y entonces echo a correr sin esperarle.
—?Eh, que ya voy! —llamo Robinson.
Pero ella no se detuvo, sino que acelero el ritmo. No dejaria que la alcanzara.
Cuando llego al Centro, estaba mareada y le faltaba el aliento, pero le habia sacado cien metros de ventaja. La gente la miraba sorprendida al verla pasar a su lado como un rayo.
No se detuvo hasta llegar a la oficina. Una vez dentro, cerro la puerta, se arrodillo y se acurruco alli, temblando, hasta que estuvo segura de que no iba a vomitar. Gradualmente, su corazon recupero el ritmo de los latidos y su respiracion volvio a la normalidad. Los musculos le dolian horriblemente. Alzo la mirada hacia la pantalla de datos. Habia un mensaje esperandola, decia. Lo recogio.
Gracias por la informacion. Nuestra lista de suenos es exactamente la misma. Seguira a esta un analisis detallado. Hay rumores de que el mismo tipo de suenos sucede en San Diego; estoy investigando. En nombre de Dios, ?que esta ocurriendo?
Estaba firmado: Paolucci, San Francisco.
Tercera parte
1
La furgoneta todoterreno roja y amarilla se dirigia flotando hacia el oeste. No habian querido quedarse en el valle de San Joaquin despues del saqueo y las muertes en la granja, asi que se encaminaban hacia el oeste, sobre un colchon de aire que los elevaba por encima de la polvorienta carretera. Tom se sentia como un rey viajando de esta manera, como Salomon en plena majestad.
Le dejaban ir sentado junto al conductor. Charley conducia parte del tiempo, y Buffalo, y algunas veces el hombre llamado Nicholas, que tenia cara de nino y el pelo completamente blanco y casi nunca decia nada. Ocasionalmente conducia Mujer, o Stidge. Tamal no lo hacia nunca, ni tampoco Tom. Sin embargo, el que mas conducia era Rupe, gordezuelo, ancho de hombros y con la cara colorada. Se sentaba alli, hora tras hora, sosteniendo el volante. Cuando Rupe conducia, la furgoneta no parecia desviarse ni un milimetro del camino.
Pero a Rupe no le gustaba que Tom cantara mientras conducia. A Charley si. Charley siempre le pedia mas canciones cuando le tocaba el turno. «Saca el piano de bolsillo, Tom», decia Charley, y Tom rebuscaba en su mochila. Habia conseguido el piano en San Diego, hacia tres anos, de uno de los refugiados africanos que habia alli. Era poco mas que una plancha de madera con un agujero y varias lenguetas de metal, pero Tom, golpeando las lenguetas con los pulgares, habia aprendido a hacerlo sonar tan bien como una guitarra.
Se sabia la letra de un monton de canciones. No conocia la musica de todas ellas, pero ahora tenia bastante practica y podia crear melodias que iban bien con la letra. Su voz era de tenor, alta y clara. A todo el mundo le gustaba oirle, excepto a Rupe. Pero estaba bien no molestar a Rupe mientras conducia.
—?De donde sacas esas canciones? —pregunto Mujer—. Nunca habia oido nada semejante.
—Encontre un libro una vez —contesto Tom—. Aprendi de el un monton de poemas, y yo mismo compuse la musica.
—Entonces no me extrana que no las haya oido antes.
—Canta la de la playa —pidio Charley. Estaba sentado a la derecha de Tom. Mujer conducia, y Tom estaba entre ellos en el asiento delantero—. Esa me gusto. La triste. La de la playa a la luz de la luna.
Se acercaban a San Francisco. Quiza llegarian en cuatro o cinco horas, habia dicho Charley. Habia un monton de pequenas ciudades por alli, la mayoria todavia habitadas, aunque casi la tercera parte habian sido abandonadas hacia mucho tiempo. La tierra aun era seca y caliente, aplastada por la dura mano del estio. La ultima vez que habian bajado de la furgoneta para buscar comida, Tom habia esperado sentir las primeras brisas frescas soplando del este, y ver briznas de niebla acercandose: el aire de San Francisco, limpio y frio.
—No —le habia dicho Charley—. No sientes el aire de San Francisco hasta que estas alli, y entonces cambia de improviso; te puedes estar asando y atraviesas los tuneles de las colinas y hace frio, es como un tipo de aire diferente.
Tom estaba dispuesto. Empezaba a cansarse del calor del valle. Sin saber por que, sus visiones llegaban mas nitidas cuando el aire era frio.
Toco una melodia en el piano de bolsillo y canto:
—Maravilloso —dijo Charley.
