—?Dios bendito! Debes de estar bromeando. ?Hoy? ?Que dia es hoy?
—Viernes, veintiuno de julio de dos mil ciento tres.
—?Y cuanto tiempo planea quedarse?
—Hasta las tres de la tarde del domingo.
Con eso se acababa el fin de semana con Lacy. Maldicion. Incluso en este lugar intentaba que todo saliera como el pretendia, pero era casi imposible poder recordar nada de un dia para otro, y nada parecia estar en su sitio. ?Hija de puta! ?Venir a su visita conyugal con cuatro dias de antelacion!
—?Estas segura, maquina? —dijo furiosamente—. ?El doctor Lewis autorizo el cambio de fecha? Debe de ser un error.
—El numero de autorizacion es…
—No importa. Escucha, aqui hay un grave error. Debo tener un permiso de salida para el sabado. Hay algo por ahi sobre mi peticion para un permiso de salida este fin de semana, ?verdad?
—Lo siento, senor Ferguson. No hay nada de eso.
—Compruebalo otra vez.
—No hay registro de ninguna peticion.
—Debe haberla. Tiene que haber algun error. Se que lo pedi. Sigue buscando. Y ponme en comunicacion con Elszabet Lewis. Ella tambien lo sabe.
—La doctora Lewis esta con un paciente, senor Ferguson.
—Dile que quiero hablar con ella en cuanto sea posible.
Furioso, desconecto de un manotazo, se coloco las dos manos ante la cara y apreto con fuerza. Intento inspirar profundamente dos o tres veces. Entonces el telefono emitio un
—?Sigue queriendo linea exterior, senor Ferguson?
—No. Si. Si, claro.
Cuando obtuvo el tono, tecleo el numero de Lacy en San Francisco. Las siete y cuarto de la manana. ?Estaria ella levantada ya? Cuatro rings. ?Dormiste con alguien mas anoche, chica?
Ella contesto a la quinta llamada. Parecia vaga y sonolienta.
—?Si?
—Soy Ed, nena.
—?Ed? ?Ed! —desperto en un parpadeo—. Oh, querido, ?como te encuentras? He estado pensando tanto en ti…
—Escucha, hay un problema.
—?Un problema?
—Con respecto al fin de semana.
—?Si? —De pronto ella sono muy fria, muy remota.
—No me van a dar permiso. Dicen que he tenido una recaida, que tengo que volver al tanque para una sesion extra.
—?Lo tengo todo reservado, carino! ?Esta todo dispuesto!
—?Y el fin de semana que viene?
Ella guardo silencio un momento.
—No es seguro que entonces pueda.
—Oh.
—Aunque no puedas salir, ?no podria pasarme por ahi? Me dijiste que hay una casa para visitas conyugales, ?verdad? Y…
—No eres mi conyuge, Lacy.
Habia dicho la palabra inadecuada. Pudo sentir la temperatura bajo cero al otro lado del telefono.
—Ese no es el asunto, de todos modos —prosiguio el—. Voy a estar en el tanque todo el fin de semana. Para cuando terminen conmigo, no sabre distinguir mi culo de mi codo. Y no puedo recibir visitas.
—Lo siento, Ed.
—Yo tambien. No sabes cuanto lo siento.
Otro silencio.
—?Como estas?
—Estoy bien. No voy a permitir que esos bastardos puedan conmigo.
—?Te acuerdas de mi?
—Sabes que si. Todavia puedo ver ese brillante pelo rojo. Puedo verte sentada sobre mi en busca de un orgasmo de los grandes.
—Oh, carino…
—Te quiero, Lacy.
—Y yo a ti. ?Me echas de menos, Ed? ?De verdad?
—No sabes cuanto.
—Es una lastima lo del fin de semana. Tu y yo caminando juntos por la playa en Mendo…
—No lo hagas mas dificil. Sabes que iria si pudiera.
—Tengo tanto que contarte…
—?Como que?
—Hay una cosa graciosa. Sobre nuestro proyecto espacial. ?Lo recuerdas?
—Claro que lo recuerdo.
Debio de haber un perceptible temblor de duda en su voz, porque ella le explico el asunto antes de continuar.
—Quiero decir cuando intentabamos vender viajes mentales a Betelgeuse Cinco. El otro dia sone que tomaba uno. Un viaje mental. Sone que realmente iba a otra estrella, ?sabes?
—No puedes empezar a creer en tus propias estafas, nena.
—Era de lo mas real. Habia un sol rojo y uno azul. Y vi una cosa grande y dorada con cuernos delante de un bloque de piedra blanca, una especie de monstruo espacial que parecia estar observandome. Era como un gigante. Era casi como un dios. Y en el cielo…
—Escucha, nena. Esta llamada va a costarme una fortuna.
—Dejame que te lo cuente. No era un sueno corriente. Era como real, Ed. Vi los arboles de ese planeta, y hasta los insectos, y no eran como nuestros arboles o nuestros insectos. Y lo gracioso es que era exactamente igual que lo que estabamos intentando vender a la gente, el asunto por el que te encerraron, y…
—Lacy, escucha. Me llaman para que baje a la sesion de terapia.
—Si. Esta bien.
—?Te vere el proximo fin de semana? Puedo escuchar el resto entonces.
—No estoy segura. Ya te he dicho que no se si podre.
—Intentalo, Lacy. Te echo de menos.
—Si, Ed. Yo tambien.
Eso no suena convincente, penso. La muy zorra.
La furia le inundo. Si ella hubiera estado a su alcance, la habria abofeteado. Y entonces se dio cuenta de que no era culpa suya, que
—Te quiero, Lacy —dijo con toda la ternura de que fue capaz—. Ojala pudiera verte manana, lo sabes.
Colgo. Entonces pulso su anillo.
—Informa sobre mi esposa.
—Esposa: Mariela Johnston —respondio su voz en la grabacion—. Cumple anos el siete de agosto. Tendra treinta y tres este verano. Te casaste con ella en Honolulu el cuatro de julio del dos mil noventa y ocho. Es cosa fina, pero ya no la soportas. Tu abogado esta intentando encontrarte motivos para una anulacion.
