– No puede hacer nada. Yo soy el esposo de Rosamund. Segun la ley, soy responsable por su conducta y por sus tierras. Ambos sabemos que me eligio a mi para mantener a la nina a salvo de ofrecimientos de matrimonio de otras familias hasta poder casarla con un hijo suyo cuando yo no este.
– Cuanto mas crezca, mas dificil sera manejarla -comento Edmund-. Es muy parecida al padre. Ahora me doy cuenta.
Las colinas comenzaron a pintarse de verde con la primavera. La paricion de las ovejas habia dado una buena carnada de nuevos animales. Las vacas tambien eran mas: habia varias vaquillonas y dos toros nuevos. Se quedarian con uno, para la reproduccion, y venderian el otro. Durante el invierno, los arrendatarios de Friarsgate habian reparado sus casas. Remendaron los techos y volvieron a sellar las chimeneas. Habia llegado el momento de labrar la tierra para plantar grano y verduras.
El ultimo dia de abril, el esposo de Rosamund, su tio Edmund y Maybel celebraron su septimo cumpleanos. Ella los alegro a todos con su entusiasmo para recibir los regalos. Maybel le regalo un corpino de seda verde bordado y decorado con hilo de oro. El tio Edmund, un libro encuadernado en cuero, con hojas blancas, para que hiciera sus cuentas en el, junto con una pequena pluma de ganso afilada, para escribir. Hugh le obsequio a su esposa un par de guantes de piel de gamo con bordes de piel de conejo que habia hecho el mismo y un velo para la cabeza de delgado linon, que le habia comprado al primer buhonero que paso cuando llego la primavera.
La cosecha estaba sembrada y los campos, verdes, cuando Henry Bolton llego a Friarsgate por primera vez desde el otono anterior. Fue a contarles con tristeza que su buena esposa, la senora Agnes, habia dado a luz a una nina muy debil en la fiesta de Santa Julia. La nina estaba con una nodriza, pues Agnes Bolton habia muerto de fiebre puerperal despues de parir. Esa tarde, Henry se sento con Hugh en la sala.
– Rosamund se ve muy sana -dijo Henry Bolton. Su sobrina lo habia saludado muy cortesmente y, despues de la comida, le habia pedido a su esposo permiso para retirarse.
– Es una nina fuerte -respondio Hugh.
– Parece que te estima.
– Soy como un abuelo para ella -murmuro Hugh.
– Espero que no la malcries. ?Has usado la vara con ella?
– No hizo falta… hasta ahora. Es una nina buena y obediente. Si se porta mal, remediare la situacion, te lo aseguro, Henry Bolton.
– ?Bien! ?Bien! -respondio Henry. Luego suspiro-. ?Y tu, Hugh? ?Tu tambien estas bien de salud? -Maldita Agnes, penso, mientras hacia la pregunta. Si este viejo esposo de Rosamund se moria antes de que el tuviera otro hijo, seguro que perderia Friarsgate.
– Mi salud parece excelente, Henry -dijo Hugh, imperterrito, sabiendo exactamente que le pasaba por la cabeza a su interlocutor y haciendo un esfuerzo por no reir.
– Debo volver a casarme -comento de pronto Henry.
– Si. Seria prudente.
– El hermano de Agnes sostiene que tengo que devolverle Otterly -le dijo Henry a Hugh.
– No, es tuya. Fue un regalo a Agnes cuando se caso contigo. Ella podia hacer con ella lo que quisiera. Dile a Robert que yo lo he dicho, pues fui yo quien redacto los papeles para transferir la propiedad a manos de ella. Busca entre las cosas de Agnes, Henry, y los encontraras. Robert Lindsay tiene una copia. El sabe que Otterly te pertenece a ti. Esta intentando ver si puede robartela. Testificare a tu favor ante cualquier tribunal de senorio. Si le dices esto a tu cunado, no insistira.
– Gracias -dijo Henry Bolton, reconfortado.
– Asi que, cuando pase el ano de luto, buscaras una nueva esposa. Era una buena mujer, mi prima Agnes. Sera dificil encontrar otra tan buena como ella.
