Llamaron a la puerta.
—?Quien es? —pregunto Ferguson.
—Aleluya —respondio la voz femenina mas musical que habia oido en su vida.
Algo se sacudio en su memoria mutilada y confundida, pero fue incapaz de identificarlo. Palpo su anillo en busca de datos sobre Aleluya.
—Companera paciente en el Centro Nepente. Mujer sintetica, cuerpo extraordinario, personalidad muy jodida. Te la has estado tirando una y otra vez todo el verano.
Miro al anillo, algo incredulo. ?Jodiendo con una sintetica? Debes de haber estado realmente en forma, chico. Pero si el registro lo decia, asi debia de ser.
—Entra.
En cuanto la vio, empezo a creer lo que el anillo le habia dicho. Sintetica o no, podia imaginarse facilmente en la cama con ella. Tenia presencia. Podia pasar por real. Era hermosa mas alla de todo lo plausible, en la forma en que los sinteticos solian serlo. Aspecto de estrella de laser-show, largas piernas, piel cremosa, pelo negro y revuelto, cara perfecta. Llevaba puesto algo tenue y resplandeciente, que se le transparentaba en los pezones. Con la luz del corredor a sus espaldas, veia tambien claramente el negro triangulo pubico. Nunca habia llegado a comprender por que se molestaban en poner vello pubico a la gente de imitacion, a menos que fuera para evitar que se les reconociera facilmente. Se les podia reconocer de todas formas, pues eran muchisimo mas atractivos de lo que cualquier persona natural sonaria ser.
Ella entro en la habitacion.
—?Estas bien? —dijo.
—?Por que? ?No tengo aspecto de estarlo?
—Extremadamente tenso, irritado, nervioso. Quizas es asi como estas siempre, pero no pareces relajado.
—?Irritado? Mierda, claro que estoy irritado. Ha habido complicaciones. La persona inadecuada en el momento inoportuno, y no me gusta. Me ha metido en un lio. —Ferguson sacudio la cabeza—. Vaya, esta no es manera de iniciar una conversacion, ?verdad? Hola, Aleluya.
Ella sonrio.
—Lo siento. Hola. Tu eres Ed Ferguson, ?no?
—Puedes apostar tu hermoso trasero a que si.
—Tengo una nota bajo mi almohada que dice que debo presentarme a ti inmediatamente despues del tratamiento. Creo que hago esto todas las mananas, ?no?
—Si —dijo el, aunque no recordaba mas que ella.
Se levanto y se acerco a la mujer; la atrajo hacia si y se besaron, y el se apresuro a tocarle los pechos. Eran como imaginaba que serian los pechos de una adolescente de catorce anos, duros como el plastico pero mas calidos.
—Hacemos esto cada manana, si. Presentemonos de nuevo. Aleluya, Ed. Ed, Aleluya. Encantado de conocerte. ?Ves? Este es el sistema.
—Casi merece la pena el tratamiento —dijo ella—, solo para que nos presentemos de nuevo. Cada vez es como si fuera la primera, ?no es asi? —Rio y se apreto contra el—. Vamos a pasear por el bosque esta tarde, ?vale? Tus companeros de habitacion volveran pronto.
—Esta tarde no puedo, Ale.
—?No?
—Por culpa de la irritante complicacion de la que hablaba. Tengo visita a las diez y media. Mi esposa. Viene para una conyugal.
Ella se separo de el. Parecia dolida.
—No sabia que tenias una esposa, Ed.
—Ni yo, hasta que la computadora me lo recordo. Tenia que venir el martes, pero viene hoy. Asi que el bosque esta descartado, carino.
—Aun nos quedan tres horas.
—Una visita conyugal se supone que debe ser conyugal, ?comprendes? Sabes que iria si pudiera, pero hoy no estoy libre. ?De acuerdo? Se ira el domingo por la tarde, y entonces podremos jugar…
Vio la ira en sus ojos, y esto le asusto. La ira de las mujeres lo hacia siempre, pero la ira de Aleluya era especial, porque ella tambien lo era. Sabia que si ella queria podia arrancarle los brazos y las piernas como se le arrancan las alas a una mosca. Los sinteticos eran sorprendentemente fuertes. Y esta mujer era una sintetica emocionalmente perturbada, y se hallaba justo entre el y la puerta. Miro de reojo al telefono, preguntandose si podria pulsar la placa en busca de ayuda antes de que ella estallase.
Pero ella no estallo. Se entrego a algun tipo de ejercicio interno —Ferguson vio moverse los musculos de sus mejillas— y se calmo.
—Muy bien —dijo—. Despues de que tu esposa se marche.
—Sabes que preferiria estar contigo.
La mujer artificial asintio distraida. Parecia a la deriva, inmersa en algun mundo remoto.
—?Te encuentras bien?
—No estoy segura —contesto ella, suavemente—. Hay algo que me preocupa ultimamente, y me sucedio otra vez anoche.
—Cuentamelo.
—No te rias. He estado teniendo unos suenos extranos, Ed.
—?Suenos?
Ella dudo.
—Creo que veo otros mundos. Uno es completamente verde, con cielo verde y nubes verdes, y la gente parece estar hecha de cristal. ?Has tenido alguna vez suenos asi?
—Nunca recuerdo mis suenos. Me los borran cada manana. Sonaste con otro mundo, ?no? ?Como puedes recordarlo si has pasado por la sesion de tratamiento esta manana?
—Supongo que como soy artificial los suenos permanecen. Quiza el tratamiento no funciona bien conmigo. Pero he visto un par de mundos. Hay otro que he visto una o dos veces, con dos soles en el cielo.
Ferguson contuvo la respiracion, sobresaltado.
—Un sol es rojo —continuo ella—, y el otro…
—?Es azul?
—?Azul, eso es! ?Tu tambien lo has visto?
Ferguson sintio un escalofrio bajarle por la espalda.
—?Y habia una cosa grande y dorada con cuernos delante de un bloque de piedra blanca?
—?Lo has visto! ?Lo has visto!
—Dios mio —dijo Ferguson.
5
Habian pasado tres dias desde que Charley consiguiera poner en marcha la furgoneta flotante. Ahora iban descendiendo hacia la zona oriental del Valle de San Joaquin. Cuanto mas lejos mejor, pensaba Tom. Tal vez le dejarian continuar viajando con ellos hasta San Francisco.
—Mirad esta tierra olvidada de la mano de Dios —dijo Charley—. Mi abuelo era de por aqui. Un tipo condenadamente rico, ese era mi abuelo. Algodon, trigo, maiz, que se yo. Tenia ochenta hombres trabajando para el, ?sabeis?
Resultaba dificil creer que esto habia sido tierra de labranza hacia treinta o cuarenta anos. Desde luego, nadie sembraba aqui ya. La tierra empezaba a volverse otra vez desierto, como lo habia sido cuatrocientos anos
