y otras no. Era un asesino de verdad, Tom lo sabia. Bajo la amabilidad, bajo la poesia, era un asesino. Pero… ?que era por debajo de aquello?
—Viven en un mundo de luz que nunca se apaga —dijo Tom—, y es tan densa que no pueden ver el resto del universo. En realidad, no pueden ver nada, porque la luz de la Gran Nubestrella es tan brillante que no hay contrastes ni forma de distinguir una cosa de la otra. Hay tanta luz, que te ciega. En lugar de ver, sienten, y cada parte de su cuerpo recoge imagenes, toda su piel. Por eso les llaman la Gente Ojo, porque es como si tuvieran un gran ojo todo alrededor. Pero, comprendeme, no existen todavia. Existiran. Son una de las razas por venir.
»Hay unas mil cuatrocientas razas por venir apuntadas en el Libro de las Lunas, pero naturalmente no las incluye a todas. De hecho hay billones y billones de razas por venir, pero el universo es tan grande que ni siquiera los Zygeron y los Kusereen saben de el una milesima parte. Pero ahi estan, la Gente Ojo, y sus mentes son tan sensitivas que pueden alcanzar y sentir el resto del universo. Saben de soles, estrellas, planetas, galaxias y todo eso, pero es por sentido y por intuicion, como un ciego sabe del rojo, el azul y el verde. Sus mentes estan en contacto con los otros mundos del Sagrado Imperio, pasados y futuros. Aprenden acerca del universo exterior, y a cambio muestran a otras gentes la Gran Nubestrella, que es sagrada, ya que su luz es poderosa y completa. Es como la luz del Buda, ?sabes? Llena todo el vacio. Y por eso la Gente Ojo…
—Charley. Me han dicho que habias acabado de hablar con el.
Era Stidge.
—Todavia no —contesto Charley, y se puso en pie—. Mierda. Esta bien, Tom. Terminaremos en otro momento. ?Que pasa, Stidge?
—Hay una granja a unos setecientos metros, en la desembocadura. Hombre, mujer y tres ninos. Tienen colocadas pantallas, pero la instalacion es una porqueria. Podemos entrar.
—?Estas seguro?
—Absolutamente. Tamal tambien lo vio.
—Oh, claro. Tamal es extraordinario haciendo juicios de valor.
—Te digo, Charley, que…
—Vale Vale, Stidge. Vamos a bajar a echar un vistazo, ?de acuerdo?
—Claro.
Tom se quedo donde estaba, bajo un arbol a la vera de un arroyo casi seco que posiblemente solo fluia en invierno. Vio a Charley y a Stidge perderse en las sombras, y al cabo de un rato volvieron y hablaron con los demas, y entonces los ocho se marcharon juntos.
Tom se pregunto que iba a suceder en la granja. Despues de un rato, se encontro bajando el sendero dispuesto a averiguarlo.
Diviso la granja a los pocos minutos. Era un pequeno edificio blanco de madera, que parecia tener unos ciento cincuenta anos; el tejado de uralita estaba pintado de verde oscuro, y habia una palmera truncada delante del porche. El brillo rojo de la pantalla de proteccion rodeaba la casa.
Justo cuando Tom llego alli la pantalla se apago, y entonces pudo oir gritos y alaridos, y un chillido muy fuerte por encima de los demas ruidos. Despues hubo un momento de tranquilidad, y en seguida nuevos gritos, esta vez de furia.
Miro al interior. Dos personas, hombre y mujer, yacian sobre el suelo con esa peculiar forma de encogerse que indicaba que habian muerto apunalados. Una tercera persona, un muchacho de unos dieciseis o diecisiete anos, con la cara blanca y los ojos saltones, se apretaba contra la pared. Stidge apoyaba una navaja contra su garganta.
—?Stidge! —gritaba Charley—. ?Stidge, loco hijo de puta!
—?Ya lo tengo! —dijo Mujer, que acababa de sorprender a Stidge por la espalda y agarraba la muneca del pelirrojo con una mano mientras cerraba el otro brazo alrededor de su garganta.
Stidge gimio, tomado por sorpresa. Mujer, que parecia increiblemente fuerte pese a su delgadez, doblo el brazo de Stidge hasta que la navaja que tenia en la mano toco practicamente su oreja derecha.
