pequena paloma en su palma. Con los dedos de la otra mano le acaricio la piel suave y firme. Inclino la cabeza y jugueteo con el pezon, recorriendolo con la lengua caliente. Despues, su boca ansiosa se cerro y empezo a chuparselo.

A ella se le escapo un grito. ?Que hombre tan sensual! Owein la habia amado, sin duda, ?pero nunca asi! La puso sobre la cama y ella vio su enorme instrumento listo para el placer. Le tendio los brazos y el sonrio.

– Que bienvenida tan encantadora, bella Rosamund. ?Me deseas tanto como yo te deseo a ti, mi amada?

– ?Si, Hal, si! -exclamo ella-. ?Si!

– Debo tener cuidado de no aplastarte, dulce mia.

– Soy mas fuerte de lo que parezco.

– ?Pero has recibido alguna vez dentro de ti un arma tan potente como la que ahora tienes enfrente? -La mano de el se cerro sobre su pene y se lo mostro, con orgullo.

– Solo he conocido a mi esposo, Hal. El no estaba tan bien dotado como Su Majestad, pero no soy virgen.

El rey la monto con cuidado, pero su deseo fue mas fuerte que el y no pudo contenerse: la penetro de inmediato.

– ?Dios santo! ?Ah, que delicia! -gimio el-. ?No hay limite para tu dulce bienvenida, mi bella Rosamund?

Ella lo esperaba, lista, para su propio asombro. Estaba mojada y el la penetro con facilidad, entro hasta el fondo de su vaina de amor. Rosamund envolvio al rey con los brazos y las piernas, y sus gemidos de placer lo excitaban aun mas y aumentaban su pasion.

– ?Ay! ?Uy! -gritaba ella mientras el avivaba el fuego con su lanza amorosa-. ?Ay, Su Majestad! ?Si, si! -habia perdido el control de si misma, pero no le importaba. Se sintio volar, mas alto de lo que nunca habia imaginado. La pasion la vencio y, al fin, cuando llego el climax, se desvanecio en el sediento abrazo de el.

Cuando se recupero, Rosamund se dio cuenta de dos cosas. Estaba tendida encima del rey, con la mejilla sobre su pecho y el seguia con el miembro erguido muy profundamente dentro de ella.

– ?Ay, Dios! -susurro ella-. ?No te gusto, Hal?

– Mucho, y hay mas por venir -le prometio el, y ella percibio la risa en la voz profunda de el.

– Pero estas todavia… todavia…

– Si -dijo el, restandole importancia-. Asi es -y rio cuando entendio la confusion de su amante. La acerco hasta que los ojos azules de el se encontraron con los ambarinos de ella-. Has conocido un solo hombre. Un hombre viejo, tu esposo. Yo aun no cumpli los veinte, bella Rosamund. Mi apetito de carne de mujer es muy grande. Puedo hacer esto toda la noche, y todavia no me satisfice contigo, querida, pero para el alba estaremos los dos bien satisfechos -entonces, comenzo a moverse otra vez dentro de ella, y ella casi lloro por el deleite que recorria su cuerpo.

La lujuria del rey parecia no tener fin. Y ella, sorprendida, se sentia tan arrebatada como el. Nunca habia conocido algo parecido, pero sabia que queria mas. No recordo el momento en que el se fue, pero cuando Annie fue a despertarla, justo antes del amanecer, estaba sola en medio de ropa de cama revuelta, y seguia desnuda. Habia sido un descuido. Se dio cuenta por la mirada consternada de su criada.

– ?Tenia razon Doli, milady? -susurro Annie, alcanzandole una copa de la pocion tonica de Maybel.

– No viste nada, Annie -respondio Rosamund, tomando la copa. Necesitaria fortalecerse si el rey era tan vigoroso cada vez que la visitaba-. Dame mi ropa.

Annie obedecio.

– No comprendo -le dijo a su ama.

– Mejor asi, pero tu silencio es imprescindible. Si te hace sentir mejor, Annie, y te lo digo porque eres mi leal sirvienta y confio en ti, lord Cambridge esta al tanto de todo lo que sucede bajo su techo. Incluso de esto.

– Tendra que banarse antes de ir al palacio. Tiene mucho olor a sexo.

– Rapido, entonces, porque debo estar en el palacio a tiempo para la misa. La reina se disgusta mucho con las damas que no van a misa.

Annie asintio y salio del dormitorio.

