volvio hacia el. Sus ojos brillaban.
Jaspin habia visto esa mirada de arrebato con anterioridad, en las muchachas que asistian a sus clases durante los dias en que habia dado clase. Era amor puro, amor abstracto. No tenia nada que ver con el, con su yo real. Le adoraban porque era la fuente del saber, porque caminaba diariamente con Aristoteles y Platon. Y tambien porque era mayor que ellas y podia, si queria, abrir para ellas las puertas de la sabiduria con un simple gesto de sus dedos. Jaspin habia usado el dedo con varias, y no simplemente el dedo, en realidad, y sospechaba que algunas si que habian aprendido algo de el, aunque quiza no en el terreno que esperaban. Eso, segun se figuraba, ya se habia terminado.
Pero no consiguio abrir la boca. En cambio, se acerco a ella como si quisiera estrecharla entre sus brazos, pero en el ultimo momento simplemente tomo el libro que ella tenia en las manos y lo acaricio como ella habia hecho. Era una autentica rareza, un tratado sobre mascaras mexicanas que tenia ciento treinta anos y aun conservaba el brillo en las tapas. Estaba vendiendo poco a poco su biblioteca a un profesor del campus de La Jolla para pagarse la comida y el alojamiento. Habia adquirido de esa misma manera la mayor parte del material diez o quince anos antes, cuando el era quien tenia dinero y algun otro el que iba cuesta abajo.
—Es uno de mis mayores tesoros. ?Observa estas mascaras!
Jaspin paso las paginas. Rostros diabolicos y cornudos, criaturas de pesadilla. ?Chungira-el-que-vendra? ?Maguali-ga? Oyo de nuevo los tambores resonar en su cabeza.
—?Y esto! ?Y eso! ?Y aquello de alli! —La chica estaba a punto de caer en extasis—. ?Que maravillosa biblioteca! ?Que persona tan extraordinaria debe de ser usted para tener reunidos todos estos conocimientos, doctor Jaspin!
—Barry.
—Si, Barry. —Ella salio a la terraza, arranco una brillante flor roja del hibisco y se la prendio en el pelo.
—Vives en un lugar muy bonito para la epoca en que estamos —dijo ella—. Tenemos suerte de vivir en la California costera, ?verdad? No se esta tan bien tierra adentro, ?no?
—Dicen que las cosas estan realmente mal alli. Y cuanto mas lejos de la costa, peor. Por supuesto, la parte mas mala se halla en los estados que limitan con la zona donde soltaron la ceniza. He oido decir que es una autentica jungla. Hay bandidos por todas partes, y la gente muere a causa de la radiacion.
Sacudio la cabeza. Le ponia enfermo pensar en ello, en la confusion que la guerra habia creado. Ni una sola bomba habia sido lanzada. No se podia usar bombas sin desencadenar el holocausto definitivo que todo el mundo estaba de acuerdo en que arrastraria la aniquilacion mutua, asi que en vez de eso usaron nubes de radiacion controlada que arrasaron las zonas agricolas y alcanzaron el mismo corazon de la tierra, partiendo el pais en dos, en tres. Lo mismo que les hicimos a ellos, solo que peor.
Y ahora, veinte anos mas tarde, deambulamos entre los restos de la civilizacion occidental y cultivamos nuestras buganvillas, tocamos nuestros cubos de musica, vamos a clases de antropologia y pretendemos que hay que reconstruir el mundo aqui, en la soleada California, mientras que, por lo que sabemos, a quinientas millas al este la gente ha vuelto al canibalismo.
—De eso iba a escribir —dijo en voz alta—. Del mundo moderno desde una vision antropologica, casi sociologica. Del mundo como una jungla de alta tecnologia. Por supuesto, ya no voy a hacerlo.
—?Ya no?
—Lo dudo. Ya no estoy en la universidad. No tengo quien me patrocine. Eso es importante.
—Podrias hacerlo por tu cuenta, Barry. Se que podrias.
