—Tampoco me gusta esa maldita cancion —se quejo Mujer.

—Entonces no escuches y cierra el pico.

Solamente desde la linea donde el mar se encuentra con la tierra (?escucha!) se oye el roce de las piedras que arrastran las olas.

—No tiene ningun sentido —dijo Mujer—. Ninguno.

—?Y la parte final? —rebatio Charlie—. Ahi es donde es realmente hermosa. Si tuvieras sensibilidad… Saltate hasta el final, Tom. ?Eh! ?Cual es esa ciudad? ?Modesto? ?Nos acercamos a Modesto! Saltate hasta el final, ?quieres, Tom?

No habia problemas. Tom podia cantar las canciones en cualquier orden.

Ay, amor, ?confiemos el uno en el otro! Pues el mundo ante nosotros, que parece una tierra de suenos, tan variados, tan hermosos, tan nuevos, no tiene realmente alegria, ni amor, ni luz, ni certeza, ni paz, ni ayuda en el dolor.

—?Maravilloso! —dijo Charley—. Escucha eso. Es poesia autentica. Lo dice todo. Desviate, Mujer. Creo que no queremos entrar en Modesto.

Y aqui estamos, en esta oscura llanura barrida por confusas alarmas de pugnas y contiendas, donde ejercitos ignorantes se enfrentan en la noche.

—Canta el resto —pidio Charley.

Pero Tom guardo silencio.

—Es aqui donde termina. Donde ejercitos ignorantes se enfrentan en la noche.

Tom cerro los ojos. Veia la Eternidad acercandose, un anillo de luz resplandeciente que se estiraba de un extremo al otro del universo. Se pregunto si venia una vision…, pero no, se esfumo tan rapidamente como habia aparecido. Lastima, penso. Sin embargo, sabia que regresaria antes de que pasara mucho tiempo; todavia la sentia revolviendose al filo de su conciencia, dispuesta a saltar de nuevo. Algun dia, se dijo, una vision llegara y me arrebatara hasta los cielos, como a Elias cuando fue tomado por el remolino, como a Enoc, que camino con Dios y El lo tomo.

—Mirad —dijo Charley—. Ahi empieza la carretera a San Francisco.

La furgoneta se dirigio hacia el norte, flotando, flotando, flotando hacia el mar sobre un colchon de aire. Mi carroza, penso Tom. Soy conducido en esplendor hacia la ciudad blanca de la bahia. Una carroza de aire, no como la que vino en busca de Elias, que era de fuego con caballos de fuego y se lo llevo en un remolino al cielo.

—Hay un tipo de carroza en el Quinto Mundo Zygeron que esta hecha de agua —dijo Tom—. Quiero decir del agua de ese mundo, que no es exactamente como la que tenemos aqui. Los del Quinto Zygeron viajan como dioses en esas carrozas.

—Escuchadle —dijo Stidge desde la parte trasera de la furgoneta—. El punetero loco. ?Para que lo quieres, Charley?

—Cierra la boca, Stidge —ordeno Charley.

Tom miro al cielo y el cielo se convirtio en el cielo blanco del Quinto Mundo Zygeron, un escudo resplandeciente casi como el de la Gente Ojo, aunque no tan total, no tan solidamente brillante. Los dos grandes soles, amarillo y azul, se alzaban en la boveda de los cielos, y habia una especie de arco rojo entre ellos y en derredor. Y los habitantes del Quinto Zygeron se dirigian flotando de sus palacios a sus templos, porque era la fiesta conocida como el dia del Desconocimiento, cuando todo el dolor del ano anterior era arrojado al mar.

—?Podeis verlos? —susurro Tom—. Las carrozas son como lagrimas, tan grandes que pueden albergar a una familia completa, los padres de sangre y los padres de agua. Y la gente del Quinto Zygeron flota por el cielo como principes y senores…

Su mente se unifico con los mundos. Lo vio todo, y pudo comprender las palabras escritas en los libros, aunque los libros no eran libros ni las palabras palabras. Siempre le habia ocurrido asi, pero las visiones se hacian mas y mas nitidas cada ano, los detalles mas ricos, mas profundos.

—Sigue conduciendo, Mujer —dijo Charley—. No te detengas por ninguna causa. Y no digas ni una palabra.

—Los del Quinto Zygeron son los mas grandes, los senores. ?Podeis verlos ahora, bajando de sus carrozas? Tienen cabezas como soles, y docena y media de brazos como latigos que les salen de la cintura. Esos son. Llegaron a esta estrella hace mil cien millones de anos, en tiempos de la Supremacia Veltish, cuando su antiguo sol empezo a morir y se volvio grande y rojo y se comio sus planetas uno a uno; pero para entonces los Zygeron ya se habian mudado a otros planetas. El Quinto Mundo es el mas grande, pero hay otros diecinueve.

»Los Zygeron son los senores de los Poro, ?sabeis?, lo cual resulta sorprendente cuando lo piensas, porque los Poro son tan grandes que si uno de sus siervos inferiores, uno de sus simples lacayos, viniera a la Tierra, reinaria sobre todos nosotros. Pero comparados con los Zygeron no son nada. Y aun hay una raza que manda sobre los Zygeron. Ya os lo he contado, ?no? Son los Kusereen, y mandan sobre galaxias completas, docenas, cientos, un autentico Imperio. ?Crees que los Kusereen tendran tambien un senor a quien servir, Charley, y asi sucesivamente?

»A veces creo que hay una galaxia remota donde todavia gobiernan los reyes Theluvara, y cada medio millon de anos un supervisor Kusereen se arrodilla ante su trono. Aunque realmente los Kusereen no tienen rodillas, claro. Cada uno de ellos es como un rio brillante que se mantiene unido como por un lazo de hielo. Pero entonces, ?quienes son los reyes a los que los reyes Theluvara rinden tributo? Y tambien esta Dios, en Su majestad, sobre toda la creacion, triunfante sobre todos los seres vivos y muertos y los que han de venir. No Le olvideis.

—?Habeis oido alguna vez una locura semejante? —pregunto Stidge—. Chicos, este tipo si que esta tocado.

—Me gusta mas que las canciones —dijo Mujer—. Las canciones son una lata, pero esto es como ver un laser-show, aunque con palabras. La verdad es que lo cuenta bastante bien, ?no?

—Lo ve como si fuea real, si —dijo Buffalo.

—Lo ve porque es real —senalo Charley.

—?Te he oido bien?

—Si, me has oido bien, Mujer. El ve esos mundos. Mira a traves de las estrellas. Lee el Libro de los Soles y el Libro de las Lunas.

—Eh, chicos, ?escuchad a Charley ahora!

—Cierra el pico, Stidge. Se lo que digo. Cierralo, o iras a pie a San Francisco el resto del camino.

—Frisco ya no esta lejos —dijo Buffalo—. ?Muchachos, como me lo voy a pasar en Frisco!

—No les hagas caso, Tom —le dijo Charley en voz baja—. No les hagas caso y sigue contando.

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