atras, antes de los canales de irrigacion. Bajo el calor del verano, todo aparecia marron, quebrado y muerto.
—?Cual es esa ciudad de alla? —pregunto Buffalo.
—No creo que nadie lo recuerde —dijo Charley.
—Es Fresno —intervino el hombre llamado Tamal, que estaba repleto de informacion, toda erronea.
—Una mierda —dijo Charley—. Fresno esta al sur, ?es que no lo sabes? Y no me vayas a decir que es Sacramento, porque Sacramento esta por ese lado. Que mas da, son ciudades, de una forma o de otra. Y eso de ahi es una ciudad, y nadie recuerda su nombre.
—En Egipto hay ciudades que tienen diez mil anos y todo el mundo recuerda como se llaman. Abandonas este lugar y a los treinta anos no hay nadie que sepa nada.
—Acerquemonos —dijo Charley—. Quiza todavia quede algo que pueda ser util. Vamos a escarbar un poco.
—A escarbar, a escarbar —dijo el pequeno latino a quien llamaban Mujer, y todos rieron.
Tom habia viajado antes con saqueadores de este estilo. Preferia andar con ellos que con bandidos. Era mas seguro. Tarde o temprano, los bandidos hacian alguna estupidez que acababa metiendoles en un lio. Los saqueadores cuidaban mejor el pellejo. Por regla general no eran tan salvajes, y solian ser un poco mas inteligentes. Lo que los saqueadores hacian era una mezcla de carroneo y bandidaje que les permitia seguir sobreviviendo mientras se movian por los alrededores de las ciudades. A veces mataban, pero solo cuando tenian que hacerlo, nunca por simple diversion.
Tom se sentia a gusto en este grupo. Esperaba poder quedarse con ellos al menos hasta San Francisco. Y si no, bueno, tambien estaba bien. Lo que pasara estaba bien. No habia otra forma de vivir sino aceptar lo que venia, aunque preferia seguir viajando con Charley y sus saqueadores. Ellos cuidarian de el. Era un territorio peligroso. Habia peligro en todas partes, pero esta zona era la peor.
Y Tom se sabia a salvo con ellos. Se habia convertido en una especie de mascota, un amuleto de la buena suerte.
No era la primera vez que le sucedia tal cosa. Tom sabia que a cierto tipo de personas les agradaba tener alrededor a alguien como el. Le consideraban loco, pero no particularmente desagradable o peligroso, y eso tenia cierto atractivo para hombres de aquel calibre. Hacia falta toda la suerte posible, y un loco como Tom tenia que ser afortunado para haber sobrevivido en este confin del mundo, asi que ahora era su mascota. Les gustaba a todos, a Buffalo, Tamal y Mujer, a Rupe, Choke y Nicholas, y especialmente a Charley, claro. A todos menos a Stidge. Este todavia le odiaba, y probablemente le odiaria siempre, porque le habian zurrado por culpa de Tom. Pero Stidge no se atreveria a ponerle una mano encima, por temor a Charley, o quizas porque pensaba que traeria mala suerte. Por lo que fuera. A Tom no le importaba la razon con tal de que Stidge se mantuviera lejos de el.
—Mirad este sitio —dijo Charley—. Miradlo.
Era algo tetrico. Calles destrozadas, bloques de asfalto levantados por todas partes, el armazon de las casas, hierba seca asomando por entre el pavimento resquebrajado, la arena barrida por el viento desde el campo, un par de coches volcados… Todo estaba en ruinas.
—Deben de haber tenido toda un guerra aqui —dijo Mujer.
—Aqui no —dijo Choke, el de aspecto cadaverico y la cicatriz en la frente—. No hubo guerra en esta parte. La guerra fue en el este, idiota. En Kansas, Nebraska, Iowa. En los sitios donde soltaron la ceniza.
—Pero la ceniza no se carga asi a una ciudad. La ceniza lo deja todo cubierto de materia venenosa para que te quemes cuando toques cualquier cosa —dijo Buffalo.
—Entonces, ?que hizo esto? —quiso saber Mujer.
