Le sorprendio no haber sospechado esto. Sintio que la frente comenzaba a palpitarle. Imagino que Chungira-el-que-vendra le habia prendido con su zarpa enorme y empezaba a apretarle la cabeza, a apretarle, a apretarle.
—No voy a escribir el libro. Y tampoco me voy a quedar en San Diego.
—?No?
—No No me quedare aqui mucho.
El era el primer sorprendido por lo que acababa de decir. La idea de abandonar San Diego le era completamente nueva.
—?Adonde iras? —pregunto ella.
—A donde vaya el Senhor Papamacer —se oyo decir, cuando ya creia que iba a tener que suplicarse a si mismo por una respuesta—. Al Septimo Lugar, imagino. Seguire a los tumbonde hasta el Polo Norte, si es preciso.
—?Hablas en serio?
—Creo que si.
—?Para estudiarlos?
—No. Para esperar a Chungira-el-que-vendra.
—Entonces crees en El. —Jaspin pudo oir la «E» mayuscula.
—Ahora si. Desde hoy. Vi algo en aquella colina, Jill. Y me cambio. Me senti, literalmente, caido de bruces, la autentica experiencia de la conversion. Tal vez «conversion» sea una palabra demasiado pretenciosa, pero…
—Nunca he sido un hombre religioso —continuo—. Mis padres eran judios, pero eso era una cosa cultural. En realidad, nadie iba a la sinagoga. Pero esto es diferente. Lo que senti hoy… quiero sentirlo de nuevo. Quiero ir alla donde pueda tener una oportunidad para sentirlo otra vez. Son los tiempos, Jill. La era del
Habia fuego surcando sus venas.
—?Puedo ir contigo? —pregunto ella, timida, reverentemente.
3
—Ahora cuentame el que viste ayer, ese donde la luz de las estrellas iluminaba el cielo como si fuese de dia —dijo Charley.
—?El mundo de la Gente Ojo? ?Te refieres a ese?
—?Es ese?
—La Gente Ojo, si. De la Gran Nubestrella.
—Cuentame. Me encanta escucharte cuando ves esas cosas. Creo que eres un profeta autentico, sacado directamente de la Biblia.
—Piensas que estoy loco, ?verdad?
—Ojala dejaras de decir esas cosas —se quejo Charley—. ?Acaso te he dicho alguna vez que pienso que estas loco?
—Pues lo estoy, Charley. Soy el pobre Tom. El pobre y loco Tom. Salgo de un manicomio para entrar en otro.
—?Un manicomio? ?Una casa de locos de verdad? —pregunto Charley—?Has estado en una?
—En Pocatello. ?Sabes donde esta? Me tuvieron encerrado alli ano y medio.
Charlie sonrio.
—Hay cantidad de gente sana encerrada, y un monton de locos sueltos. Eso no quiere decir nada. Lo que intento decirte es que te respeto, que te admiro. Creo que eres fenomenal. Y tu vienes y me dices que pienso que estas loco. ?Vamos, hombre, cuentame cosas sobre la Gente Ojo!
Charley parecia sincero.
Tengo suerte de viajar con el.
—La Gente Ojo no existe todavia, Charley. Lo haran dentro de un millon de anos, o dentro de tres millones, o dentro de cien mil millones, es dificil saberlo. Me confundo con todas las cosas del pasado y del futuro, ?sabes? Los pensamientos flotan por el universo adelante y atras, y la velocidad del pensamiento es mucho mayor que la de la luz, asi que puedes tener una vision de un lugar que no existe todavia, y a lo mejor dentro de un millon de anos la luz de ese sol llegara por fin a la tierra. ?Entiendes lo que digo?
—Claro —dijo Charley, dubitativo.
—La Gente Ojo vive, o vivira, en un planeta que tiene unas diez mil estrellas alrededor, o quizas sean cien mil, quien puede contarlas, una al lado de la otra, todas apinadas, de forma que desde el planeta parecen una muralla de luz que llena todo el cielo A cualquier hora del dia o de la noche, lo que se ve es una luz tremenda reverberando por todas partes. No se ve ninguna estrella, solo un monton de luz, y toda es blanca, y por eso el cielo es blanco como la nieve.
—?Charley! —llamo Mujer, que se acercaba.
—Estare contigo en cinco minutos.
—?Podemos hablar
Charley alzo la mirada, sorprendido.
—De acuerdo. Habla.
Los saqueadores habian acampado un poco al este de Sacramento, en el camino hacia la parte costera del valle. Alli todavia quedaban unas cuantas granjas, la mayoria muy bien defendidas. Era dificil encontrar lugares que saquear, y Charley y su grupo comenzaban a sentir hambre; por eso los habia enviado a explorar el territorio esa tarde.
—Stidge y Tamal acaban de regresar —anuncio Mujer—. Han descubierto una granja en la desembocadura del rio. Dicen que puede ser tomada, y quieren hacerlo en cuanto oscurezca.
—?Por que eres tu quien me lo dice, y no Stidge?
—Buffalo dijo que estabas con Tom y que no querias ser molestado, y Sudge decidio no molestarte.
—?Y tu si?
—Queria hablar contigo antes de que lo hicieran Tamal y Stidge. Ya sabes, Tamal siempre se equivoca en todo lo que dice. Y ese Stidge es un salvaje. No me fio de el.
—Vale. Comprendo lo que quieres decir.
—No te habria molestado si se tratara de otra cosa.
—Claro. Pero tenemos que comer, Mujer. Creo que se lo que voy a hacer: echare una ojeada a ese sitio que dicen Stidge y Tamal. Quiza por una vez tengan razon y podamos hacerlo, y si pienso que es posible, lo haremos. Si no, no. ?De acuerdo, Mujer?
—De acuerdo. Lamento haberte molestado.
—No pasa nada. —Charley se despidio de Mujer. Inmediatamente, se volvio hacia Tom—. Venga, sigue con lo de la Gente Ojo.
No tiene ningun problema en cambiar los cables, penso Tom. En un minuto habla de saquear la granja de alguien y al siguiente quiere saber cosas sobre los mundos de otras estrellas. No se comporta como un asesino.
Sus ojos eran profundos y sombrios, y habia a veces algo en ellos casi amable, casi poetico. Unas veces si
