rato.
Ella le solto suavemente la mano y se incorporo. Lo tapo con la manta, se inclino y lo beso en la frente.
– Yo misma te traere la sopa y te la dare -dijo Rosamund y salio de la habitacion. Si, estaba muriendo, tuvo que admitirlo por primera vez. Sintio el ardor de las lagrimas en los ojos y parpadeo. Hugh tenia razon. No podia permitir que sus emociones dominaran su naturaleza practica. No en ese momento. Tenia que estar muy despierta, por el, por ella y por todos.
Entro en la sala y se dirigio a su tio.
– Mi esposo te vera despues de comer. Esta muy debil. No debes permanecer mucho tiempo con el.
– ?Por que no puede verme ahora? -exigio Henry, irritado-. ?Es ofensivo! Hugh Cabot se comporta como si hubiera nacido en esta casa, cuando soy yo el responsable de haberlo puesto en este lugar. Me debe obediencia y respeto, y no me brinda ninguna de las dos cosas.
– Es un anciano moribundo, tio. Ademas, para ser honestos, tu lo casaste conmigo para proteger lo que tu consideras tu interes en mis tierras. Debo recordarte que Friarsgate es mia, no tuya. Nunca te ha importado lo que me sucediera, siempre y cuando otras personas no pudieran usarme. Pero Dios tiene modos de proteger a los desvalidos e inocentes. Hugh Cabot es un buen hombre, aunque a ti nunca te haya importado, tio.
– Lo consideras un buen hombre porque el viejo tonto te dejo hacer tu voluntad, sobrina. Tu actitud atrevida y tus palabras me revelan que no te golpeo lo suficiente, si es que te golpeo alguna vez. Ya veo que tendre que comenzar por el principio contigo, pero, cuando termine, seras una esposa docil y solicita para mi hijo.
– ?Ese mocoso que engendraste en tu bovina esposa jamas sera mi esposo, tio! Quitatelo ya de la cabeza. Esta vez yo elegire a mi esposo, pero no lo hare hasta no hacer el duelo por mi Hugh al menos un ano entero, como se debe y como es de esperar. ?Intenta imponerme a tu gallito y lo lamentaras!
– ?Tu vas a hacer lo que yo diga, demonios, Rosamund! ?Yo soy tu tio! ?Tengo autoridad sobre ti! -grito Henry, su rostro desbordante de furia.
– ?Senora! A la mesa -interrumpio Maybel, entrando en la sala-. La comida esta lista.
– Tio, por cierto que tienes hambre, y mi primo tambien. Maybel tiene razon. Vayamos a comer antes de que se enfrie el plato. Despues hablaras con mi esposo. -Rosamund fue otra vez la buena anfitriona, la castellana de buenos modales. Llevo a su enojado pariente y a su hijo a la mesa principal. Entonces, ella misma les sirvio montanas de carne y ganso en los platos de peltre, y guiso de conejo. Maybel lleno los copones de peltre, que hacian juego con los platos, con la ultima cerveza de octubre para Henry Bolton y con sidra de manzana para su pequeno hijo. Rosamund coloco sobre la mesa, frente a su tio, el pan, una vasija con manteca dulce y un trozo de queso duro.
El comenzo a comer y lentamente se le fue casi todo el enojo. Vio con agrado que su sobrina servia una excelente mesa. La comida estaba caliente y era fresca. No estaba recocida, ni llena de especias para disimular que estuviera en mal estado. Pincho con el cuchillo un pedazo de carne y mastico. Corto un pedazo de pan de la hogaza, lo unto con manteca usando el pulgar y se lo llevo a la boca. Maybel mantenia el copon lleno, y el bebia generosamente. La cerveza era limpia y sabrosa, le picaba en la lengua, lo que hacia que la comida supiera mejor aun.
Rosamund comio muy poco y se puso de pie.
– Disculpame, tio. Debo llevarle caldo a mi esposo. -Se volvio a mirar a su pequeno primo-. Hay un dulce para ti cuando termines la comida, nino. -Y agrego-: Tio, no tiene modales. ?Tu esposa no lo educa? -Y salio del recinto antes de que Henry Bolton padre pudiera protestar.
– Usa la cuchara -le dijo a su hijo-. ?Por que comes con las manos, como un campesino?
– No tengo cuchara -gimio el muchachito.
– ?Si que tienes! -dijo el padre, amenazandolo con el puno-. ?Usala, diablos! Esa perra tiene razon. No tienes modales. ?Tendre que hablar con tu madre de esto, nino!
