corazonada sobre el nuevo lord. Rio para sus adentros. Su medio hermano, tan avaro y mezquino, creia haber elegido a un anciano debil como esposo de su sobrina.
Henry siempre habia sido presumido. Edmund sabia que se traia, pues era transparente como el vidrio. Henry habia arreglado este matrimonio para Rosamund porque la nina era demasiado joven para procrear. Hugh Cabot estaba viejo para esas cosas. Pero la heredera de Friarsgate era una mujer casada, a salvo de los predadores que pudieran desposarla e ignorar los deseos de Henry de apoderarse de Friarsgate para sus propios herederos. Si la criatura que Agnes llevaba en las entranas era un varon, Edmund no tenia duda de que, en cuanto pudiera, Henry casaria a ese hijo con Rosamund. Aunque la madre todavia estuviera amamantandolo. No importaba que la novia fuera mayor que el novio. Esas cosas eran habituales en los matrimonios en que la tierra era lo mas importante. Pero si Hugh Cabot era el hombre honesto que Edmund creia, Rosamund estaria a salvo de su tio Henry, que, por fin, parecia haberse pasado de astuto.
Edmund observo como los dos jinetes desaparecian del otro lado de la colina. Se volvio y entro en su casa, para ordenar. Por la manana regresaria a atender sus deberes como administrador de Friarsgate. El y Hugh, juntos, le ensenarian a Rosamund todo lo que debia saber para manejar sus tierras cuando ellos ya no estuvieran para hacerlo.
Friarsgate se habia debilitado con la administracion de Henry Bolton. Ahora, con su nuevo lord, volvio a ser el lugar feliz que era en tiempos de los padres y abuelos de Rosamund. En la vispera del Dia de Todos los Santos, que era tambien la fiesta de san Wolfgang, a la caida del sol se encendian fogatas en todas las laderas. En la sala de Friarsgate se coloco un candelabro alto y grande en el medio del recinto. Se colgaron guirnaldas de hojas verdes con manzanas en toda la habitacion para decorarla. El punto mas importante de la comida era el crowdie, un postre dulce de manzanas con crema que se repartia entre quienes compartian la mesa. Dentro del crowdie se habian escondido dos anillos, dos monedas y dos canicas.
– ?Tengo una moneda! -grito Rosamund, entusiasmada, entre risas, y saco el penique de la cuchara.
– ?Yo tambien! -exclamo Hugh-. Entonces, esposa, si la leyenda es correcta, seremos ricos, aunque yo ya lo soy contigo.
– ?Que te toco, Edmund? -le pregunto la nina a su tio.
– Nada -dijo el, riendo.
– Pero eso significa que tu vida estara plagada de incertidumbre -dijo Rosamund. Y hundio la cuchara en el plato comun del crowdie-. ?Te voy a encontrar el anillo!
– Ya esta casado conmigo -le recordo Maybel a su pupila-. Deja el anillo para las muchachas de la cocina, que disfrutaran de lo que quede, mi pequena lady.
– ?A ti te toco algun premio? -le pregunto Rosamund a su nodriza.
– La canica -admitio Maybel.
– ?No! ?No! -grito la pequena-. ?Eso significa que tu vida sera solitaria, Maybel!
– Bien, no ha sido para nada solitaria hasta ahora. Debo cuidar de ti, y tengo a mi Edmund. De todos modos, son todas pamplinas.
Escoltada por su esposo, Rosamund salio al aire libre para repartir manzanas frescas de una canasta de mimbre entre sus arrendatarios, reunidos en torno a la fogata por la vispera del Dia de Todos los Santos, en la ladera de la montana. Se creia que en esa epoca del ano las manzanas traian buena suerte. Las frutas de Rosamund se recibieron con inclinaciones, reverencias y el agradecimiento de la gente de Friarsgate.
Al dia siguiente era la celebracion de Todos los Santos, en honor a todos los santos, conocidos y desconocidos. El 2 de noviembre, se conmemoraba el Dia de los Fieles Difuntos. Los ninos de Friarsgate iban cantando, de puerta en puerta, y se los recompensaba con 'tortas de difuntos', que eran pequenos postres de harina de avena con trocitos de manzana. El noveno dia del mes, Rosamund organizo una pequena fiesta sorpresa para celebrar el cumpleanos de su esposo. Tambien le regalo un broche de plata decorado con un agata negra que habia pertenecido a su padre y a su abuelo.
Hugh miro el broche en su envoltorio de delicada lana azul. Nunca en toda su vida, ni una sola vez en sus sesenta anos, le habian obsequiado nada. Miro a la nina que ahora era su esposa y se le llenaron los ojos de lagrimas.
– Pero, Rosamund -dijo, con un nudo en la garganta-, nunca me regalaron nada tan fino como esto. -Se agacho y le dio un beso en la rosada mejilla-. Gracias, esposa mia.
