nombre y el de mi prometido. Esta vez he elegido dejarme seducir por ti, porque mis obligaciones han cambiado y descubri que no podia resistirme a ti. -Estiro la mano y le acaricio la mejilla-. Tu sabes que tengo razon.

El se inclino y la beso en los labios.

– Si, la tienes, mi bella Rosamund. Manana pidele a la reina que te libere, que yo no me opondre. Es mas, aprobare el pedido de mi buena esposa, pero tu tienes que prometerme algo.

– ?Que?

– Que seguiremos siendo amantes hasta que dejes el sequito para irte a tu amada Friarsgate. Ese es el precio que te cobrare por mi cooperacion.

– Acepto de buen grado -le dijo Rosamund, abriendose a su masculinidad, que buscaba entrar en su hueco calido y lleno de amor-, pero debes jurarme que no haras nada que pueda llevar a que la reina se entere de este secreto que guardamos… ?Ahh, como me penetras, me llenas por completo, milord, mi rey! -Su esbelto cuerpo se arqueo contra el; sintio que comenzaba a perder el control.

– Acepto -gruno el en su oido, entrando en ella lo mas profundo que podia-. ?Valgame Dios, bella Rosamund, jamas me saciare de ti! Seras siempre una angustia en el alma y cuando te vayas te llevaras parte de mi corazon contigo.

Ella le rodeo el cuerpo con las piernas y sus unas bien cuidadas se clavaron en la ancha espalda del rey.

– Creo que Annie tiene razon, Hal. ?Eres un demonio, pues solo un demonio podria robarme el corazon y el alma como lo has hecho tu! -Lo beso con pasion, y los dos se disfrutaron mutuamente hasta que la luna se habia ocultado y la estrella de la manana comenzo a levantarse en el falso amanecer gris de los cielos orientales.

CAPITULO 18

El viaje real de verano era similar al que habia hecho Rosamund al norte, cuando dejo por primera vez la Corte, de nina, para ir a su casa a casarse con Owein. Pero aquel viaje habia tenido un proposito: llevar a Margarita Tudor a Escocia. El viaje anual de verano era sencillamente una manera de divertir al rey y a su Corte, y de alejarlo del calor de la ciudad. Era una empresa enormemente costosa para los que serian honrados con una visita real. Y podia ser extremadamente incomodo para los hombres y mujeres que servian al rey y su sequito. Podia ser igualmente dificil para los cortesanos que acompanaban a Sus Majestades, porque no siempre estaba garantizado el alojamiento. Por otro lado, no ser invitado al viaje, o no ir, era considerado un desastre social o un serio paso en falso.

El informante de lord Cambridge habia tenido razon. Partirian hacia el norte, hacia la region central de Inglaterra. Y Tom Bolton, un hombre al que le desagradaba privarse de las comodidades, de inmediato averiguo el itinerario de boca del chambelan real. Entonces, procedio a arreglar alojamientos en las mejores posadas de la ruta para si y para Rosamund, que ya habia rogado el permiso de la reina para dejar su servicio y volver a su casa desde Nottingham.

– ?No eres feliz con nosotros? -le pregunto Catalina, solicita.

– Es un placer estar en presencia de Su Majestad, y especialmente a su servicio -dijo Rosamund, diplomatica-, pero extrano a mis hijas, milady. Ya hace casi un ano que falto de casa. Necesito ir.

– ?Tus hijas no estan bien cuidadas? -pregunto la reina, porque no queria dejar ir a Rosamund. Si bien tenia amigas mas cercanas, disfrutaba de esa gentil compania y le agradaba en especial que una mujer escribiera su correspondencia. Era muy conveniente.

– Mis hijas estan en buenas manos, Su Majestad, pero yo soy su madre. Las grandes senoras deben, por necesidad, dejar a sus hijos al cuidado de otras personas. Yo no soy una gran senora. Mi tio Edmund y su esposa ya no son jovenes, y si no regreso pronto, mi tio Henry tratara de obligar a mi hija mayor a casarse con su odioso hijo. La senora Blount se sentira muy honrada de tomar mi lugar a su lado, estoy segura. Con gusto, si se le pide, asumira las responsabilidades de su correspondencia.

– A ti no te gusta Gertrude Blount -dijo la reina con una sonrisita-. ?Y no obstante me la recomiendas?

