las dos mujeres de su regazo.
– Volved al jardin y escondeos, bellezas mias. Contare hasta cincuenta y despues soltare a esta lujuriosa jauria. ?Moveos, zorras!
Las dos mujeres abandonaron corriendo la habitacion, cruzaron la sala de las columnas de marmol y salieron al jardin, iluminado por la luz del crepusculo. Cuando habian recorrido un trecho juntas, Casia se detuvo y dijo:
– Escondete, Cailin, y no salgas a menos que veas al Sajon.
Luego se marcho por un sendero de hierba. Cailin se adentro en los jardines y finalmente trepo a las ramas de un melocotonero. Era poco probable que a alguien se le ocurriera buscarla alli arriba.
– ?Cincuenta! -oyo gritar a Justino Gabras.
Los gladiadores empezaron a registrar los jardines, buscando ruidosamente a las dos mujeres. Al cabo de unos minutos Cailin oyo la aspera voz del Huno que gritaba triunfante:
– ?He atrapado un conejito, amigos! -Y el timido grito de falsa sorpresa de Casia.
La caza de Cailin se hizo mas intensa, pero ella se sentia a salvo entre las ramas del arbol. Incluso veia a algunos hombres abajo, buscandola entre los arbustos, detras de las fuentes y entre las decorativas estatuas. «Jamas me encontraran», penso, pero despues ?que haria? ?Como podria escapar de Villa Maxima sin su ropa y sin una litera? De pronto la rama sobre la que estaba cedio y Cailin cayo al suelo profiriendo un grito. Dos hombres aparecieron mientras ella se ponia en pie desesperadamente. Una punzada de dolor le atraveso el tobillo derecho, pero ella hizo un esfuerzo por permanecer en pie.
– ?Deteneos! -ordeno a los dos hombres.
– No tengas miedo, ovejita -oyo decir a una voz, y luego: -?Es mia, griego! ?Si la tocas te mato!
– Ninguna mujer vale tanto como para arriesgarse a morir, Wulf Puno de Hierro -dijo el hombre llamado griego, y desaparecio en la oscuridad.
– ?De veras eres la prostituta mas exclusiva de Bizancio, Cailin Druso? -le pregunto Wulf.
– No -respondio ella con suavidad, -pero sera mejor que me trates como si lo fuera. Tu anfitrion es mi enemigo mortal.
– ?Puedes andar o te has lastimado demasiado?
– Me he torcido el tobillo al caer del arbol -respondio ella, -pero no me lo he roto. De todos modos, tendras que llevarme en brazos y forcejeare para escapar de ti. Justino Gabras encontraria extrano que no lo hiciera.
– ?Por que?
– Hablaremos de ello cuando estemos en un lugar privado. ?Vamos! Cogeme antes de que venga alguien y se extrane de que no estemos enzarzados en una apasionada batalla.
El se acerco y le acaricio la cara.
– Antonia dijo que habias muerto, y tambien nuestro hijo.
– Sospechaba que lo habia hecho -dijo Cailin.
– Quiero saber la verdad.
– ?Wulf, por favor! -le suplico. -?Ahora no! Gabras vendra por nosotros. Es un hombre muy peligroso.
Las preguntas se arremolinaban en la cabeza de Wulf. ?Como era que estaba viva? ?Y por que se encontraba en Bizancio? En sus ojos leyo que tenia miedo de verdad. La cogio en brazos y se la echo al hombro. Ella se puso a chillar y a golpearle con los punos mientras el la acarreaba por el jardin en direccion al lugar donde los otros esperaban.
– ?Dejame en paz! ?Sueltame, bruto! -gritaba Cailin. La sangre le subia a la cabeza y empezaba a sentirse mareada.
