– Asi que el otro conejito por fin ha sido atrapado -oyo decir a Gabras, que aparecio en su campo de vision. -Nos has dado trabajo, querida. ?Donde estaba?
– En un arbol -respondio el Sajon. -Jamas la habria encontrado, pero la rama en que estaba ha cedido.
– Quiero ver como la posees -dijo Justino Gabras. -?Aqui y ahora! -Sostenia una copa de vino.
– Solo hago actuaciones publicas en la arena -repuso Wulf Puno de Hierro con calma.
– Quiero ver a esta mujer humillada -insistio Gabras.
«Este hombre es peligroso», penso Wulf, y replico:
– Por la manana habre poseido a esta mujer de todas las maneras posibles, algunas de las cuales ni siquiera tu has imaginado, mi senor. Si no esta muerta, sera incapaz de arrastrarse para salir de la habitacion donde yaceremos esta noche. -Se volvio hacia Joviano Maxima. -Quiero una habitacion sin ventanas para que no moleste a nadie con sus gritos. Tiene que disponer de un buen colchon, y tambien quiero vino. Y un latigo. A menudo hay que recordar a las mujeres sus obligaciones, y esta es demasiado rebelde. Es evidente que no sabe cual es su lugar, ?pero lo aprendera! A los sajones nos gustan las mujeres dociles y complacientes.
– ?Por los dioses eres todo un hombre! -exclamo Justino Gabras con una sonrisa que ilumino sus facciones. - ?Dale lo que pide, Joviano Maxima! Esa puta esta en buenas manos.
Unos momentos mas tarde fueron acompanados a la misma habitacion donde Cailin y Casia habian sido encerradas antes. Ahora, sin embargo, la habitacion contenia una gran cama sobre una tarima, varias mesas bajas, una jarra de vino y dos copas, dos lamparas que ardian con aceite perfumado, una alta lampara de suelo y, a los pies del colchon, el latigo que Wulf habia pedido.
Joviano, que les habia acompanado personalmente, parecia nervioso, y Wulf le sonrio con aire perverso.
– Cierra la puerta -pidio. -Quiero hablar contigo.
Joviano accedio con nerviosismo.
– Dile a Gabras que te he amenazado si no se nos concedia absoluta intimidad -dijo Wulf.
– ?Que quieres de mi, gladiador?
– Saber la naturaleza del peligro que Justino Gabras supone para Cailin Druso.
– Utilizara lo que ha ocurrido, lo que ocurrira esta noche, para desacreditarla ante la corte imperial y el patriarca, que prohibira entonces su matrimonio con el general Flavio Aspar. Eso es lo que pretende Gabras. El resto te lo puede contar la propia Cailin, si quieres escucharla.
– Es Wulf Puno de Hierro, mi marido -le susurro Cailin.
– ?Que el es…? -exclamo asombrado Joviano Maxima. -?Es verdad eso que dices, Cailin?
– Por esa razon he venido aqui, Joviano -admitio ella. -Cuando le vi en la arena no estaba segura. Tenia que cerciorarme antes de jurar mi fidelidad a Aspar.
Wulf y yo tenemos que hablar, y luego yo me quedare en esta habitacion hasta la manana. Sin embargo, cuando amanezca, tendras que ayudarme a regresar a Villa Mare. Y tambien a Casia. Si nos movemos con habilidad, podemos impedir que el principe Basilico se entere del incidente. Ella le ama.
Joviano hizo un gesto de asentimiento, aun no repuesto de la sorpresa.
– Si, y el principe ama a Casia tanto como ella a el, pero no puede decirselo. Me lo conto una vez en que habia bebido de mas. Por la manana se lo dire. Eso la consolara, supongo. Ahora debo dejaros o Gabras sospechara.
La puerta se cerro tras Joviano, y Wulf coloco la barra de madera que protegeria su intimidad. El corazon de Cailin latia deprisa. ?Verdaderamente era Wulf! Con manos temblorosas sirvio dos copas de vino y bebio nerviosa, mientras el se volvia y cogia su copa.
Se la bebio de un trago y dijo sin rodeo:
– Asi que vas a casarte. Tienes aspecto de haber prosperado y de ser amada.
– Y tu, que me querias por mis tierras, no tardaste en abandonarlas. Me dijiste que estabas harto de pelear, pero quiza un gladiador gana mas dinero, y no cabe duda de que tiene mayores privilegios que un soldado -replico Cailin.
Habia sido una locura ir alli, y mas aun creer que todavia quedaba algo entre ellos.
– ?Como llegaste a Bizancio? -pregunto el.