– Ay, me alegro mucho de que te haya gustado. Maybel me dijo que te agradaria. Es para tu capa, Hugh. ?Va a quedar tan lindo!
Dos dias despues celebraron, con ganso asado, el Dia de San Valentin. El veinticinco de noviembre observaron el Dia de Santa Catalina con tortas de Cathern, hechas con forma de rueda, y con 'lana de cordero', una bebida espumante servida en un cuenco de Cathern. Despues, en la sala, bailaron en ronda. Hacia tiempo que se habia levantado la cosecha, y muchas ovejas y vacas gestaban crias que nacerian en los meses siguientes.
La temporada navidena se extendia desde el 24 de diciembre hasta el 5 de enero. Era la epoca mas feliz de la vida de Rosamund de la que ella tuviera recuerdo. No habia noticias de su tio Henry. En la sala, noche y dia ardia un inmenso leno de Navidad. Se colgaban ramas verdes, muerdago y ramas de acebo. Se encendian doce candelabros para la Noche de Epifania. En todas las comidas se servian doce platos. Habia un brindis conmemorativo para cada dia y las comidas dulces se apreciaban especialmente. Se servian trigo con leche, azucar y huevos, pastel de frutas y budin, aunque la comida preferida de Rosamund eran las munecas de Navidad, que estaban hechas de masa de jengibre.
El regalo de Rosamund a cada familia arrendataria fue un permiso para cazar conejos todos los sabados del invierno. Como la cosecha habia sido buena, los graneros de piedra de Rosamund estaban llenos, y tambien podria dar de comer a los habitantes de Friarsgate durante la temporada de frio. Una vez por mes se distribuia el grano que se llevaria al molinero para hacer la harina. En el sotano, habia canastas con cebollas, manzanas y peras, y colgaban zanahorias y remolachas de las vigas.
El 5 de enero era el ultimo dia de la fiesta de Navidad, y se lo conocia como la Noche de Epifania. Rosamund y Hugh presenciaron la actuacion de seis bailarines de la aldea disfrazados de bueyes, con cuernos y campanillas. Cuando termino la presentacion, Rosamund eligio a uno como 'el mejor animal'. Entre risas, le puso sobre los cuernos una dura torta de avena en forma de aro. Entonces, el mejor animal trataba de quitarse su recompensa, mientras Rosamund y Hugh discutian acaloradamente si la torta caeria por delante o por detras del bailarin. Al fin, la torta salio volando del cuerno del animal y se desplomo sobre la mesa de la joven dama de Friarsgate, justo delante de ella. Rosamund estallo en una carcajada y aplaudio.
– ?Bravo! -exclamo, mientras los bueyes se fueron bailando de la sala.
Cuando termino la comida, el senor y la senora de Friarsgate se levantaron con sus copones y salieron a la noche clara y fria. En el cielo negro, las estrellas brillaban, plateadas, azules y rojas. Delante de la casa habia un gran roble anoso con ramas en todas direcciones. Se decia que cuando se construyo la casa, doscientos anos atras, el roble ya estaba alli. Las copas de la pareja tenian sidra y ellos habian llevado tres pedazos pequenos de torta de especias. Rosamund y Hugh bebieron a la salud del viejo arbol, despues comieron uno de los trozos del postre entre los dos y le ofrecieron los otros dos al arbol. Entonces lo rodearon, cantaron una antigua melodia y derramaron el resto de la sidra en las raices nudosas que afloraban de la tierra dura.
– ?Es la mejor Noche de Epifania que he pasado jamas! -dijo Rosamund, feliz.
– Si -dijo Hugh, caminando junto a su joven esposa cuando volvieron a la sala-, tambien para mi, muchachita.
Habian llegado los meses de invierno. Rosamund se preparo para aprender a leer y escribir. Con infinita paciencia, Hugh mismo le enseno, haciendo las letras con un trozo de carbon sobre un pedazo de pergamino. Para sorpresa de el, ella era zurda, algo muy poco comun. Siguiendo las instrucciones de su esposo, copiaba cuidadosamente las letras una y otra vez, y decia sus nombres en voz alta. Se tomaba muy en serio su tarea y enseguida se convirtio en una muy buena alumna. Al mes, ya sabia el alfabeto de memoria y podia escribir las letras con toda prolijidad. Luego, el le enseno a escribir su nombre. Ella quedo encantada cuando lo vio por primera vez, las letras extendidas sobre el pergamino gastado. Rapidamente comenzo a aprender a escribir otras palabras, y para fines del invierno empezo a leer.
– Tengo miedo de que me supere -le dijo Hugh a Edmund-. Es muy inteligente. Para el verano estara leyendo mejor que tu o yo.
– Entonces, ensenale -lo haremos juntos- a sumar, para que pueda llevar sus cuentas -dijo Edmund. Despues rio-. Henry no se va a poner muy contento cuando se entere.
