rodar de unas nubes de piedra. Y despues comenzo a amanecer y se acabo tambien esa noche eterna.
Airelai tenia dibujada la cruz de Caravaca en el cielo de la boca. Un dia nos la enseno y como era tan bajita se tuvo que subir a la mesa de la cocina para que Amanda se la pudiera ver. Se trataba de un reborde blanquecino que le recorria el paladar; no resultaba demasiado espectacular, pero era la marca de la Estrella.
– Esto indica que poseo la gracia. Inmediatamente Chico y yo nos escudrinamos la boca el uno al otro para ver si estabamos senalados. Pero no.
– No seais tontos: si la tuvierais lo sabriais, porque este no es el unico indicio -dijo la enana-. El mas importante es el del poder de la palabra. Si un nino tiene la gracia, habla desde el vientre de su madre. Pero si la madre lo cuenta, si revela el prodigio, la criatura nace con la marca pero pierde la gracia.
Nos quedamos impresionados. Incluso Amanda apreto los labios, amedrentada por las incalculables consecuencias del decir.
– ?Por eso eres asi, porque tienes esa cosa en la boca? -pregunto Chico timidamente.
– ?Como asi?
– Asi de pequena. Airelai hincho el pecho diminuto y dio unos cuantos pasos a uno y otro lado con aire satisfecho, como si el nino le hubiera dedicado el mayor elogio.
– Digamos que soy… especial -contesto al fin con una sonrisa.
Y entonces nos conto lo de la Estrella. Porque Airelai hablaba mucho. Con ella, y con sus baules, y sus utiles de magia, y sus trajes bordados de chispas de luz, llegaron sobre todo las palabras: fascinantes historias de mundos remotos, aventuras extraordinarias, reflexiones incomprensibles pero seguramente importantisimas. Por eso cuando Chico y yo no entendiamos algo, nos aprendiamos las frases de memoria, en el convencimiento de que la vida, con el tiempo, acabaria adaptandose a las palabras de Airelai y nos permitiria extraer su significado. Todo lo sabia nuestra enana; todo lo habia vivido. Parecia muy joven, una linda muneca sin pasado, pero ella aseguraba que tenia muchos anos.
– No soy enana, sino liliputiense, esto es, de proporciones delicadas; no deforme ni monstruosa, sino solo pequena -explicaba a menudo Airelai-. Los liliputienses somos miniaturas de la vida, muestras perfectas; y por eso mismo, por nuestra perfeccion, jamas envejecemos. Nunca somos del todo ninos, pero tampoco ancianos. Atravesamos la existencia siempre iguales a nosotros mismos, y al cabo, un dia cualquiera, nos morimos. Como todos. Pero solemos vivir mucho, porque, como somos pequenos, a menudo la muerte nos olvida.
Desde luego era tersa y muy hermosa, con la piel del color del pan recien tostado, los ojos oscuros, el pelo espeso y liso, azuloso en los reflejos de tan negro. Y una voz fina y suave, adornada aqui y alla por los restos de un acento extranjero, que se te colaba en los oidos como una brisa fresca. Con esa voz ligera e hipnotizadora, Airelai nos conto aquella tarde la siguiente historia:
«Yo naci muy lejos de aqui, hacia el Oriente, al otro lado de mares y montanas. Justo cuando mis padres se estaban amando sin pensar en mi, paso por encima de ellos una estrella errante, que son las mas poderosas, porque no necesitan estar sujetas como estupidas a su lugar fijo en el firmamento. Y hete aqui que mis padres me concibieron en ese instante, y del fuego cercano de la Estrella yo obtuve la fuerza. Y a los seis meses hable dentro del vientre de mi madre y grite: «?Quiero salir de aqui!». Lo cual fue prueba evidente de que tenia la gracia, no solo por hablar, sino por decir que queria salir, porque de todos es sabido que ningun nino desea abandonar el vientre de su madre y afrontar, tan solo y tan desnudo, el doloroso peso del mundo.