—Dejame matarle esta vez —suplico Mujer—. No es bueno, Charley… Es un salvaje. Mira lo que acaba de hacer con el granjero y su esposa.
—?Eh, no, Charley! —lloriqueo Stidge, con la voz estrangulada por el terror—. ?Dile que me suelte!
—No debiste hacer eso, Stidge —dijo Charley; su cara parecia cenuda y fria—. Ahora tenemos dos muertos en las manos, y dos de los hijos andan libres. Y todo eso, ?para que? ?Para que?
—?Puedo acabar con el, Charley? —pregunto Mujer, impaciente.
Charley parecia estar considerandolo.
Tom dio un paso al frente. Nadie se habia dado cuenta de su llegada, y ahora todos le miraban con sorpresa. Todos menos Stidge, que tenia la cara contra la pared.
Tom toco el brazo de Mujer. Sus ojos se comportaban de un modo extrano: tenia problemas para ver, todo parecia difuso, como si estuviera cubierto de hielo.
—No —dijo Tom—. Dejalo. «Mia es la venganza», dijo el Senor. No tuya, Mujer. «No os vengueis, ni deis cobijo a la ira». Dejalo.
Tom asio firmemente el brazo de Mujer y lo echo hacia atras hasta que el cuchillo se alejo de la cara de Stidge.
—?Que? ?El lunatico?
Mujer, sorprendido, se volvio y dejo de amenazar a Stidge con el cuchillo. Estuvo a punto de enterrarlo en el pecho de Tom.
—El Senor mi Dios esta conmigo dondequiera que vaya —dijo Tom suavemente.
Sus ojos estaban aun desenfocados. Veia a dos Mujer, y una masa rojiza en lugar de Stidge.
—Jesus —dijo Mujer—. Jesus, ?que tenemos aqui?
—Ya vale —corto Charley, irritado—. Basta Mujer, devuelvele su navaja a Stidge.
—Pero…
—?Devuelvesela! —Se volvio hacia Stidge—. Tienes suerte de que Tom apareciera justo a tiempo. Casi habia decidido que Mujer acabara contigo. Eres un engorro, Stidge.
—Soy el que desconecto la pantalla, ?no? —replico el pelirrojo—. ?Soy el que os permitio entrar!
—Si. Pero podriamos haber entrado y salido sin matar a nadie. Ahora tenemos dos muertos ahi tirados, y dos chicos huidos. Stdige, debes de aprender a controlarte. No te vayas de la mano otra vez, ?me oyes? La proxima vez que te pases, acabaremos contigo. ?Entendido? —Charley agito la mano para azuzar a los otros—. Venga, empezad a empaquetar todo lo que podamos usar. Comida, armas, lo que sea. No podemos quedarnos aqui mucho rato.
—No puedo creerlo —musito Mujer, mirando a Tom fijamente—. El te odia, ?lo sabes? Stidge te odia. Voy a quitarlo de en medio, y apareces y me detienes. No puedo creerlo.
—Apartate, apartate, hombre maldito, hijo de Behal —dijo Tom.
—Otra vez la Biblia —rezongo Mujer—. Maldito chalado…
Tom sonrio. Todos le miraban.
Dejalos que miren. No podia permitir un asesinato a sangre fria. Ni aunque fuera de Stidge. Tom le miro a su vez: habia una expresion helada y maligna en la cara del pelirrojo.
Advirtio que otra vez veia bien, ahora que habia vuelto la calma.
—Gracias —le dijo a Charley—. Por respetarle la vida.
—Si —gruno Charley—. Jesus, Tom… Eso que hiciste fue una locura. Entrar de esa forma… Mujer podia haberos atravesado a los dos, ?te das cuenta?
—No podia permitir que se perdiera otra vida. El Senor es nuestro unico juez.
—No era tu sitio, Tom. No tenias por que entrar aqui y mezclarte en esto. No eres nadie para decidir. Fue una locura, Tom. Hacer eso fue una locura, y es asi como lo llamo. Ahora sal de aqui hasta que hayamos terminado. Vamos, vete.
—Esta bien —dijo Tom.