– Lo que yo quiero o quien me cae bien carece de importancia, Su Majestad. Usted necesita, y debe tener, a la mejor persona posible para reemplazarme. Esa persona es la senora Blount, por mi honor.

– Le pediremos consejo al rey sobre este asunto -dijo Catalina, y se volvio a su esposo-. Enrique, la senora de Friarsgate quiere dejar la Corte en Nottingham e irse a su casa. No quiere regresar. Me recomienda a la senora Blount para ocupar su lugar. ?Que piensas, mi querido senor?-Apoyo una mano sobre la manga cubierta de terciopelo verde del rey y lo miro a la cara, con una sonrisa.

– Queridisima Kate, lo que tu decidas para tu casa contara siempre con mi aprobacion. Si la senora de Friarsgate desea irse a su casa, entonces, liberala de tu servicio. -Movio bruscamente la cabeza y miro directamente a Rosamund-. Usted, senora, tiene hijos, si mal no recuerdo, ?o me equivoco?

Ella se ruborizo, hizo una reverencia y respondio:

– Si, Su Majestad, asi es.

– Entonces queda liberada, con nuestro agradecimiento, por los multiples servicios que ha prestado a nuestra querida consorte y esposa -respondio el rey. Ignorandola con la misma precipitacion con que le habia hablado, se volvio y se puso a hablar con Will Compton, sentado a su izquierda.

– Mi esposo y senor ha hablado por los dos -dijo, sumisa, la reina.

Rosamund volvio a hacer una reverencia.

– Sera para mi un placer continuar con mis deberes hasta que lleguemos a Nottingham, Su Majestad.

– Excelente -respondio la reina-: le ensenaras a la senora Blount lo que debe hacer para mi cuando te hayas ido.

– Eso hare, Su Majestad -respondio Rosamund. ?Por Dios! ?Nadie se habria preguntado por que se habia ruborizado cuando el rey le dirigio la palabra? Esperaba que creyeran que el haber gozado de su atencion por un fugaz momento la habia cohibido, pues ella era una dama de una familia comun y no estaba acostumbrada a que Enrique Tudor le hablara.

Gertrude Blount se acerco a ella.

– ?Por que me hace un favor? No somos amigas y no simpatizamos. No se si me gusta quedar en deuda con alguien como usted.

– No queda en deuda conmigo, senora Blount. Cuando me vaya de la Corte no regresare. Lo que le dije a la reina es la verdad.

– Escribir la correspondencia personal de la reina es un gran honor. Lo desee usted o no, ahora he quedado en deuda con usted, porque no puedo rechazar el nombramiento de la reina.

– No, no puede -murmuro Rosamund-, como tampoco puede decirle a nadie nada de lo que escriba. A usted le fascinan los chismes, pero no podra abrir la boca si no quiere llevar la deshonra a su familia, senora Blount. - Rosamund sonrio con dulzura.

– ?Ah! -Gertrude Blount abrio muy grandes los ojos azules al darse cuenta de lo que le habia hecho la senora de Friarsgate- ?Asi se venga de mi porque no la quiero! ?Que mezquina es!

– Senora Blount, poco me importa que usted me quiera o no -le dijo Rosamund, con toda franqueza-. El nombre de su familia es mas importante que el de la mia, pero mi orgullo de ser quien soy es mas grande que el suyo de ser quien es. Yo no sere desdenada por la hija de lord Montjoy. Yo soy la senora de Friarsgate, y no por matrimonio, sino por derecho propio. La he recomendado a la reina porque tiene linda letra y ya es una de sus damas. Es un honor servir a la reina Catalina. No me debe nada por el nombramiento. Mientras la reina todavia requiera mis servicios, usted vendra conmigo; asi aprendera como se hace la correspondencia personal de la reina y como se la guarda.

Gertrude Blount asintio, amilanada por el momento, pero pronto se puso a alardear de que ella tomaria el dictado de los documentos mas importantes de la reina, que la habian recomendado para el cargo, pero no dijo quien y nadie se tomo la molestia de preguntarle, porque a nadie le interesaba.

El sequito partio de Greenwich y se mudo brevemente a Richmond mientras se terminaban los preparativos de ultimo minuto. El rey habia seguido visitando a Rosamund y una noche fue a verla a la Casa Bolton desde Richmond, pero tuvo que viajar por el rio para llegar, lo que significo que sus barqueros supieron que habia salido del palacio y adonde habia ido. No era una situacion favorable, pues Enrique no queria que lo sorprendieran con una amante otra vez.

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