Y salio, pero miro por la ventana el tiempo suficiente para ver que Charley levantaba el brazalete laser de su muneca y disparaba una fiera luz hacia el muchacho aterrorizado que se apretujaba contra la pared. El muchacho cayo, muerto antes de tocar el suelo. Tom retrocedio y murmuro una plegaria. Poco despues, Charley salio de la casa.

—Te he visto —le dijo Tom—. ?Como pudiste hacer eso? No tiene sentido. Te enfadaste cuando Stidge mato al hombre y a la mujer, y luego tu…

Charley le dio una palmada en el hombro.

—Cuando hay una muerte, tiene que haber mas muertes. Si matas a los padres, mejor que mates tambien al hijo, o te perseguira no importa donde vayas. Los otros dos chicos escaparon, y todo lo que espero es que no hayan visto nuestras caras. ?Que pasa? Te dije que no te quedaras por aqui. Tuviste que hacerlo, ?verdad? Bien, ya lo has visto. ?Crees que soy un santo, Tom? —Charley rio—. Esta no es epoca para santos.

»Vamos, cuentame mas cosas sobre la Gente Ojo. Realmente ves toda esa mierda, ?no? Lo ves como si fuera real… Eres sorprendente, loco hijo de puta. Cuentame. Cuentame lo que ves.

4

—?Juras por Dios que no se trata de un engano? —le pregunto Ed Ferguson a April Cranshaw—. ?El cielo lleno de luz? ?Seres en forma de medusa, capaces de volar? Ya, por favor, dimelo. Es solo un chiste, ?verdad? ?Verdad?

—Ed —protesto ella, como si el acabara de estropearle un vestido nuevo—. Deja de tratarme asi, Ed. Me marchare si sigues mareandome de esa forma. Se bueno, Ed.

—Si. Sere bueno.

Los muy bastardos habian perdido el culo por culpa de este asunto. No hablaban de otra cosa. Lo primero que hacian por la manana cuando entrabas al barrido de memorias era preguntarte por tus suenos. Despues, tenian reuniones toda la tarde. Reunian a la gente para pruebas especiales, interrogatorios, cualquier cosa.

A el no. A el nunca. No tenia esos suenos, jamas. Eso les confundia. Le confundia tambien a el. Le hacian preguntarse por que era el unico que se habia quedado fuera. Le hacian preguntarse si los suenos sucedian de verdad. Bastardos, todos ellos. Tratando de dejarlo al margen, tratando de enganarle todo el tiempo…

—Solo dame una respuesta concreta —le dijo—. ?Esto no esta preparado? ?De verdad tienes esos suenos?

—Todas las noches. Lo juro.

Estudio su cara como si fuera un prospecto. Ella tenia el aspecto de un pudding, blando y temblequeante. Parecia absolutamente sincera. Sonrisa amplia y dulce, ojos gentiles y verdiazules. Ferguson no veia que fuera capaz de mentir. Ella no. Los otros seguro, pero ella no.

—Y a veces durante el dia —continuo la mujer—. Cierro los ojos un minuto, todavia despierta, y veo imagenes contra mis parpados.

—?Durante el dia?

—Hoy mismo, a media manana, vi a la gente medusa.

—Despues del tratamiento, entonces.

—Eso es. Todavia esta reciente.

—Vamos, cuentame lo que viste.

—Sabes que se supone que no podemos…

—Cuentamelo.

Ferguson se pregunto si se habia acostado alguna vez con ella. Probablemente no. Le sobraban cuarenta o cincuenta kilos de peso, no era su tipo. Su registro no guardaba ninguna informacion al respecto…, pero eso no implicaba que no hubiera sucedido, sino unicamente que no se habia molestado en archivar ese suceso, y ahora era demasiado tarde para averiguarlo. Se la podria haber tirado diez veces el mes pasado y ninguno de los dos tendria manera de saberlo. Las cosas iban y venian.

El mes pasado, cuando Mariela le habia visitado. Habia sido como una extrana para el. No la conocia en absoluto. Ni queria conocerla. Su propia esposa… Si no hubiera grabado ese dato, ni siquiera sabria que habia estado alli.

