conciencia. Tropezo, estuvo a punto de caerse, lucho por permanecer de pie, temiendo que acabaria aplastado si se dejaba caer. Vio un arbol y se agarro a el mientras lo invadian oleadas de vertigo. Le parecia que despegaba de la tierra, que era levantado por alguna extrana fuerza centrifuga a las distantes extensiones del universo.

Y mientras se movia por el espacio, vio a Chungira-el-que-vendra.

El dios de la puerta era una gran figura dorada y extrana, con cuernos de carnero, el ser mas extrano que Jaspin habia visto nunca, y surgia de un bloque de alabastro puro y brillante que le cubria hasta la cintura. Sobre su hombro izquierdo habia un sol inmenso, rojo oscuro, que cubria la mitad del cielo purpura; parecia palpitar e inflarse como un globo enorme. Habia un segundo sol a la derecha del dios, uno azul que fluctuaba con violentos estallidos de luz. Entre los dos soles se extendia un puente de materia brillante, como un arco en el cielo.

—Mi tiempo esta cercano —dijo Chungira-el-que-vendra—. Vendras a mi abrazo, hijo. Y todo estara bien.

Entonces la figura se desvanecio. La estrella roja y la azul desaparecieron. Jaspin extendio la mano, implorante, pero no pudo hacer que retornara lo que acababa de contemplar. El momento maravilloso habia terminado.

Empezo a temblar. Nunca antes habia experimentado algo ni remotamente parecido a eso. No podia moverse, no podia respirar. La vision lo habia conmocionado. Era devastadora. Por un instante habia sido tocado por un dios. No habia explicacion, y tampoco iba a buscar una. Esta vez habia topado con algo que sobrepasaba toda su capacidad de comprension, algo tan superior a Barry Jaspin que se sentia perdido.

Santo Dios, penso. ?Puede ser posible que alla fuera existan titanicos seres espaciales, que los tumbonde tengan una conexion a traves de medio universo con Dios sabe donde, que esas criaturas contemplen nuestro mundo desde millones de anos luz de distancia, que vayan a venir a gobernarnos y a cambiarnos? Tenia que ser solo una alucinacion. El calor, la gente… Tal vez la Senhora Aglaibahi le habia inoculado alguna especie de droga.

Abrio los ojos. Yacia bajo un arbol, y la rubita delgada estaba arrodillada junto a el. Llevaba la blusa abierta todavia, pero las marcas de Maguali-ga sobre sus pechos estaban despintadas y corridas, y su piel brillaba por el sudor.

—Le vi desmayarse. Temi que fuera a hacerse dano. ?Puedo ayudarle a levantarse? Tiene usted un aspecto extrano, doctor Jaspin.

El ya no se molesto en negar quien era.

—No puedo creerlo —dijo con voz estrangulada—. De verdad que no puedo creerlo. Le vi. Pude haberlo tocado con la mano, aunque nunca me habria atrevido a hacerlo.

—?Vio a quien, doctor Jaspin?

—?No le viste?

—?Se refiere al Senhor Papamacer?

—A Chungira-el-que-vendra. Me miraba desde un planeta de otra galaxia. ?Cristo Todopoderoso, era real, no lo dude!

Se sentia rodeado por un aura luminosa, exaltado por el toque divino. Una parte de el, lo sabia, habia sido Chungira-el-que-vendra, y lo seria siempre. Pero al momento siguiente todo habia empezado a desvanecerse y desaparecer, y luego volvio a no ser mas que el miserable y jodido Barry Jaspin de nuevo, que yacia sudoroso y exhausto en una colina abrasada, con miles de personas que gritaban y cantaban y pasaban a su alrededor, y animales asustados que balaban, y tambores que hacian temblar el suelo como un terremoto de intensidad nueve coma cinco en la escala Richter. Se sento y miro a la muchacha rubia, y vio la adoracion y la maravilla reflejadas en su cara. Era como si ella tambien hubiera visto a Chungira-el-que-vendra en sus ojos un momento antes de que el extasis desapareciera.

Entonces, sin previo aviso, le invadio la tristeza mas terrible que habia conocido nunca, y empezo a llorar lagrimas amargas e incontrolables.

