operacion. Jeffrey solia decir que no le gustaba hablar con los parientes o amigos de las victimas hasta que no tenia algo que contarles. A Sara esto siempre le habia parecido un poco cobarde por su parte, pero ahora lo consideraba necesario: la gente necesitaba algun tipo de esperanza, la seguridad de que al menos algo saldria bien.
– ?Sara? -insistio Cathy.
– Querran monitorizar la actividad cerebral. Probablemente le haran un electroencefalograma para asegurarse de que no hay danos en el cerebro. -Sara busco algo positivo que decir. Finalmente les comunico lo unico que sabia seguro-: Hay muchas cosas que pueden haber ido mal.
Cathy no tenia mas preguntas. Se volvio hacia Eddie, cerro los ojos y apreto los labios contra su cabeza.
Eddie hablo por fin, pero seguia sin mirar a Sara:
– ?Estas segura de lo del bebe?
A Sara le costo hablar. Tenia la garganta tan seca como el lecho del rio cuando logro susurrar:
– Si, papa.
Sara estaba junto a la maquina expendedora situada a la salida de la cafeteria del hospital. Llevaba casi un minuto apretando el boton y sentia un agudo dolor en los nudillos. Como no salia nada, se inclino y comprobo la tolva, por si habia salido el producto y no se habia dado cuenta. El recipiente de recogida estaba vacio.
– Maldita sea -dijo, dandole una patada a la maquina. Un KitKat salio sin ostentacion.
Sara quito el envoltorio y se fue por el pasillo para alejarse del ruido de la cafeteria. El restaurante habia cambiado desde que ella trabajara en el hospital. Ahora servian de todo, desde cocina tailandesa a platos italianos, pasando por jugosas y gruesas hamburguesas. Supuso que para el hospital era una mina, pero le parecio absurdo que un lugar dedicado a curar vendiera comida tan poco saludable.
Era ya casi medianoche y el hospital seguia abarrotado de gente. El rumor era constante, y era como caminar en torno a una colmena. Sara no recordaba que hubiera tanto ruido cuando era internista, pero estaba segura de que era el mismo. El miedo y el insomnio probablemente habian impedido que se diera cuenta. Antes de que los internos se organizaran y comenzaran a exigir un horario mas humano, en el Grady los turnos duraban entre veinticuatro y treinta y seis horas. Despues de tantos anos le parecia que aun le quedaba sueno por recuperar.
Se reclino contra una puerta en la que se leia la inscripcion «ROPA BLANCA», sabiendo que si se sentaba ya no volveria a levantarse. Hacia tres horas que Tessa habia salido del quirofano, y la habian llevado a cuidados intensivos, donde la familia se turnaba para estar junto a ella. Estaba fuertemente sedada y aun no se habia despertado de la anestesia. El pronostico era reservado, pero el cirujano consideraba que la hemorragia estaba bajo control. Tessa podria volver a tener hijos si se recuperaba lo suficiente de la terrible experiencia del bosque como para querer concebir otro.
Permanecer en la diminuta habitacion de cuidados intensivos con Tessa, sintiendo como Eddie y Cathy la culpaban aunque no lo hubieran expresado con palabras, habia sido excesivo para ella. Incluso Devon evito hablar con Sara, y se habia quedado en un rincon, los ojos muy abiertos ante la impresion por lo ocurrido a su amante y a su hijo. Sara estaba a punto de hacerse anicos, pero no habia nadie cerca que pudiera volver a recomponerlos.
Echo la cabeza hacia atras y cerro los ojos, intentando recordar lo ultimo que su hermana le habia dicho. En el helicoptero, Tessa se hallaba en estado postictal y no podia comunicarse. La ultima cosa coherente que comento habia sido en el coche, cuando le dijo a Sara que la queria.
A pesar de que no tenia hambre, Sara mordio el KitKat.
– Buenas noches, senora -dijo un anciano, saludando a Sara con el sombrero al pasar.
