amenazas. Ah, aca esta nuestro vino. Bebe, tio. Te ves al borde del soponcio. -Inclino la copa hacia sus labios y bebio con delicadeza.
Por un momento Henry Bolton era todo furia. Siguiendo el consejo de su sobrina, bebio el vino, tratando de calmar sus pensamientos y los latidos de sus sienes. La muchacha que estaba sentada, tan segura de si, ante el, era mas que bonita. ?La vieja condesa de Richmond no habia dado a luz al rey Enrique VII a los trece anos? Su sobrina ya no era una nina. Era casi una mujer, y una muy decidida. ?Como diablos habia sucedido todo esto en apenas seis anos? A Henry Bolton, de pronto, se le encogio el pecho. Lucho por contenerse. La perra de ojos ambar que estaba sentada frente a el lo observaba con gesto serio.
– ?Te sientes bien, tio? -le pregunto, solicita.
– Quiero ver a Hugh -exigio el.
– Por supuesto, pero tendras que esperar a que despierte. Si bien esta perfectamente lucido, mi esposo ya no es fuerte. Duerme mucho. Le mandare avisar de tu llegada cuando despierte, tio. -Rosamund se puso de pie-. Quedate aqui, y calientate junto al fuego -le aconsejo-. Hare traer mas vino. -Se aliso la pollera azul con sus largos dedos-. Tengo que irme.
– ?Adonde vas? -casi chillo Henry Bolton.
– Tengo trabajo que hacer, tio.
– ?Que trabajo? -inquirio el.
– Es primavera, tio, y hay mucho que hacer en la primavera. Debo terminar las cuentas mensuales y hacer un plan de siembra, y ver cuanta semilla necesitare distribuir para plantar. Este invierno hemos tenido mas nacimientos de corderos de lo que pensabamos. Hay que limpiar un nuevo terreno y plantarlo para albergar a los animales. No soy una dama fina que pueda quedarse sentada junto al fuego dandote conversacion.
– ?Y por que haces tu esas cosas? -la desafio el.
– Porque soy la senora de Friarsgate, tio. No esperaras que, a mi edad, solo teja en mi telar o haga conservas o jabon.
– ?Esas son las tareas de las mujeres, maldicion! -grito Henry Bolton-. Por supuesto que eso es precisamente lo que tendrias que hacer. ?Tienes que dejar la administracion de Friarsgate en manos de los hombres! -Otra vez la furia se instalaba en su rostro.
– ?Pamplinas! -le contesto Rosamund, impaciente-. Pero, si te tranquiliza, tio, te dire que tambien se hacer esas cosas. Como sea, Friarsgate es mia. Es mi responsabilidad cuidar de su bienestar, y del bienestar de mi gente, como lo haria cualquier buena castellana. Me desagrada ser inutil y ociosa.
– ?Quiero hablar con Hugh!
– Y hablaras, tio, a su debido tiempo.
Rosamund salio de la sala. Oyo a sus espaldas a su tio farfullando sus quejas, y luego la voz de su hijo.
– No me gusta, padre. Quiero otra esposa.
– ?Callate! -le grito con salvajismo.
Rosamund sonrio mientras corria a ver a su esposo, que, de verdad, descansaba en su aposento. Aprovecho que pasaba una criada para decirle:
– Encuentra a Edmund Bolton, pero envialo al aposento del senor y no a la sala, donde espera mi tio.
La criada asintio y salio corriendo.
Hugh Cabot estaba sentado en la cama cuando ella entro en la habitacion. Habia adelgazado y estaba muy debil, pero sus brillantes ojos azules seguian vivaces, interesados en todos y en todo.
– Oi que tenemos visita -dijo, con una pequena sonrisa.
Rosamund rio.
– Doy fe, mi senor, de que siempre sabes todo antes que yo. -Fue a sentarse en el borde de la cama de su esposo-. Lo que tenemos, Hugh, es un espia entre nuestra gente. Le he pedido a Edmund que averiguara quien es. Y si, tenemos visita, pero no una, sino dos. Me ha traido a mi proximo esposo.
– ?Y apruebas al pequeno, Rosamund? -dijo Hugh, bromeando con ella, con una sonrisa traviesa que ilumino sus labios delgados.
– Por lo que he visto, es un atrevidito arrogante y malcriado. Estoy segura de que es la primera vez que le ponen pantalones largos, Hugh. Camina como un gallito, y no es mucho mas grande que uno de ellos, tampoco.
