En los anos siguientes, Rosamund paso de ser una nina encantadora a convertirse en una muchacha desgarbada que, a veces, parecia puras piernas y cabellos al viento. Vieron a Henry Bolton apenas una vez en todo ese tiempo. Llevo a su nueva esposa, Mavis, una muchacha rolliza de dieciseis anos y ojos cautelosos, a conocer a su sobrina. Mavis le agradecio a la heredera de Friarsgate el jabon, mientras admiraba abiertamente la casa y las tierras de Rosamund.
– Dice Henry que nuestro hijo un dia sera tu esposo -le conto con osadia a la muchachita-. Esta es una buena herencia para el.
– ?Estas embarazada? -pregunto Rosamund con aparente inocencia.
Mavis rio.
– Tendria que estarlo, considerando lo activo que es tu tio como companero de lecho, pero tu no has de saber de esas cosas, pues todavia eres una nina.
– Tal vez tengas una hija. Como mi pobre tia Agnes, ?no? -dijo Rosamund, con una dulce sonrisa.
– ?Que Dios y su Santa Madre no lo permitan! -exclamo Mavis, persignandose-. Tu tio quiere hijos varones. Encendere todas las velas que hagan falta para que se cumpla el deseo de mi esposo. Eres malvada, dices que tendre hijas mujeres. Tal vez le hiciste mal de ojo a la primera esposa de tu tio y provocaste su muerte.
– No seas tonta. No volvi a ver a mi tia desde el dia que se fue de Friarsgate. Ademas, la queria. -Esta Mavis tenia menos cerebro que una vaca lechera-. ?Sabes que ha sido de mi prima Julia?
– Cuando la desteten de la mujer del granjero, ira al convento de Santa Margarita, donde la criaran para monja. Yo no quiero criar a la hija de otra. Ademas, el convento aceptara una dote menor que cualquier hombre. Tu tia Agnes no era ninguna belleza, y dice Henry que la nina salio a ella.
– Es un alivio saber que mi prima esta a salvo -afirmo Rosamund, seca. Que triste que su pobre primita fuera descartada con tanta facilidad y crueldad. Ella sabia que Henry Bolton habria hecho lo mismo con ella de no haber sido por Friarsgate.
Rosamund sintio un gran alivio cuando Mavis y su tio partieron. En los tres anos siguientes llegaron noticias con monotona regularidad: Mavis habia dado a luz primero a un hijo varon; luego, a un segundo y finalmente, a un tercero. El cuarto fue una nina, y despues de eso no tuvieron mas noticias de la fecundidad de Mavis Bolton. Su tio no volvio a visitarlos. Rosamund penso en sus primos. Probablemente, serian gorditos rubios de ojos azules, como su madre. El mayor, llamado Henry como el padre, tal vez se convertiria en su esposo. 'Como si yo pudiera casarme con una criatura de cuatro anos -pensaba Rosamund-. ?Si yo tengo casi doce ya!'
Leia cualquier cosa que le pusieran bajo los ojos. Escribia con hermosos trazos los numeros que pasaba a su libro de cuentas. Sabia comprar provisiones, lo poco que no producian o hacian en Friarsgate. Habia aprendido exactamente que necesitaban para sobrevivir con comodidad. Comenzaba a regatear por sus animales cuando iba con Hugh y Edmund a los mercados de vacas y ovejas del pueblo cercano. Tenia buen ojo para los caballos y habia comenzado a criar animales para la venta.
Rosamund tambien se interesaba en sus grandes rebanos de ovejas. A diferencia de muchas granjas que vendian la lana sucia a los intermediarios. Friarsgate se quedaba con la suya. Despues de la esquila, la lana era lavada, secada, peinada y cardada dos veces para hacer la lana extrafina y, por ende, mas valiosa en los mercados de York y Londres. Luego la tenian. Habia un hermoso castano dorado, un buen rojo y un verde, pero la lana de Friarsgate era conocida por su azul tan exquisito que nadie parecia capaz de imitar. Era una exclusividad de la finca de Rosamund altamente valorada. Como senora de Friarsgate, Rosamund recibio de su tio Edmund la formula del azul de Friarsgate. Fue un regalo que le hizo para su decimo cumpleanos, cuando le dijo que ya era lo bastante grande para saberlo. Pero era importante que el secreto permaneciera a salvo, que no se lo contara a nadie hasta que sintiera que podia pasarselo al siguiente heredero, o heredera, de Friarsgate.
Rosamund asintio, muy seria, y comprendio la importancia de lo que Edmund le decia.
– ?No debo compartir mi conocimiento con nadie?
– Con nadie -repitio Edmund.
– ?Como hacemos para que nuestros colores sean tan claros y brillantes, tio? He visto otras lanas, y no son para nada tan delicadas como las nuestras. ?Como se hace? ?Es por la formula de las tintas?
Edmund rio.
