—?No?

—No quiero ir a ningun sitio.

—Pero este mundo esta perdido. No hay nada mas que dolor y sufrimiento. Puedo enviarte al Mundo Verde, o a los Nueve Soles, o a la Esfera de Luz…

—Me asusta pensar en eso. Es como morir, ?no? O tal vez peor…

Se arrodillo, llena de panico, y tanteo en el suelo hasta agarrar el punzon que habia resbalado de las manos de Stidge.

—Tengo miedo de empezar de nuevo, de enfrentarme a otro mundo… No. Prefiero morir.

La extraneza habia desaparecido de sus ojos. Parecia haber salido de alguna especie de tunel. Su voz, que siempre le habia parecido a Tom como la de una nina pequena, era ahora normal.

—Estoy harta de mi, de este cuerpo grande y horroroso, de tener miedo siempre, de llorar todo el tiempo…

Manoteaba con el punzon, intentando averiguar como se usaba. Parecia no saberlo, pero entonces el artefacto empezo a brillar y Tom se dio cuenta de que lo habia conectado, despues de todo. Se lo coloco entre los pechos. Su mano temblaba.

—No —dijo Tom.

No podia permitir que lo hiciera. La tomo rapidamente por la muneca y la envio al Quinto Mundo Zygeron.

April cayo junto a Stidge, produciendo un sonido terrible. Pero sonreia. Sonreia y eso era lo importante. Tom recogio el punzon, lo desconecto y lo lanzo lo mas lejos que pudo, al barro.

Trastabillo un instante, recupero el equilibrio y suspiro. Miro a los dos cuerpos sonrientes que tenia delante, pensando que era como si los hubiera matado. Pero no los mate, no. Solamente los he enviado. Stidge me habria asesinado y ella se habria suicidado, y yo no podia dejar que pasara ninguna de las dos cosas. Hice lo que tenia que hacer. Eso es todo. Lo que tenia que hacer. Y este es el dia del Cruce, el dia mas maravilloso en la historia del mundo.

Se sintio mejor. Rehizo su camino. El tumulto continuaba. Mas edificios ardian. Miro hacia delante, hacia un claro que se habia abierto de repente, y vio a la mujer alta, la que habia sido tan amable con el, la doctora, la que se llamaba Elszabet, justo delante. Ella le miraba.

Tom le sonrio. Parecia que le estaba llamando. Asintio y se acerco a ella.

8

—Ahi esta —dijo Elszabet—. Tengo que hablar con el. ?Me esperareis?

Se volvio hacia Dan Robinson, hacia Dante, pero en ese momento un grupo de tumbonde llego corriendo y aullando, y de pronto Elszabet se dio cuenta de que ninguno de los dos estaba ya alli. Creyo oir la voz de Dan a lo lejos, pero no estaba segura; el sonido se perdio en el viento y los gritos de la multitud. Bien, era a Tom a quien queria ahora.

Tom se hallaba delante de las ruinas del edificio de recreo, solo. Como un milagro, penso al verlo aparecer de esa manera entre aquel caos. Que tranquilo parecia. Probablemente habia estado deambulando hora tras hora sin siquiera darse cuenta de lo que sucedia.

—?Tom? —llamo.

El camino hacia ella, sin prisa. Tras el, Elszabet vio a un par de figuras tendidas sobre un monton de tablones como si durmieran. Una era April. La otra parecia el saqueador pelirrojo que habia matado al lider del culto. Los dos yacian inmoviles.

Le parecio que Tom y ella eran las unicas personas que habia en el Centro. Una esfera de silencio los rodeaba.

—Es la senorita Elszabet —dijo Tom. Sonreia de un modo extrano y exaltado—. Esperaba encontrarme contigo, Elszabet. ?Sabes lo que pasa? Es lo que te dije que iba a suceder: el Cruce ha empezado, como habian previsto los Kusereen.

—?Que le hiciste a Ferguson?

—Le ayude a realizar el Cruce.

—?Lo mataste? ?Eso es lo que estas diciendo?

