amaba! Pero ?tambien amaba a Aspar! ?Que podia hacer?
– Ya no se que esta bien y que esta mal -dijo. -Oh, basta, Wulf. No puedo pensar.
– ?No lo hagas! -exclamo el. -Dime que no me amas, Cailin, y te ayudare a escapar de Villa Maxima ahora mismo. Me ire de Constantinopla y jamas volveras a verme. Quiza seria mejor asi. Nuestro hijo esta perdido para siempre, y la vida que llevas aqui es mejor para ti. La capital de la civilizacion te sienta bien, ovejita. Ya conoces el duro destino que nos espera en Britania.
Sin embargo, a pesar de sus palabras, la retenia entre sus brazos como si no pudiera soltarla.
Cailin guardo silencio durante lo que parecio una eternidad y luego dijo:
– Wulf, puede que el nino todavia este vivo. De alguna manera lo percibo. ?Que clase de padres seriamos si ni siquiera fuesemos a buscarlo?
– ?Y ese Flavio Aspar, el hombre con quien tienes que casarte? ?Lo que hay entre vosotros no es suficiente para que te quedes con el?
– Hay muchas cosas entre nosotros -respondio ella con calma. -Mas de las que puedes imaginar. Abandonare muchas cosas para regresar a Britania contigo, Wulf, pero alli tambien nos esperan muchas cosas.
»Estan nuestras tierras, de las que estoy segura que Antonia se ha apoderado de nuevo, y la esperanza de recuperar a nuestro hijo. La tierra no significa demasiado para mi. Me importa mucho mas el amor de Aspar. Sin embargo, nuestro hijo inclina la balanza en tu favor.
»Una vez, hace mucho tiempo, nos prometimos en matrimonio. Ese matrimonio no seria reconocido por los que se hallan en el poder en Bizancio, ya que no se celebro en el seno de su Iglesia, pero los votos que hicimos en nuestra tierra son sagrados. No voy a negarlos ahora que se que vives. Soy una Druso Corinio, y se nos ensena que cumplamos nuestras promesas no solo cuando nos conviene sino siempre.
– Yo no soy un deber a cumplir -replico el, ofendido.
Cailin percibio su tono y le sonrio.
– No. Wulf, no eres un deber, sino mi esposo, a menos que prefieras renunciar ahora a los votos que nos hicimos mutuamente en casa de mi abuelo aquella lejana noche de otono. Sin embargo, recuerda que si me niegas a mi, niegas tambien a nuestro hijo.
– ?Estas segura de lo que dices, ovejita?
– No, Wulf, no lo estoy -respondio ella con sinceridad. -Aspar ha sido muy bueno conmigo. Le amo y se que le hare dano cuando le abandone; pero tambien te quiero a ti, y esta nuestro hijo.
– ?Y si no podemos encontrarle?
– Entonces habra otros -respondio Cailin con suavidad.
– Oh, Cailin… -susurro el. -Quiero amarte como nos amamos en otro tiempo.
– Eso se espera de nosotros, ?no? La puerta esta atrancada y nos dejaran en paz hasta la manana, pero debes quitarte esa tunica corta. ?Por los dioses! Deja poco a la imaginacion y prefiero verte sin ella.
Cuando los dos estuvieron desnudos a la vacilante luz de las lamparas, Cailin le contemplo con avidez. Habia olvidado muchas cosas, pero de pronto sus recuerdos acudian a su mente. Alargo el brazo y le acaricio una cicatriz curva que tenia en el pecho.
– Esto es nuevo -observo ella.
– Me la hicieron en la escuela de Capua -dijo Wulf y extendio el brazo derecho hacia ella, -y esta en los juegos de primavera en Ravena, el ano pasado. Me hallaba bloqueando a un hombre que luchaba con red, y el esgrimio su daga. Murio bien.
Cailin se inclino y le beso la cicatriz del brazo.
– Nunca mas volveras a la arena, Wulf. Te perdi una vez, y no quiero perderte de nuevo.
– No hay ningun lugar seguro -senalo el. -Siempre acecha el peligro, amada mia.
Entonces le cogio el rostro con las dos manos y la beso en los labios, los ojos y las mejillas. Su piel era tan suave… Ella murmuraba en voz baja, la cabeza echada hacia atras, tenso el cuello. El le lamio ardientemente la garganta, deteniendo sus dedos en la base del cuello para sentir el pulso que latia.