– Fijamos los colores con orina de oveja, muchacha -le dijo el, sonriendo-. Ese es el secreto del azul, tambien. Es mas oscuro en la cuba de tenido, pero cuando lo ponemos en la orina, toma ese color tan apreciado.
Rosamund tambien rio. Era tan simple, era un secreto tan absolutamente delicioso. Por un momento deseo compartirlo con Hugh, pero sabia que no podia.
Una vez tenida, la lana se distribuia entre las chozas para ser hilada en los telares que cada tejedor tenia en una habitacion separada. Esto impedia que la lana se impregnara con el humo, el olor a comida o el calor, que podian modificar los delicados colores. Las largas hebras de lana se hilaban en un tejido extra-delicado que era altamente valorado y buscado. Con las hebras mas cortas, se hacia un fieltro muy fino.
Rosamund aprendio todos los procesos y estaba muy orgullosa de su conocimiento. Hugh y Edmund tambien estaban satisfechos de ella. La nina que ambos adoraban se estaba convirtiendo en una joven cuya pasion por el conocimiento era inextinguible. Les preocupaba no tener mas cosas para ensenarle.
El invierno anterior al decimotercer cumpleanos de Rosamund, Hugh Cabot se enfermo. La recuperacion era lenta. Henry Bolton eligio esa primavera para realizar una visita a Friarsgate. Era la primera en muchos anos. Lo acompanaba su hijo mayor, Henry, de cinco anos. La coincidencia de la visita con la enfermedad hizo recelar a Rosamund de que tenia un espia en su servidumbre.
– Averigua -le dijo sucintamente a su tio Edmund.
Henry Bolton observo a su sobrina con ojo critico. Era alta, y ya no tenia aire de nina.
– ?Cuantos anos tienes, muchacha? -pregunto, notando que el vestido de lana azul de mangas largas y justas que ella llevaba se adheria a sus florecientes pechos. Penso, nervioso, que la muchacha estaba madurando.
– Eres muy bienvenido a Friarsgate, tio -dijo Rosamund, haciendo una reverencia muy elegante-. Cumplire trece en pocas semanas. -Hizo un gracioso con la mano-. Ven a la sala a tomar algo. -Se volvio y echo a andar, mostrandole el camino. La pollera azul se mecia a su paso-. ?Como esta mi tia? -pregunto, amable-. Doli, trae vino para mi tio y sidra para su pequenito -le ordeno a una criada.
– ?Voy a ser tu esposo, nina! -anuncio el nino en voz alta. Era pequeno, penso Rosamund, para haber cumplido cinco anos. Tenia los cabellos rubios y el aire bovino de su madre. Penso que no habia nada de un Bolton en el, aunque tal vez la mandibula, que recordaba mucho al tio Henry.
– Mi nombre es Rosamund. Soy tu prima, y ya tengo esposo -le dijo, mirandolo desde lo alto.
– Que se esta muriendo -afirmo el nino, con atrevimiento-. Tu y Friarsgate seran mios, nina. -Se paro con las piernas abiertas, mirandola.
– Tio, que malos modales tiene -dijo Rosamund, ignorando al nino-. ?No lo castigas? Es obvio que no. -Se sento junto al fuego, indicando a su tio que la imitara.
Perplejo por la actitud de su sobrina, Henry Bolton se sento pesadamente.
– Es fogoso, eso es todo -dijo, excusando a su hijo-. Un dia sera un gran hombre. Ya lo veras.
– Quizas si. Ahora bien, tio, ?que te trae por Friarsgate? Hace muchos anos que no te veiamos.
– ?No puedo hacerte una visita, Rosamund, despues de tanto tiempo y traer al joven Henry para que conozca a su futura esposa?
– Tio, tu no haces nada sin una razon. Esto lo aprendi de muy joven. No has venido en todos estos anos porque confiabas en que Hugh manejara todo por ti. Ahora te has enterado de que mi esposo esta enfermo y has venido, a toda prisa, con este ninito malcriado a ver con tus propios ojos cual es la situacion -dijo, con aspereza.
– Creo que a ti hay que castigarte, Rosamund -gruno Henry Bolton-. ?Como te atreves a hablarme de esa manera? ?Yo soy tu tutor!
– Renunciaste a tu tutoria cuando me casaste con mi esposo, tio -replico ella.
– Pero cuando el muera volveras a estar bajo mi cuidado -la amenazo Henry Bolton-. Sera mejor que modifiques tu actitud, sobrina. Ahora bien, traje conmigo los papeles de compromiso, que vas a firmar. Se les pondra la fecha apropiada, pero tu los firmaras hoy. No dejare que nadie me arrebate a ti ni a Friarsgate despues de haber sido tan paciente.
– No firmare nada sin el permiso de mi esposo. Si tratas de obligarme, me quejare a la Iglesia. La Iglesia no aprobara tus tacticas despoticas, tio. Ya no soy una nina asustada y maleable a la que puedes doblegar con