—?Eh! ?Eh! ?Pareces enfadada!

—?Mataste a Ferguson? ?Contestame, Tom!

—?Matarle? No. Le guie para que pudiera dejar su cuerpo. Eso es lo que hice. Y entonces lo envie a los Sapiil.

Elszabet noto que un escalofrio la recorria de arriba abajo.

—?Y a April? ?La guiaste de la misma forma?

—?Te refieres a la mujer gorda? Si, ha marchado tambien, hace un par de minutos. Y el indio. Y Stidge, cuando intentaba matarme. Y he enviado a un monton mas, toda la manana.

Ella le miro, sorprendida, sin querer creerlo.

—?Mataste a todas esas personas? Dios mio… Nick, April, ?quien mas? Dime, Tom, ?a cuantos de mis pacientes has matado hasta ahora?

—?Matado? —Meneo la cabeza—. No. No. No he matado a nadie. Los he enviado, nada mas.

—?A cuantos has enviado? —repitio Elszabet, con voz cansada.

—Enviado, si. Este es el dia del Cruce. Al principio necesitaba cuatro ayudantes para hacerlo. Y luego a dos. Pero ahora el poder es muy fuerte en mi.

La garganta de Elszabet estaba seca. Habia una terrible opresion en. su pecho, una especie de grito silencioso luchando por escapar. Ferguson, penso. April. Nick Doble Arcoiris. Todos muertos. Y probablemente la mayor parte de los otros. Sus pacientes. Todos aquellos a quienes habia intentado ayudar. ?Que les habia hecho? ?Donde estaban ahora? Nunca habia experimentado un sentimiento tan aplastante de indefension, de vacio.

—Tienes que detenerte, Tom —dijo suavemente.

El parecia sorprendido.

—?Detenerme? ?Como puedo detenerme? ?Que quieres decir, Elszabet?

—No puedes realizar mas Cruces, Tom. Eso es todo. No puedes. Te lo prohibo. No te dejare. ?Me comprendes? Soy responsable de toda esa gente, de todos los pacientes que hay aqui.

Tom parecia no comprender.

—Pero ?no quieres que sean felices, Elszabet? ?Felices por primera vez en su vida? ?Como puedo detenerme? Para esto fui puesto en la Tierra.

Otra vez aquella sonrisa estatica, tranquila.

—?Para matar a la gente?

—Para curarla. Lo mismo que tu. Nunca he matado a nadie, ni siquiera a Stidge. La mujer gorda es feliz ahora. Y Ed. Y el indio. Y Stidge tambien. Y tu…, puedo hacerte feliz ahora mismo. —Se acerco a ella y su sonrisa se hizo aun mas intensa—. Te enviare ahora, Elszabet, ?de acuerdo? ?De acuerdo? Eso es lo que quieres, ?verdad? ?Me dejaras que te envie ahora?

—Apartate.

—No digas eso. Ven. Dame la mano, Elszabet. Te enviare al Mundo Verde. Se que es ahi donde quieres estar. Se que es ahi donde puedes ser feliz. No aqui. No hay nada para ti aqui. El Mundo Verde, Elszabet.

Tendio los brazos hacia ella.

—?Por que temes? —insistio—. Es el Tiempo del Cruce. Deseo tanto enviarte…, porque…, porque… — Dudo, en busca de palabras, mirando al suelo. Se ruborizo. Ella vio lagrimas brillando en sus ojos—. Nunca te haria dano. —Su voz era fragil—. Nunca. No lastimaria a nadie, y menos a ti. Yo… —Se detuvo—. Te amo, Elszabet. Deja que te envie, por favor.

—Pero yo no quiero… —empezo a decir ella.

No obstante, se detuvo en mitad de la frase porque una poderosa ola de aturdimiento la invadio. Intento respirar. Algo habia sucedido. Las palabras, las lagrimas, el viento, la lluvia, todo se precipito, barriendola.

Sintio que se tambaleaba, como tantas otras veces, cuando un terremoto sacudia el terreno bajo sus pies;

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