– Te amo, ovejita-susurro. -Siempre te he querido.
De pronto Cailin parecio inflamarse de deseo y le cubrio de besos con sus labios y su lengua. Rozo la cicatriz del pecho con su boca y el gimio como si le doliera. Ella se irguio y se miraron profundamente a los ojos durante lo que parecio una eternidad. No habia palabras para expresar lo que sentian. A continuacion Cailin le acaricio el miembro suavemente, deslizando los dedos hacia atras para rozar con la mano su bolsa de vida.
– Vas a lisiarme, carino -dijo el.
– No eres ningun novato -repuso ella- y no estaria mal que pusiera en practica las cosas que he aprendido para nuestro mutuo placer.
Se puso de rodillas ante el y le beso el vientre y los muslos; luego le cogio el miembro en la boca y se aplico hasta que el suplico que parara y la puso en pie para besarla apasionadamente.
La guio hasta la tarima y se tumbaron en el colchon, los cuerpos entrelazados, sin dejar de besarse. Ella ya no era la muchacha timida que Wulf habia conocido. Sus manos eran atrevidas y le acariciaban con pericia. No sabia si sentir sorpresa o placer, pero al final cedio a este. Habia perdido una esposa joven y dulce y habia recuperado una mujer apasionada. Acogiendola en su brazo, empezo a acariciarle el cuerpo y ella se acurruco junto a el ronroneando como una gatita, alentandole a seguir y gimiendo suavemente a medida que se excitaba.
El le acaricio con ternura los pechos y se inclino para lamerle los pezones. El sabor de ella le excitaba y siguio lamiendole la suave piel, recorriendole el cuerpo entero con la lengua: entre los senos, por la garganta, hasta el vientre.
Cailin gemia y casi sollozaba.
– ?Sabes complacer a una mujer como yo te he complacido?
– Si -respondio el con voz ronca, y bajo la cabeza para llegar a su pequena joya y penetrarla profundamente.
– ?Aahhh…! -exclamo ella arqueando el cuerpo.
La estaba volviendo loca y percibia que el lo sabia. Entonces Wulf se coloco sobre ella y la penetro lenta y ardientemente, hasta lo mas profundo. A continuacion, descanso un momento mientras su miembro viril latia en su interior. Luego le cogio las caderas y la embistio ritmicamente hasta que sus gemidos resonaron en los oidos de Wulf. A Cailin se le cerraban los parpados pero se obligo a mantener los ojos abiertos y mirar a Wulf a la cara mientras la poseia.
El lo hizo con ternura, besandole el rostro, murmurandole palabras de amor y deseo al oido. Ella estaba saciada y sin embargo queria mas. Habia olvidado la pasion que habia existido entre ellos, pero ahora el habia reavivado el fuego que habia en ella y siguio haciendolo a lo largo de toda la noche, en la que hicieron el amor muchas veces, incapaces de sentirse saciados durante mucho rato.
Agotados al fin, se sumieron en un fragil sueno que al poco fue perturbado por un golpe en la puerta de la camara.
Wulf se puso en pie de un salto. La lampara del suelo y una de las pequenas lamparas de aceite se habian extinguido. Wulf desatranco la puerta y la abrio. Ante el aparecieron Casia y Joviano.
– ?Que quereis? -gruno.
– Justino Gabras ha enviado a buscar a Flavio Aspar -chillo Joviano con voz horrorizada. Cailin grito desde la cama:
– ?Mi ropa, Joviano! Tengo que vestirme ahora mismo y, por piedad, encuentra algo respetable que Wulf pueda ponerse para conocer al general.
– Yo tengo tu ropa, Cailin -dijo Casia. -?Ven conmigo!
– ?Lo de anoche lo dijiste en serio? -le pregunto Wulf.
– Si -respondio Cailin con una sonrisa. -Regresaremos a Britania a reclamar nuestras tierras y recuperar a nuestro hijo. ?Claro que lo dije en serio!
Siguio a Casia con paso rapido.
– ?Estas loca! -le dijo Casia poco despues, mientras la ayudaba a vestirse. -?Renunciaras a ser la esposa de Aspar y todo lo que Bizancio puede ofrecerte por ese sajon? ?Ningun hombre es tan maravilloso en la cama!
Cailin rio.
– El si, pero no se trata de eso, Casia. Wulf es mi esposo y tenemos un hijo al que hemos perdido. Pero seguramente lo recuperaremos en Britania.