El rio. Enseguida tosio, pero rechazo la copa que ella le ofrecia.
– No, criatura, no la necesito.
– Lo que quieres decir es que no te gusta -dijo ella, con un rezongo amable-, pero las hierbas te aplacan la tos, Hugh.
– Y tienen gusto a agua de pantano -mascullo el, de buen humor. Y para complacerla, bebio unos cuantos tragos de la infusion.
– Mi tio quiere verte. ?Tienes ganas? No le permitire que se acerque si no lo deseas, Hugh -dijo ella, muy seria-. No quiero perderte, mi querido ancianito.
Hugh le sonrio. Estiro el brazo y le palmeo la mano.
– Vas a perderme, mi queridita. Mas temprano que tarde, me temo.
Pero no digas que no, Rosamund. Te he ensenado a ser mas pragmatica y no permitir que tus emociones dominen tu sentido comun.
– ?Hugh! -lo regano con suavidad.
– Rosamund, me estoy muriendo, pero no tengas miedo de mi partida. He tomado recaudos para dejarte a salvo de Henry Bolton. -Se reclino contra las almohadas y cerro los ojos.
– ?Que recaudos? ?Que has hecho, mi querido Hugh? ?No te parece que yo deberia saber que destino has planeado para mi? -Se pregunto que habria hecho el. Durante los meses de invierno habia habido muchas conversaciones susurradas entre su esposo y Edmund.
– Sera mejor que no lo sepas hasta que no sea necesario -aconsejo Edmund a su joven esposa-. Asi, tu tio no podra acusarte de ninguna connivencia conmigo para robarle Friarsgate.
– Friarsgate no es suya. Nunca lo fue -dijo Rosamund, irritada.
Hugh abrio los ojos y clavo en ella su mirada azul.
– Yo lo se, y tu lo sabes, querida, pero Henry Bolton nunca se convencera de ese hecho, ni muerto. Yo, de verdad, creo que seria capaz de cometer un asesinato para ser dueno de estas tierras, si creyera que podria salir impune. Por eso debes estar protegida de tal manera que el no se atreva a hacerte dano. Ya no eres una nina, por lo que no es facil controlarte y, cuando tu tio Henry se de cuenta de eso, correras peligro.
– ?Le diras lo que has hecho?
En la cara de Hugh Cabot se dibujo una sonrisa traviesa.
– No, guardare mi secreto. Pero cuando el intente tomar posesion de tu persona y de tus tierras, tu tendras el supremo placer de ver su desconcierto cuando compruebe que ambas estan a salvo de su avaricia para siempre.
– Pero ?como se enterara mi tio de lo que has hecho? -pregunto ella. Su esposo estaba tan palido… Y las delicadas venas azules de los parpados se veian casi negras.
– Un hombre poderoso me debe un favor. He enviado a pedir que venga alguien en su nombre. Ya ha de estar en camino. Y Edmund tambien sabe lo que he planeado. -Hugh sonrio, misterioso.
– Me imagino que no habras concertado otro matrimonio para mi-dijo Rosamund, nerviosa.
– No me corresponde a mi hacer semejante cosa -exclamo Hugh-. No lo haria, Rosamund. La proxima vez elegiras tu.
– ?Ah, Hugh, no quiero que me dejes! Te quiero. No como una mujer quiere a un hombre. Yo no se nada de ese tipo de amor, pero igual te quiero. Nunca, desde la muerte de mis padres, he sido tan feliz como contigo.
– Y yo te quiero a ti, querida -dijo el, en voz baja-. Eres la hija que nunca tuve. Gracias a ti mis ultimos anos han sido comodos y felices. Se que me enterraras con honor y que el lugar guardara mi nombre. Es mas de lo que podia esperar, Rosamund.
– Es tan poco, en especial porque tu me has dado tanto, mi querido esposo. -Sus dedos delgados se cerraron sobre la mano nudosa y vieja, dandole calor juvenil a los huesos helados.
Hugh volvio a cerrar los ojos, con una sonrisa en los labios.
– Lo vere despues de la comida. Con un poco de suerte, Henry Bolton estara menos colerico con la panza llena. Traeme un poco de caldo, mi queridita. Es lo unico que soporta mi estomago. Ahora voy a dormir un