Sara se obligo a sonreir, y le observo subir las escaleras. El hombre tendria la edad de Eddie, pero tenia el pelo cano. La piel era traslucida a la luz artificial de la clinica y, aunque sus pantalones azul oscuro y su camisa azul clara parecian limpios, dejo a su paso un olor a grasa o a aceite lubricante. Podia ser un mecanico o el encargado del mantenimiento del hospital, o a lo mejor tenia a alguien arriba que se agarraba desesperadamente a la vida, igual que Tessa.
Un grupo de medicos se detuvo delante de las puertas de la cafeteria; llevaban los pantalones arrugados y las batas manchadas de diversas sustancias. Eran jovenes, probablemente estudiantes o internos. Tenian los ojos inyectados en sangre, y parecian hastiados, sus rostros reflejaban el hastio que Sara identificaba de su epoca en el Grady.
Era obvio que esperaban a alguien mientras hablaban entre ellos; sus voces eran un tenue murmullo. Sara miro la chocolatina que tenia en la mano, y sus ojos no llegaron a enfocar la etiqueta, mientras les oia intercambiar chismes del hospital, discutiendo actividades en las que les gustaria involucrarse.
– ?Sara? -pregunto una voz masculina.
Sara siguio mirando la etiqueta, suponiendo que el hombre se dirigia a otra Sara.
– ?Sara Linton? -repitio la voz.
Ella alzo los ojos hacia el grupo de internos, preguntandose si alguno de sus pacientes de la Clinica Infantil Heartsdale trabajaba ahora en Emory. Se sintio vieja al observar aquellas caras juveniles hasta que diviso a un hombre mayor, alto, que estaba detras de ellos.
– ?Mason? -pregunto, reconociendole por fin-. ?Mason James?
– Ese soy yo -dijo, abriendose paso entre el grupo de internos. Le puso la mano en el hombro-. Me tope con tus padres arriba.
– Oh -fue lo unico que se le ocurrio decir a Sara.
– Ahora trabajo aqui. Traumatologia pediatrica.
– Exacto.
Sara asintio como si se acordara. Habia salido con Mason cuando trabajaba en el Grady, pero desde que se volviera a Grant no habia sabido nada el uno del otro.
– Cathy me dijo que habias bajado a comer algo.
Sara le enseno el KitKat.
Mason solto una carcajada.
– Veo que tus gustos culinarios no han cambiado.
– Se les habia acabado el filet mignon -dijo Sara, y Mason volvio a reir.
– Estas estupenda -dijo Mason, una evidente mentira que su buena educacion y sus modales le ayudaron a decir con conviccion.
El padre de Mason habia sido cardiologo, y tambien su abuelo. Sara siempre penso que el hecho de que Mason se sintiera atraido por ella se debia en parte a que Eddie era fontanero. Mason, educado en un mundo de internados y clubes de campo, no tenia mucho contacto con la clase obrera, aparte de firmar el cheque de su servicio domestico.
– Esto… como… -Sara se esforzo por decir algo-. ?Como te va?
– Estupendamente -dijo-. Me he enterado de lo de Tessa. En urgencias no se habla de otra cosa.
Sara sabia que incluso en un hospital tan grande como el Grady un caso como el de Tessa llamaria la atencion. Cualquier hecho violento que afectara a un nino se consideraba mucho mas horrible.
– Me pase a ver como estaba. Espero que no te importe.
– No -dijo Sara-. Claro que no.
– Su medico es Beth Tindall -dijo Mason-. Una excelente cirujana.
– Si -dijo Sara.
El le sonrio con afecto.
– Tu madre esta tan guapa como siempre.
Sara intento devolverle la sonrisa.
– Estoy seguro de que se ha alegrado de verte.
– Bueno, dadas las circunstancias… -concedio-. ?Saben quien lo hizo?
Sara nego con la cabeza, estaba a punto de perder la compostura.
– Ni idea.
– Sara -dijo, rozandole el dorso de la mano con los dedos-, lo siento.
Ella aparto la mirada, deseando no llorar. Nadie habia intentado consolarla desde que apunalaran a Tessa. Cuando el la toco se le puso la piel de gallina, y se sintio una idiota por hallar consuelo en un gesto tan nimio.