4

Cuando terminaron con el en la Cabina B, Ferguson camino lentamente colina arriba hasta el dormitorio, sintiendose aturdido y mareado. Experimentaba el mismo sentimiento de despues de cada manana. Lo sabia porque el registro molecular que llevaba ilicitamente bajo su anillo se lo decia. El anillo recordaba las cosas por el. Lo presiono dos veces, y el registro le informo: «Te sientes desorientado porque acaban de barrer tus recuerdos. No te preocupes, chico. Esos mierdas no podran contigo». Era el primer mensaje que tenia programado. El registro se lo recordaba cada manana, despues de la sesion de tratamiento.

Hilillos de niebla se deslizaban entre los arboles. Todo parecia humedo y brillante. Dios santo, penso, y esto es julio. Parece febrero. Nunca podria acostumbrarse al norte de California. Echaba de menos el calor de Los Angeles, la sequedad, incluso el smog. Esa era la unica cosa de la que los cientificos no lograrian deshacerse, el smog. Ya lo habia en Los Angeles cuando alli no vivian mas que los indios. Tal vez ya estaba en la epoca de los dinosaurios. Iban a tenerlo siempre.

Ferguson pulso el anillo otra vez.

Lacy viene de San Francisco esta semana —dijo su propia voz—. Se alojara en Mendo, y espera que puedas conseguir permiso para visitarla el sabado y el domingo. Llamala inmediatamente despues del desayuno. El numero es…

Fruncio el ceno y toco el anillo otras dos veces, buscando recuerdos mas profundos.

—Informa sobre Lacy.

Lacy Meyers vive en San Francisco —dijo el registro—. Pelirroja, pomulos acusados, soltera, treinta y un anos. La conociste en enero del ano dos. Trabajaba contigo en lo de Betelgeuse Cinco. Solo puede venir ocasionalmente. Su cumpleanos es el diez de marzo. La direccion y el telefono…

—Gracias —dijo Ferguson.

Vivir con aquel tratamiento era como escribir tu biografia en el agua. Pero no tenia pensado seguir asi mucho tiempo.

Tras recorrer el pasillo brillantemente iluminado, entro en su dormitorio, la tercera habitacion a la izquierda. Segun la orden que habia repetido rutinariamente el registro, la compartia con dos hombres, un indio que se llamaba Nick Doble Arcoiris y un chicano de nombre Tomas Menendez. Ninguno de los dos parecia estar presente en este momento; probablemente formaban parte del segundo turno en el barrido de memorias.

Ferguson se quedo de pie en mitad de la habitacion, sin saber que rincon era el suyo. Una cama tenia un punado de cubos encima. Recogio uno y lo presiono, y el cubo le dijo algo en espanol. Muy bien. Eso era facil. La cama de enfrente estaba cubierta con una manta roja brillante con dibujos bordados. Estilo indio, penso. Por eliminacion eso le dejaba la otra a el. Dios, como odiaba esa mierda, empezar cada dia como un nino recien nacido.

Lo unico que no habia olvidado era por que estaba alli. Era este sitio o Rehab Dos, y alli eran muchisimo mas duros. Cuando se salia del Dos, se era alguien distinto, reblandecido y suave, util solo para el cultivo de rosas. Habian intentado enviarle alli despues de que fuera declarado culpable en el fiasco del asunto espacial, pero se habia trastornado o lo habia pretendido —no estaba muy seguro ya—, y su abogado le habia conseguido un ano en el Centro Nepente. «Este hombre no es un criminal», habia dicho el abogado, «sino una victima como el que mas». Si era cierto o no, Ferguson ya no lo sabia. Quiza realmente tenia algo mental, ese sindrome de Gelbard, o quiza solo habia sido un engano mas. Lo que fuera, aqui lo curarian. Seguro.

Salto de la cama y presiono con el pulgar sobre la placa de identificacion de huellas del telefono.

—Linea exterior —dijo.

—Tengo un mensaje para usted —replico la voz de la computadora—. ?Quiere oirlo primero, senor Ferguson?

—Si. Bueno.

—Es de su esposa. En relacion con su visita, prevista para el proximo martes. Llegara esta manana, a las diez y media.

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