—La gente, al marcharse —dijo Charley con voz muy queda—. ?Crees que las ciudades se reparan solas? La gente se largo porque ya no habia granjas. Tal vez venia demasiada ceniza en el aire, arrastrando veneno de las zonas muertas, o tal vez el canal se rompio en alguna parte y nadie sabia arreglarlo. No lo se. Pero se marcharon. A San Francisco o hacia el sur, y entonces las tuberias se oxidaron y hubo un terremoto o dos, y como no hay nadie para reparar los danos, todo va empeorando, y entonces llegamos los carroneros para llevarnos lo poco que queda. No hacen falta bombas para destruir un sitio. No hace falta nada. Abandonalo y se caera en pedazos. No construyeron estas ciudades para que durasen, como hicieron en Egipto, ?eh, Buffalo? Las construyeron para treinta o cuarenta anos, y a los treinta o cuarenta anos, se acabo.
—Mierda —dijo Mujer—. ?Vaya mundo tenemos!
—Iremos a San Francisco. No se esta tan mal alli. Al menos hace fresco, hay niebla y brisa. Pasaremos alli el verano.
—Vaya mundo de mierda —dijo Mujer.
—Pues la indignacion del Senor ha caido sobre todas las naciones, y Su furia sobre todos los ejercitos. Ya los ha destruido y los ha enviado al matadero —dijo Tom, un poco apartado de los otros.
—?Que es lo que dice el loco ahora? —pregunto Stidge.
—Es la Biblia —explico Buffalo—. ?Es que no conoces la Biblia?
—Y las espinas creceran en sus palacios, y ortigas y zarzas en sus fortalezas. Y sera habitaculo de dragones y corte de buhos.
—?Te la sabes entera de memoria? —pregunto Charley.
—En parte —respondio Tom—. Fui predicador durante una epoca.
—?Por que sitios?
—Por ahi arriba. —Tom senalo con el pulgar por encima de su hombro derecho—. En Idaho, estado de Washington, por ahi.
—Has viajado lo tuyo.
—Un poco.
—?Has estado alguna vez realmente al este?
—?En Nueva York, Chicago y esos sitios, quieres decir?
Tom le miro.
—En esos sitios, si.
—?Como? ?Volando?
—Si —afirmo riendo Mujer—. ?Volando en el palo de una escoba!
—Antiguamente lo hacian —dijo Tamal—. De costa a costa. Cogias el avion en San Francisco y te llevaba a Nueva York en tres horas. Mi padre me lo dijo.
—Tres horas una mierda —dijo Stidge.
—Tres horas —repitio Tamal—. ?A quien llamas mierda? —Saco el cuchillo—. ?A mi padre? Venga, llamalo mierda otra vez. Llama tambien algo a mi madre, Stidge. Venga. Venga.
—Basta —dijo Charley—. Hemos venido aqui a escarbar. Al trabajo. Stidge, eres un grano en el culo.
—?Crees que me voy a tragar eso? ?Tres horas y ya estas en Nueva York? ?Anda ya!
—Lo dijo mi padre —murmuro Tamal entre dientes.
—Entonces el mundo era distinto —dijo Charley—. Antes de la Guerra de la Ceniza todo era diferente. A lo mejor eran cinco horas, ?eh, Tamal?
—Tres.
Tom sentia la charla presionarle el craneo como un tumor cerebral. Tres horas, cinco, ?que importaba? Ese mundo ya no existia. Se aparto de ellos.
Entonces noto que venia una vision.
Bien. Bien. Dejala venir. Deja que se maten entre ellos si eso es lo que quieren. El habitaba otros mundos mas hermosos.
Se alejo unos pasos por entre el pavimento levantado y los hierros retorcidos y oxidados, y se sento en el bordillo de una acera cubierta de arena, con la espalda reclinada contra una enorme palmera que parecia haber estado ya alli cuando California y todo lo que el hombre habia construido en California habian sido barridos por el tiempo.
La vision llego de inmediato. Era una grande. Todo el espectaculo a la vez.
A veces le venian al completo, no solo un mundo alienigena sino la estupenda multitud de ellos, uno detras de otro. En esos momentos, se sentia el centro del cosmos. Imperios galacticos enteros surcaban su alma. Tenia la vision completa de miriadas de reinos que existian mas alla de la comprension humana.