– Ya elegi a mi nueva esposa. No puedo estar un ano haciendo duelo por Agnes. Tu no viviras para siempre, Hugh. Tu sabes que quiero casar a mi proximo hijo con mi sobrina. Como minimo, el muchacho debe haber sido destetado para eso -dijo Henry Bolton, con crudeza.
– Caramba -dijo Hugh, sin saber si enojarse o reirse de la insensibilidad del otro. Asi que no habria un duelo decente por la pobre Agnes.
– Es la hija de un manumiso con una pequena propiedad lindera a Otterly. Son dos hermanas y Mavis tiene pocas probabilidades de conseguir otro esposo tan bueno como yo, asi que el padre le ha dado un tercio de las tierras, las que lindan con las mias, de dote. Nos casaremos despues de Lammas. Es joven y sera una buena reproductora.
– A pesar de que tiene apenas dos hermanos -dijo Hugh, con astucia.
– Su hermano ya ha engendrado media docena de hijos, y el padre tuvo muchos mas con su amante. La madre de Mavis era una mujer fria, pero ella no -dijo Henry, riendo-.Ya anduve por debajo de sus polleras, y ella estuvo mas que dispuesta.
– Seria virgen, me imagino. Tienes que asegurarte, Henry, de que tu primogenito sea en verdad de tu sangre.
– Ah, si, era virgen. Le meti el dedo para asegurarme antes de usarla por primera vez. Su padre lo alento.
– Traeras a tu esposa a conocer a Rosamund, espero, antes de embarazarla.
– Ah, si, lo hare -dijo Henry. Y agrego-: ?Prospera Friarsgate?
– Si, prospera. Tuvimos una buena carnada de ovejas al final del invierno, y muchas vacas tambien. Los campos producen bien, y los huertos estan llenos de fruta. Sera un buen ano, Henry. Un ano prospero.
– ?Y los escoceses?
– Se mantienen de su lado de la frontera.
– ?Bien! ?Bien! Me dijeron que evitan Friarsgate porque nuestra tierra es empinada y resulta dificil llevarse rapidamente los animales robados, pero con los escoceses nunca se sabe, Hugh. Manten los ojos abiertos - aconsejo Henry, pomposo.
– Asi sera, Henry. Por cierto que estare atento.
A la manana siguiente, Henry Bolton partio. Rosamund fue a despedir a su tio. El la miro con detenimiento por ultima vez. Si, era una sinverguenza fuerte, penso. Habia crecido desde la ultima vez que la vio. Su cabello rojizo brillaba con luces doradas. Ella lo miro brevemente antes de bajar con pudor la vista, al tiempo que hacia una reverencia.
– Bien, nina, no se cuando regresare -le dijo Henry-. La proxima vez te traere a tu nueva tia, ?eh?
– Eres siempre bienvenido a Friarsgate, tio -respondio Rosamund. Y le entrego un pedacito de tela de lana atado con un cordon.
– ?Que es esto?
– Es un pan de jabon, perfumado con brezo, que he hecho para tu novia, tio.
Henry Bolton se sorprendio. No era tan insensible como para no percatarse de que no era el preferido de su sobrina. Un regalo para Mavis era un gesto sorprendente de parte de la nina.
– Se lo llevare, y tienes mi agradecimiento, Rosamund. No puedo decir nada malo de tus modales, y me complace que aprendas tareas femeninas.
– La senora de Friarsgate debe saber muchas cosas, tio. Soy joven, pero capaz de aprenderlas -respondio Rosamund. Entonces volvio a hacerle una reverencia y fue a pararse junto a su esposo.
– Rosamund hizo jabon para mantenernos limpios todo el invierno -se apresuro a decir Hugh antes de que Henry Bolton terminara de digerir las palabras de su sobrina. Discrecion, penso. Tenemos que ensenarle a Rosamund que no descubra sus tacticas tan abiertamente. Le sonrio a Henry-. Que Dios te acompane.
– Si, tio, que Dios te acompane y te proteja -repitio Rosamund. Y observo como su tio se alejaba. Puso la mano en la de Hugh, y dijo-: Si supiera…
– Pero no sabra nada hasta que no sea demasiado tarde -le contesto Hugh.
Rosamund estuvo de acuerdo.
– No, nada -respondio.
CAPITULO 02