—La doctora Lewis me dijo que no debo revelar mi sueno excepto durante las sesiones de interrogatorio —dijo April, incomoda—. Eso contaminaria los datos.

—?Siempre haces lo que te dicen?

—Estoy aqui para que me curen, Ed.

—Me das dolor de cabeza, April. Tu, y ese viento que sopla desde el mar todo el tiempo.

—Vayamos a caminar un poco.

Estaban en el borde del bosquecillo, caminando por la senda que atravesaba los pinos en la zona oriental del Centro. Era el rato libre de la tarde. El viento, fuerte y frio, llegaba del oceano como un puno, igual que siempre a esta hora del dia. Cada tarde les daban una o dos horas de tiempo libre, no habia terapia. Querian que los internos salieran y caminaran por el bosque, o practicaran juegos de habilidad en la sala de recreos, o pasaran el tiempo con su grupo de amigos.

Ferguson hubiera preferido estar con Aleluya, pero no sabia donde se habia metido, y April se las habia arreglado para encontrarle. Siempre se las apanaba para hacerlo durante el tiempo libre.

—Estas obsesionado con los suenos espaciales, ?verdad? —le pregunto ella.

—?Acaso no lo esta todo el mundo?

—Pero tu continuamente haces preguntas sobre como son.

—No las haria si yo tambien tuviera esos suenos.

—Los tendras —dijo ella suavemente—. Todavia no es tu turno, pero ya llegara.

Si, penso el. Pero… ?cuando? El asunto estaba durando… ?cuanto? ?Dos semanas? ?Tres? Costaba trabajo computar el tiempo en este sitio. Despues de varias sesiones de barrido, los dias empezaban a confundirse uno con otro, sin forma ni sentido, los de antes con los de despues. Pero todo el mundo tenia los suenos, los internos y al menos unos cuantos de los tecnicos, ese estrafalario Lansford, y quiza incluso algunos medicos. Todo el mundo, excepto el. Ese era el asunto. Todos menos el.

Era como si todos se estuvieran confabulando a sus espaldas para colocarle encima una gigantesca montana de mierda, esos malditos suenos espaciales.

—Se que llegara tu turno. ?Oh, Ed, los suenos son tan maravillosos!

—No tengo forma de saberlo. Ven, vayamos por este camino. Entremos en el bosque.

Ella solto una risita nerviosa, casi un relincho.

Ferguson no creia que hubiera llegado a acostarse con ella. Por lo que su anillo registrador indicaba, la unica habia sido Aleluya desde que estaba aqui. Las mujeres del tamano de April nunca habian sido lo suyo, aunque ciertamente veia la belleza potencial sepultada profundamente en toda aquella carne: los pomulos, la nariz, los labios. Ella tenia unos treinta y cinco anos, y era de Los Angeles, igual que el, muy jodida igual que todo el mundo en este sitio.

Mas que su gordura, le molestaba la forma en que le funcionaba la cabeza, siempre dispuesta a creer todo tipo de fantasias. Que todos habian vivido cientos de vidas y era posible ponerse en contacto con sus encarnaciones anteriores, y que habia gente capaz de leer la mente, y que los dioses y los espiritus y quiza hasta las brujas y los duendes eran reales… Cosas asi. Todas esas creencias no tenian sentido para el. El mundo real no la habia tratado muy bien, y por eso vivia en un punado de reinos imaginarios. Le habia ensenado fotos en las que aparecia disfrazada con trajes medievales. En una de ellas vestia incluso armadura, una gorda damisela dispuesta a marchar a las Cruzadas. Oh, Jesus. No le extranaba que le encantaran los suenos espaciales.

Pero tenia que averiguar si todo este tinglado sucedia realmente.

En el bosque habia total tranquilidad. El viento en la copa de los arboles, nada mas. Y un dulce olor a pino. Empezaba a gustarle ese sitio.

—?Por que no crees que de verdad tenemos esos suenos? —le pregunto ella.

Ferguson la miro.

—Por dos cosas. Una, porque toda mi vida he estado tratando con gente que experimenta cosas que yo no

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