La expresion de Jeffrey cambio de manera casi imperceptible, lo suficiente para que Lena sintiera compasion de el.
– Todavia no lo sabemos -dijo-. En estos instantes, la familia la lleva a Atlanta.
Rosen doblo el panuelo de papel que tenia en la mano.
– ?Cree que la persona que la ataco pudo matar a mi hijo?
– En estos momentos -dijo Jeffrey-, creemos que la muerte de su hijo fue un suicidio.-Hizo una pausa, probablemente para que ella asimilara sus palabras-. He hablado con su marido.
– ?Brian?
Rosen estaba sorprendida.
– Llamo a la comisaria despues de hablar con usted -le dijo Jeffrey y, por la manera de erguir los hombros, Lena adivino que el padre de Andy habia sido todo menos educado.
Rosen debio de comprenderlo.
– A veces Brian puede ser muy brusco -dijo a modo de disculpa.
– Doctora Rosen -repuso Jeffrey-, todo lo que puedo decirle es lo que le dije a el. Seguiremos todas las pistas que podamos, pero, dado el historial de su hijo, lo mas probable es que se suicidara.
– He estado hablando con la detective Adams… -le dijo Rosen.
– Lo siento -la interrumpio Jeffrey-. La senora Adams ya no pertenece a la policia. Es guarda de seguridad del campus.
El tono de Rosen indicaba que no iba a dejarse atrapar en esa batalla.
– No entiendo que tiene que ver la jerarquia con el hecho de que mi hijo haya muerto, senor Tolliver.
Jeffrey parecia arrepentido.
– Lo siento -repitio, sacando algo del bolsillo de la americana-. Encontramos esto en el bosque -dijo, mostrandole una cadena de plata de la que colgaba una estrella de David-. No hay ninguna huella, asi que…
Rosen solto un grito ahogado, agarrando la cadena. Volvieron a brotarle las lagrimas, y la cara parecio hundirsele en el cuello mientras se llevaba el colgante a los labios y decia:
– Andy, oh, Andy…
Jeffrey le lanzo una mirada a Lena y, al ver que no hacia ademan de consolar a Jill Rosen, puso la mano en el hombro de la mujer, intentando hacerlo el mismo. Le dio unos golpecitos como si fuera un perro, y Lena se pregunto por que se consideraba aceptable que un hombre no supiera consolar a los demas, mientras que el mismo defecto en una mujer la despojaba de su condicion de persona.
Rosen se seco los ojos con el dorso de la mano.
– Lo siento.
– Es del todo comprensible -le dijo Jeffrey, dandole unos golpecitos en el hombro.
Rosen manoseo el colgante, manteniendolo cerca de la boca.
– Hacia tiempo que no se lo ponia. Creia que lo habia regalado o vendido.
– ?Vendido? -pregunto Jeffrey.
– Cree que Andy tomaba drogas -le explico Lena.
– Su padre dice que estaba limpio -comento Jeffrey.
Lena se encogio de hombros.
– ?Su hijo tenia novia? -pregunto Jeffrey a Rosen.
– Nunca salio con nadie en serio. -Solto una carcajada carente de alegria-. Ni con chicos ni con chicas, aunque eso no nos habria importado. Solo queriamos que fuera feliz.
– ?Hay alguien con quien se viera a menudo? -pregunto Jeffrey.
– No -dijo ella-. Creo que se sentia muy solo.
Lena observo a Rosen, a la espera de mas informacion, pero la doctora estaba empezando a perder otra vez la compostura. Cerro los ojos y los apreto con fuerza. Movio los labios sin emitir ningun sonido, y Lena no adivino lo que decia.
Jeffrey concedio unos momentos a la madre antes de decir:
– ?Doctora Rosen?
– ?Podria verle? -pregunto Rosen.
– Desde luego. Jeffrey se puso en pie y le tendio la mano a la mujer-. La acompanare al deposito -dijo, y a Lena-: Chuck ha ido a ver a Kevin Blake.