—Eres muy amable. Escucha, ?tienes hambre? Tengo un par de latas por ahi, y los higos de esa chumbera del patio estan casi comestibles, asi que…
—?Te importa si tomo una ducha? Me noto toda pegajosa, y todavia llevo esta pintura, las marcas de Maguali-ga…
—Claro. ?Que dia es hoy, viernes? Tenemos agua para la ducha los viernes.
Ella se quito la ropa en un instante. No tenia sentido del rubor. Ni pechos. Ni caderas tampoco. Sus nalgas eran planas como las de un chiquillo. Que demonios, de todas formas era una mujer. Estaba completamente seguro, aunque eso nunca podia afirmarse, con los trasplantes e implantaciones que hacian hoy en dia.
La condujo al cubiculo de la ducha y le busco una toalla. Entonces, que diablos, se desnudo y entro en la ducha con ella.
—No tenemos mucha racion de agua —dijo—. Sera mejor compartir la que hay.
Ella se volvio hacia el cuando los dos estuvieron bajo el chorro, y enrosco las piernas alrededor de las suyas. Jaspin se apoyo contra la pared y la agarro por las nalgas. Sus ojos estuvieron cerrados la mayor parte del tiempo, pero una vez los abrio y vio que los de ella estaban abiertos, y que aun tenian ese aspecto brillante y reverente, como si el le estuviera introduciendo cincuenta enciclopedias a cada empuje.
Todo fue muy rapido, y tambien muy satisfactorio. No era posible escapar de la satisfaccion. Despues vino la culpa, la verguenza, y tampoco fue posible escapar de aquello.
Hacer el amor. Alguien lo habia llamado asi mucho tiempo antes. ?Que amor? ?Donde? Dos desconocidos pateticos rozandose y uniendo partes de sus cuerpos durante unos pocos minutos. ?Amor?
Tengo que ser honesto con esta chica, penso Jaspin. Habria sido mejor si lo hubiera intentado antes de hacerle el amor, pero entonces tal vez no lo habriamos hecho, y supongo que lo deseaba demasiado. Eso es ser honesto tambien, ?no? ?No?
—Tengo que decirte algo —dijo, apoyado en el borde del lavabo, mirando sus pequenos pechos de pezones sonrosados, sus caderas de chiquillo, su pelo mojado y revuelto—. Crees que soy una especie de figura noble, romantica e intelectual, ?verdad? Bien, pues no lo soy, ?sabes? Soy un don nadie. Un fraude. Soy un fracasado, Jill.
—Yo tambien.
El la miro, sorprendido. Era la primera cosa autentica que habia oido de ella desde que la habia encontrado.
—Antes si que era alguien —prosiguio el—. Un chico brillante y prometedor, de una familia rica de Los Angeles. Iba a ser un gran antropologo, pero en algun punto del camino me volvi
»No estaba exactamente deprimido, comprendeme…; el sindrome de Gelbard es algo diferente de la depresion clinica, segun me han dicho. Es mas profundo, una respuesta a la completa confusion humana, una especie de cansancio cultural, un fenomeno de agotamiento.
—Te vi en tu curso. Eras muy profundo.
—Repetia simplemente lo que habia encontrado en esos libros. ?Que hay de profundo en una buena memoria? Te pareci profundo porque no sabias mas que yo. Por cierto, ?cual era tu especialidad en la UCLA?
—No tenia ninguna. Iba de oyente, nada mas.
—?Sin grado?
—Queria aprenderlo todo, pero habia demasiado. No sabia por donde empezar, asi que nunca empece. Pero ahora tendre una segunda oportunidad, ?no es cierto?
—?Que quieres decir?
—Para aprender. De ti. Hare la limpieza, las compras, lo que sea. Y estudiaremos juntos. —Habia un extrano y brillante tono en su voz, como alambres de cobre rozandose—. ?No te parece bien? Te ayudare con tu libro. No tengo sitio donde vivir ahora, ?sabes? Pero no ocupo mucho espacio, y soy muy limpia, y…