»Pero yo no estaba tan sola, porque tenia mi don. Y ello me otorgaba el poder de la clarividencia y del entendimiento. A diferencia de los demas humanos, que estan tan absortos y encerrados en sus pequenas existencias que por delante y por detras solo atinan a ver oscuridad, yo sabia de donde venia, y quienes llegarian tras de mi. Yo se que ocupo un lugar en la cadena de la vida, como la minuscula gota perdida, pero tambien arropada, en las aguas de un rio torrencial. La Estrella, acostumbrada al ritmo sideral y sobrehumanamente lento de las grandes esferas, me regalo esa aguda percepcion de lo inmenso y de lo diminuto. Yo se que soy pequena, muy pequena; pero los demas tambien lo son y no lo saben. Ese es mi poder, el de la conciencia.»Cuando me escucho gritar dentro de su vientre, mi madre se llevo un susto tremendo. Mi madre era muy joven por entonces, y ademas se habia quedado huerfana siendo aun una nina, de manera que mi abuela, su madre, no tuvo tiempo de transmitirle unos conocimientos tan basicos e imprescindibles como el de saber que debes hacer si tu hijo te empieza a hablar desde dentro de ti. El caso es que mi pobre y asustada madre al principio se callo y no hizo nada, esperando haber oido mal. Pero yo siempre fui bastante impaciente y cabezota, de manera que segui gritando que queria salir. Hasta que al fin una tarde mi madre se arreglo con esmero, se envolvio la barriga con un chal de lana para amortiguar mis voces y se fue andando hasta el otro extremo del pueblo para consultar a la Vieja Sabia. Y la Vieja Sabia le dijo:
»-Mujer has hecho mal en venir. Me has revelado que tu hijo grita dentro de ti, y solo por eso, por hablar demasiado, la criatura puede perder la gracia: no deberias haberselo dicho nunca jamas a nadie. Tienes una disculpa, sin embargo, y es que no sabias; y que, aun sin saber, te has comportado con considerable juicio y discrecion, y solo me lo has contado a mi, y en busca de consejo. De manera que mereces que te ayude, y asi voy a hacerlo, aunque no se si conseguiremos enmendar este error. Lo primero que debes saber es que, cuando uno se ha ganado un destino y ha concitado una desgracia, la unica manera de evitarla es cambiarla por otra clase de desdicha. Si quieres que tu criatura no pierda su don, tendra que pagarlo de algun modo. Esto es, tendra que escoger entre la gracia o el dolor. Pero yo no soy quien para decidir por tu hijo algo tan importante, y ni siquiera tu puedes hacerlo. Recuerdo que hace muchos, muchisimos anos, cuando yo era aun una nina, mi abuela, que me enseno todo lo que se, me llevo un dia de visita a una gran casa de piedra y madera a las afueras del pueblo. Un par de hombres, no se si eran parientes o criados, nos condujeron por las escaleras de granito y nos llevaron al dormitorio principal. Alli, en una cama inmensa que habian tenido que reforzar con tablones de roble, estaba tumbada una mujer mayor, mas o menos de la edad de mi abuela. Tenia los ojos cerrados y respiraba fatigosamente; pero lo mas notable era la colosal barriga que poseia, un bulto de dimensiones fantasticas que le hinchaba el camison como una vela y que reposaba lateralmente sobre la cama. Era tan grande el vientre que la anciana parecia un anadido de el, y no al contrario. Y entonces mi abuela me dijo:
»-Esta mujer de tripa descomunal que ves aqui fue en tiempos mi mejor amiga. Crecimos juntas y juntas fuimos a nuestros primeros bailes. Ella conocio enseguida a un chico bueno y guapo, y se caso. Al poco se quedo en estado y su felicidad parecia tan completa que casi daba miedo. Pero a los seis meses de embarazo la criatura empezo a hablarle desde dentro del vientre. Era un varon y decia cosas dulces y bonitas. Mi amiga sabia que no debia dar cuenta a nadie del prodigio, pero a la sazon se encontraba cegada por esa estupida embriaguez de omnipotencia que produce la dicha y el amor. Asi que se lo dijo a su marido, y despues, asustada por lo que habia hecho, pidio ayuda a las comadres, que le explicaron que, si su nino queria conservar la gracia, tendria que pagar con infelicidades y desdicha. No estaba mal encaminado el consejo, pero, como luego veras, era incompleto. El caso es que mi amiga se lo penso mucho: noches sin dormir y dias de llanto. Y al final decidio que su hijo no podia perder el don, aunque el precio fuera alto. De modo que una madrugada salio al patio y, a la oscura luz de las estrellas, acepto en nombre de su hijo las pesadumbres necesarias con tal de mantener la gracia. Pues bien, eso fue lo peor que pudo hacer. Chillo el nino al oirla, y no paro de chillar dentro de su vientre durante varios dias. Pero lo mas horrible es que pasaron las semanas, y llego el momento de parir, y la criatura no salia; se negaba a vivir una vida de desdichas que otros habian escogido por el. Y se cumplio una semana de retraso, y luego un mes. Paso el primer ano, el segundo, el tercero; el nino no nacia, pero crecia dentro de las entranas de su madre al mismo ritmo con que hubiera ido creciendo fuera. Al poco tiempo el peso y el volumen eran tan tremendos que mi pobre amiga ya no se podia tener en pie y tuvo que confinarse de por vida a la cama. Y alli, en la cama, siguio desarrollandose el nino, que al cabo dejo de ser un nino y se convirtio en un varon hecho y derecho. Y a juzgar por las dimensiones de la barriga, debio de ser un chico alto y fuerte y ahora debe de ser un cincuenton considerablemente gordo. Hace muchos anos que mi amiga ha perdido casi por completo la conciencia; solo vive para alimentarse, cosa que ha de hacer durante varias horas al dia, y el resto del tiempo en general dormita.
»-Asi hablo mi abuela -dijo la Vieja Sabia-, y cuando se callo, y nos quedamos las dos contemplando en la penumbra la montana de carne temblorosa, pudimos escuchar una voz de varon lejana y debil que exclamaba: “?No quiero salir! “, entre ecos de humedades, bovedas reverberantes y chapoteos. Si te cuento todo esto, mujer, es para que comprendas que no podemos decidir por los demas en modo alguno. Que no es licito bajo ningun concepto imponer a los otros un destino que nosotros les hayamos escogido, aunque creamos que nos mueve el altruismo y que con ello estarnos haciendoles un bien.