– Muy bien -contesto Lena.
Rosen parecia absorta en sus pensamientos, pero le dijo a Lena:
– Gracias.
– No hay de que.
Lena se obligo a tocarle el brazo a Jill Rosen en lo que espero fuera un gesto de consuelo.
Con una mirada, Jeffrey comprendio las palabras que intercambiaron.
– Luego hablare contigo -le dijo a Lena en un tono que sono a amenaza mas que a otra cosa.
Lena se froto el dorso de la mano con el pulgar mientras se alejaban. Le llegaron unos ruidos procedentes del balcon del segundo piso, donde unos chavales armaban jaleo, pero no les hizo caso. Se sento y repaso lo ocurrido en los diez ultimos minutos, pensando en que deberia haber hecho de otro modo. Llevaba un par de minutos reflexionando cuando se dio cuenta de que lo que realmente necesitaba para hacer las cosas bien era repasar el maldito ano entero.
– Dios -refunfuno Nan Thomas, desplomandose en la silla que habia delante de Lena. ?Como puedes trabajar con ese soplapollas?
– ?Chuck? -Lena se encogio de hombros, pero la alegro que la distrajeran-. Es mi trabajo.
– Preferiria archivar libros en el infierno -dijo Nan mientras se recogia el pelo grenudo con una tira elastica.
Habia una enorme huella de pulgar en el cristal derecho de sus gafas, pero Nan no parecio darse cuenta. Llevaba una camiseta rosa de Pepto-Bismol por dentro de una falda vaquera con elastico en la cintura. Completaba el conjunto unas zapatillas de deporte rojas y unos calcetines rosa a conjunto.
– ?Que haces este fin de semana? -pregunto Nan. Lena volvio a encogerse de hombros.
– No lo se. ?Por que?
– Pensaba decirle a Hank que viniera para Pascua. A lo mejor cocina un jamon.
Lena busco alguna excusa, pero la invitacion la habia pillado desprevenida. Miraba el calendario solo para ver cuando le tocaba cobrar, no para calcular cuando habia alguna fiesta. La Pascua la cogia de improviso.
– Lo pensare -dijo Lena y, para su alivio, Nan se lo tomo bien. Le llego un grito procedente de la parte de arriba, y ambas se volvieron. Unos chavales jugaban en un balcon. Uno de ellos debio de intuir el enfado de Nan, porque le lanzo una sonrisa de disculpa antes de abrir el libro que tenia en la mano y fingir leerlo.
– Idiotas -dijo Lena.
– Bah, son buenos chicos -le dijo Nan, pero no les quito ojo durante unos momentos para asegurarse de que dejaban de alborotar.
Nan era la ultima persona sobre la tierra con la que habria pensado trabar amistad, pero en los ultimos meses algo habia cambiado. No eran amigas en el sentido literal de la palabra -a Lena no le interesaba ir al cine con ella ni que Nan le comentara el lado homosexual de su vida-, pero hablaban de Sibyl, y, para Lena, hablar de Sibyl con alguien que realmente la conocio era como tenerla otra vez junto a ella.
– Te llame ayer por la noche -dijo Nan-. No se por que no tienes contestador.
– Conseguire uno -dijo Lena, aunque ya tenia uno en el fondo del armario.
Lena lo desconecto la primera semana que vivio en el campus. Las unicas personas que la llamaban eran Nan y Hank, y ambos dejaban los mismos mensajes de preocupacion, interesandose por como le iba. Ahora Lena tenia conectado el identificador de llamadas, y eso era todo lo que necesitaba para filtrar las pocas que tenia.
– Richard ha estado aqui -dijo.
– Oh, Lena. -Nan fruncio el ceno-. Espero que no fuera grosero.
– Intentaba sacar los trapos sucios.
Como siempre, Nan intento defender a Richard.
– Brian trabaja en su departamento. Estoy segura de que Richard solo queria saber que habia pasado.
– ?Le conocias? Al chico, quiero decir.
Nan nego con la cabeza.