Detras de la sala, conectada con la casa por una columnata de piedra, estaba la cocina central, rodeada por un huerto. Encima, un emparrado de enredaderas en flor comenzaba a dar sus primeros brotes verdes. Rosamund entro en la cocina rapidamente. Despues de felicitar a la cocinera por la buena comida, recibio de manos de ella una escudilla con sopa para su esposo y un trozo de pan. Llevo ambas cosas hasta la casa y subio la escalera de piedra hasta el aposento de Hugh, que estaba despierto y le sonrio al verla entrar. Ella le devolvio la sonrisa, dejo la escudilla, saco una servilleta de los pliegues de su falda y se la coloco a Hugh bajo el menton. Despues, saco del bolsillo el trozo de pan, lo partio en pedacitos y los echo en la sopa. Sentandose al fin, comenzo a darle de comer.
Hugh comia despacio y con dificultad, porque ahora le dolia al tragar. Despues de un momento, levanto la mano para indicar que habia comido suficiente, a pesar de que la escudilla estaba casi llena.
– No puedo comer mas, mi queridita.
– Dos cucharadas mas -insistio ella, pero el nego con la cabeza-. Ah, Hugh, ?como vas a curarte si no comes? -En sus ojos ambar se advertia la preocupacion.
– Rosamund -la reprendio el, con suavidad.
– Esta bien -susurro ella-, pero no quiero que te vayas.
El volvio a sonreirle.
– Me gustaria quedarme contigo, Rosamund. En uno o dos anos floreceras hasta convertirte en toda una mujer. Sera una gloria. Me gustaria estar aqui para ese momento, pero te mirare desde otro lado. No dudes de que, mientras mi cuerpo se pudra en la buena tierra de Friarsgate, mi espiritu te cuidara, mi querida esposa y amiga.
Rosamund dejo la escudilla. Incapaz de contenerse, se echo a llorar. El extendio el brazo, le palmeo la mano y la consolo.
– Puedes confiar en Edmund; y ya veras que tendras un protector mucho mas importante que yo, mi queridita. Ahora mis fuerzas me abandonan con rapidez. Trae a Henry Bolton.
Ella se puso de pie con dificultad y salio de la habitacion. En la sala, su tio terminaba la comida y limpiaba el plato con un trozo de pan. Su primo se estaba engullendo la tarta de manzanas con crema con toda la velocidad que le permitia el uso de la cuchara.
– Hugh te vera ahora, tio. Trata de no cansarlo, por favor. -Le temblaba la voz.
Henry Bolton le dirigio una mirada dura a su sobrina.
– ?De verdad lo quieres? -le pregunto. Entrecerro los ojos-. No te ha corrompido, ?verdad?
Ella entendio a que se referia su tio, y le dirigio una mirada despectiva.
– Es como mi padre, tio. Que viles son tus pensamientos, pero perdere la virginidad mucho antes de que intentes casarme con tu muchachito. -Y largo la risa al ver la mirada de espanto en los ojos de el.
– Una buena zurra es lo que necesitas, muchacha -dijo el, con furia.
– Levantame la mano, si te atreves, tio, que te la corto, te lo aseguro- le respondio Rosamund, con calma-. Ahora, ve a hablar con mi esposo mientras puedes.
Henry Bolton salio casi corriendo de la sala. No le gustaba la manera en que se comportaba su sobrina ni como le hablaba. ?Que habia sido de aquella ninita asustada y obediente? El no habia traido a Hugh Cabot para que la desposara y la convirtiera en una mujer independiente y obviamente ilustrada. Lo unico que el hombre tenia que hacer era proteger los intereses de Henry Bolton en Friarsgate hasta su muerte, cuando Rosamund se casaria con su hijo. Pero ahora ella hablaba con osadia y actuaba muy segura de si misma.
– No me gusta -murmuro Henry para sus adentros-. No me gusta nada. -Pero entonces penso que, si de verdad Hugh Cabot estaba muriendo, Rosamund volveria pronto a su poder. El corregiria el problema que ella representaba. En especial despues de que Hugh firmara el acuerdo de compromiso entre Rosamund y el joven Henry Bolton. Abrio la puerta del dormitorio y entro.
– Buenas tardes, Hugh -dijo, francamente impresionado por lo que vio. Hugh Cabot estaba muriendo, a todas vistas. Estaba demacrado y palido, si bien sus ojos azules seguian animados, una senal de su fortaleza de espiritu.
– Adelante, Henry Bolton, sientate a mi lado. Hace un buen tiempo que no te veiamos. ?Tu esposa esta bien?
– Si -respondio Henry, cortante-. Dice Rosamund que no debo cansarte asi que ire al grano.
– Por supuesto.
– Me entere de que te estabas muriendo, y veo que es cierto -comenzo Hugh, con brusquedad-. Legalmente, eres dueno y senor de mi sobrina, en virtud de tu casamiento. Por lo tanto, a ti te corresponde proveer al futuro