– En la bodega de un barco de esclavos, desde Marsella -respondio Cailin con aspereza. -Tuve que cruzar a pie toda Galia para llegar hasta aqui. Antes de eso, pase el tiempo drogada en una pocilga para esclavos en Londres. -Bebio un sorbo de vino. -Creo que nuestro hijo vive, pero no se que hizo Antonia con el. ?Alguna vez intentaste averiguarlo?
– Ella me dijo que tu y el nino habiais muerto en el parto -explico el, y paso a contarle lo que habia ocurrido cuando fue a la villa de Antonia a buscarla.
– ?Y nuestros cuerpos? -pregunto airada Cailin. -?Ni siquiera exigiste ver nuestros cuerpos?
– Me dijo que os habia incinerado; incluso me dio una cajita con vuestras supuestas cenizas. Las enterre con tu familia -termino con aire indefenso. -Crei que lo habrias querido asi.
El macabro humor de este comentario sorprendio a Cailin y se rio.
– Sospecho que enterraste una cajita con cenizas de madera o de carbon -dijo, apurando su copa y sirviendose mas.
– ?Como es que conoces a Joviano Maxima? -pregunto el.
– El me compro en el mercado de esclavos y me trajo aqui-respondio ella con frialdad. -?Estas seguro de que quieres saber mas?
«No es la misma Cailin que conoci y ame», penso Wulf. Pero ?como iba a serlo? Hizo un lento gesto de asentimiento y escucho, y su expresion fue pasando de la ira al dolor y la compasion mientras ella le relataba su terrible peripecia. Cuando hubo terminado, el guardo silencio un largo momento y luego pregunto:
– ?Permitiremos que Antonia Porcio destruya la felicidad de que disfrutabamos, Cailin?
– Oh, Wulf, nuestro tiempo ha pasado. Yo creia que te quedarias con las tierras de mi familia, que habrias tomado otra esposa y que tendrias otro hijo. ?Como podria imaginar que volveriamos a encontrarnos aqui, en Bizancio, o en cualquier otro lugar del mundo?
Cailin suspiro y bajo la cabeza para ocultar las lagrimas que habian acudido a sus ojos.
– ?O sea, que rehiciste tu vida? -pregunto el con amargura.
– ?Que podia hacer? -sollozo ella. -Aspar me rescato de este Hades de seda y me dio la libertad. Me acogio en su casa y me amo. Me ha ofrecido la proteccion de su nombre a pesar de todo. ?He aprendido a amarle, Wulf!
– ?Y has olvidado el amor que compartimos, Cailin? -pregunto con rencor y la atrajo bruscamente a sus brazos. -?Has olvidado como eran las cosas entre nosotros, ovejita? -La beso en la ceja. -Cuando Antonia me dijo que tu y el nino habiais muerto quede destrozado. No podia creerlo, pero como ya te he dicho, ella me entrego lo que afirmo eran vuestras cenizas. Regrese a casa y las enterre. Trate de seguir adelante, pero tu estabas en todas partes. Tu esencia impregnaba la casa y las tierras. Y sin ti no habia nada. Nada tenia significado para mi si tu no estabas, Cailin. Una manana desperte. Cogi el casco, el escudo y la espada y me marche. No sabia adonde iba, pero sabia que tenia que apartarme de tu recuerdo. Vague por Galia y me dirigi a Italia. En Capua conoci a unos gladiadores en una taberna. Ingrese en la escuela que hay alli y cuando empece a pelear pronto me converti en campeon. No temia a la muerte. Ese temor es el mayor enemigo del gladiador, pero yo no lo tenia. ?Por que iba a tenerlo? ?Que tenia que perder que no hubiera perdido ya excepto mi vida, que para mi no tenia ya ningun valor?
– ?Y conseguiste escapar de mi recuerdo con tus combates, con una jarra de vino o en los brazos de otras mujeres?
– Siempre has permanecido conmigo, Cailin. En mis pensamientos y en mi corazon. No pude escapar de ti.
La estrecho entre los brazos, aspirando su perfume y frotando la mejilla contra su cabeza. La piedra en que el corazon de ella se habia convertido empezo a desmigajarse.
– ?Que quieres de mi, Wulf? -le pregunto con ternura.
– Nos hemos reencontrado, mi dulce ovejita. ?No podriamos volver a empezar? Los dioses han hecho posible este reencuentro.
– ?Con que fin? ?Que ganariamos con ello?
El le levanto el rostro levemente y su boca la beso con suavidad. Sus labios eran calidos y muy suaves, y cuando el beso se hizo mas apasionado, el corazon de Cailin estuvo a punto de partirse en dos. ?Todavia le