Rosamund se quedo tendida pensando en la noche pasada. Nunca imagino que un hombre pudiera ser tan entusiasta al hacer el amor. Tampoco, que los amantes jovenes fueran diferentes de los viejos. Owein tenia casi cuarenta anos cuando murio, el doble de la edad del rey, pero ella habia estado contenta con sus atenciones. Ahora, al reflexionar, pensaba que le gustaban incluso mas que las del rey. Su esposo se habia entregado por ella; Enrique tomaba todo lo que ella podia darle y daba poco a cambio, pidiendo siempre mas. La noche habia sido para satisfacer sus deseos y su lujuria, no los deseos y la lujuria de ella, aunque lo hubiera disfrutado. Tenia que admitir que el habia sido gentil, pero le habia comentado detalles del matrimonio real que ella hubiera preferido ignorar. La reina creia sinceramente que el unico proposito de unirse con su esposo era engendrar ninos. Era triste, pero lo mas triste era que el rey tambien lo creia. Ella y Owein habian gozado el sexo y habian tenido hijos sanos, sin contar a su desdichado hijito. Si Owein no se hubiera caido de ese maldito arbol, habria habido mas hijos y habrian disfrutado creandolos. Extranamente, el rey habia conmovido a Rosamund. Se sorprendio al darse cuenta de que le tenia pena. Era un hombre solitario y habia habido poca calidez o carino verdadero en su vida. Su madre lo habia querido, pero lo habia visto poco hasta la muerte de su hermano mayor. Su padre habia quedado tan afectado por la muerte del amado Arturo y, al principio, y a pesar de las sabias palabras de su esposa, se habia resentido porque Enrique estaba vivo y el otro muerto. Despues, la reina habia fallecido en un intento inutil de engendrar otro hijo varon. El rey le habia dicho a Rosamund que siempre se habia preguntado si su padre lo consideraba inepto para gobernar Inglaterra. De haber habido otro hijo varon, ?Enrique VII no habria hecho un testamento a favor de ese hijo y en contra de Enrique VIII? Su abuela, la Venerable Margarita, era la unica persona a la que habia admirado y respetado, pero era una mujer severa que exigia que se cumplieran las reglas sin excepciones. No, habia habido poca calidez y poco amor en la vida del rey.

En cuanto a la reina -y aqui Rosamund volvio a sentir una punzada de culpa- le estaba increiblemente agradecida a Enrique Tudor por haberse casado con ella y haber hecho que sus largos anos de abandono valieran la pena. Idolatraba a su marido, pero no lo veia como quien realmente era. Su gratitud parecia como la de un cachorrito castigado al que sacan de la perrera y miman. Ella era Catalina de Aragon y conocia su deber. Pero no sabia como amar de verdad, y el rey necesitaba amor mucho mas que cualquier otra cosa.

Annie asomo la cabeza por la puerta del dormitorio.

– Le prepare la tina vieja, senora. Ganaremos tiempo.

Rosamund se levanto y se bano rapidamente. El cielo ya se estaba poniendo claro cuando termino de vestirse su traje de seda purpura. Con Annie a su lado cruzo deprisa los jardines y el parque del palacio. Entraron en Greenwich y alcanzo a reunirse con las damas de la reina cuando entraban en la capilla real para la misa de la manana. Y despues, cuando desayunaron en la sala de la reina, Rosamund tomo conciencia de lo exhausta que estaba, pero no podia permitir que el resto lo notara.

El rey se habia levantado temprano para salir de caza con sus amigos. Uno de ellos comento ironicamente que tendria que visitar con mayor frecuencia a la reina porque, evidentemente, eso lo ponia de excelente humor. William Compton, el amigo mas intimo del Enrique VIII, no dijo nada, pero se dio cuenta de que algo mas que la visita a la cama conyugal lo habia puesto de tan buen humor. Compton era nueve anos mayor que su amigo y habia estado siempre a su servicio. Venia de una familia adinerada, aunque no noble.

– Has decidido no confiar en mi este ultimo asunto amoroso, ?eh, milord? -dijo, tanteando con delicadeza, cuando nadie podia oirlos.

– ?Que asunto amoroso, Will?

– Esta bien, milord, no te hare mas preguntas. No queremos que se repita el escandalo del otono pasado. No deseamos una reputacion como la de los monarcas franceses, ni ser objeto de humoroso desden.

– Si, Will, callate -respondio con gravedad. Al rey no le gustaba mirar a los ojos a los demas y, cuando lo hacia, era porque el tema era serio-. Mi asunto, como cautelosamente lo denominas, es extremadamente discreto. Es improbable que lo descubran a menos que alguno de los dos se porte de manera tonta y ambos somos demasiado inteligentes para eso. ?Me entiendes, Will? Este es un asunto del rey.

William Compton hizo una reverencia servil y dijo:

– Sera exactamente como lo desee Su Majestad. Pero, tal vez, un dia me cuentes, porque admito que soy muy curioso.

Enrique VIII rio, pero no dijo nada mas. Estaba contento consigo mismo y, especialmente, con Rosamund. Nunca habia conocido a una mujer tan calida y carinosa. ?Por que los reyes no pueden casarse con mujeres asi?

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